La asunción de Mauricio Macri como presidente de la Argentina en diciembre de 2015, derivó en un rápido cambio de rumbo de la inserción argentina en varios sentidos, tanto hacia la región como hacia el sistema internacional en su conjunto. En los aspectos políticos y estratégico militares que habían caracterizado a la política exterior de los gobiernos kirchneristas se evidenció un golpe de timón, y en cuanto a las cuestiones económicas, éstas pasaron al centro de la escena pareciendo retomar una política exterior en clave económica, al estilo de aquélla que se llevó adelante durante el menemismo. Sin embargo, varios elementos constituyen una novedad, y sobre todo, no han redundado en éxitos ni siquiera en términos de los objetivos que el gobierno de PRO se propuso, y mucho menos para el crecimiento y desarrollo del país, su imagen internacional, y el bienestar de las grandes mayorías.
Se parte aquí de considerar que la estrategia de inserción internacional no puede comprenderse en forma separada del contradictorio devenir del proyecto económico y político interno, y junto con ello, las formas de estado. A lo largo de la historia argentina reciente, el rumbo y los vaivenes de la política exterior han sido el correlato de modelos de desarrollo intensamente disputados, y por lo tanto, de la compleja trama de conflictos políticos, que parecen profundizarse en la región.
La hipótesis central que orienta este artículo es que las elecciones de 2015 y su resultado abrieron paso a un nuevo gobierno que en el ámbito de la política exterior apunta a la reversión de los logros obtenidos en términos de autonomía y una vuelta a los vínculos de dependencia tradicional de la Argentina, profundizando rasgos estructurales que no se habían modificado en el período anterior.
La pregunta por las bases de la política exterior del gobierno que preside Macri, debe responderse partiendo de las medidas efectivamente aplicadas, y cotejarse con el plano discursivo al que hemos hecho referencia.
Luego de la asunción en diciembre de 2015, comenzaron algunas señales al mundo. La elección de la canciller Susana Malcorra- Jefa de Gabinete de las Naciones Unidas, nombrada en el cargo en 2012 por el Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon- fue elocuente. En el mes de enero de 2016 el presidente Macri asistió al Foro de Davos realizado en Zúrich, después de 13 de años de ausencia de un presidente argentino en ese ámbito. El encuentro con CEOs de empresas multinacionales y con otros mandatarios fue presentado como auspiciante para un país al que, de acuerdo con el propio presidente, llegaría una “lluvia de inversiones” ante el cambio de signo político. El presidente afirmó reiteradamente durante los primeros meses de gobierno que la “apertura al mundo” traería un enorme caudal de inversiones, lo que no solamente podía ser discutible en términos de sus efectos positivos (condiciones de inversión, efectos sobre las industrias locales, etc), sino que implicaba un análisis económico basado en un diagnóstico relativamente errado de la realidad internacional y en particular de los flujos de capital mundial. En el mes de febrero, el gobierno presentó un preacuerdo para resolver el litigio con los denominados “fondos buitre”. La medida fue aplaudida por el FMI y el secretario del Tesoro de los Estados Unidos, Lack Lew. El gobierno la enarboló como el fin del aislamiento y la vuelta a los mercados internacionales .
El giro respecto del gobierno anterior fue contundente tanto en la relación con los Estados Unidos, la Unión Europea, la región suramericana, y en mucha menor medida respecto de China y Rusia, más allá de la retórica. Los capítulos de este dossier tratan ampliamente esas temáticas. Aquí nos referiremos a la concepción política e ideológica de las relaciones internacionales que subyace a las políticas aplicadas en las distintas áreas.
En esta línea, podríamos entonces sintetizar, de acuerdo a lo efectivamente implementado en el área de la política internacional -y más allá de los matices que puedan establecerse entre el primer año de gobierno y el segundo- que las bases de el proyecto de la alianza Cambiemos en el área son:
a) Una política exterior en “clave económica”
b) Aperturista en términos comerciales, promotora de la desregulación, el endeudamiento externo y de las inversiones en condiciones de privilegio
c) Otorga prioridad a los vínculos económicos con las potencias, colocando en segundo plano a la región, o bien subordinando lo regional a esos vínculos.
d) Una política de bajo perfil en el área diplomática, con gestos simbólicos orientados a mostrar alineamiento con las potencias.
e) Una política de defensa orientada al alineamiento con los Estados Unidos, bajo el paraguas de la lucha contra el narcotráfico.
Conclusiones
Para finalizar se destacarán algunos elementos centrales para evaluar la política que el gobierno argentino lleva adelante.
El primero de esos aspectos es la promoción, a través de una política exterior en clave económica, de la tradicional inserción de la Argentina como proveedora de alimentos y productos primarios, receptora de capital en condiciones de privilegio en forma asociada con grupos monopólicos locales, plaza financiera y endeudada. Andrés Cisneros recientemente ponderó la política exterior de Macri, por considerarla en cierta medida un plagio de lo llevado adelante durante la década de los noventa, resaltando la continuidad de aquél consenso forjado entre Dante Caputo, Adalberto Rodríguez Giavarini, y Di Tella. Se trata de una estrategia que asume pasivamente el orden mundial y no cuestiona sus asimetrías.
Sin embargo, a diferencia de la década de los noventa, esa política se inserta en un mundo donde las instituciones como la OMC y el multilateralismo se encuentran en cuestión por parte de las propias potencias. Las tasas de interés suben en los Estados Unidos y se profundiza el proteccionismo de las potencias. Las tendencias mundiales, en lugar de orientarse hacia los grandes bloques de integración, parecen –en el contexto del recrudecimiento de la disputa entre las potencias por las cuotas de poder mundial- encaminarse hacia los acuerdos bilaterales y al aumento de la productividad. La política parece entonces desacompasada de las dinámicas centrales, pero al mismo tiempo beneficiosa para la expoliación de recursos y la valorización financiera. Ese condicionante de atar la política internacional a la subordinación económica, traerá graves consecuencias en las otras áreas de la política exterior, que quedan sometidas o subordinadas a esos intereses. Lamentablemente en esas áreas se encuentran el desarrollo tecnológico, la defensa nacional, la protección de los recursos naturales, la defensa de los principios de no intervención, la neutralidad argentina ante conflictos internacionales. Factores de la soberanía y la identidad histórica nacional que los países centrales no descuidan .
El segundo, es que los gestos de acercamiento a los socios tradicionales como los Estados Unidos y la Unión Europea, el alineamiento político con Washington y la adopción de su estrategia de seguridad, no anulan los profundos lazos de dependencia forjados también con China. Una Argentina reprimarizada no escapa a las imposiciones de sus mercados compradores, por más que duela a algunos grupos económicos locales en disputa. Las condenas a los acuerdos y acercamientos con China, heredados de la gestión anterior, duraron poco. A pesar de las amenazas y calificaciones ideológicas, los vínculos comerciales, financieros y económicos con ese país vinieron para quedarse. En todo caso, quedó en evidencia que esa relación ya no sería utilizada en términos diplomáticos para distanciarse de las potencias occidentales. Quien antes fuera utilizado como pivot para ganar márgenes de autonomía respecto de los Estados Unidos, parece ser ahora un aliado “vergonzante” pero no por ello menos poderoso.
Por último, el tercero de esos elementos remite a una cuestión más amplia, respecto del Estado. Daniel García Delgado sostuvo a un año de la asunción del gobierno de Cambiemos, que “el poder volvió al poder”, en tanto “el poder corporativo y mediático, junto a una parte del estamento judicial se han aliado a la modernización de ruptura, al Estado de los CEO y a la posdemocracia” . En efecto, el Estado ha vuelto a ser ocupado en forma directa y sin mediación por los CEO de corporaciones transnacionales. La tendencia es la orientación a una “situación instrumental” del Estado, donde se produce prácticamente una unificación del poder político con el de las clases dominantes, en detrimento de la autonomía relativa . Ello se expresa también en el ámbito de la política exterior. “Seremos afuera lo que seamos dentro”, parafraseando el documento del Grupo Consenso. La política actual no solamente reproduce los rasgos ideológicos profundos de la dependencia económica argentina, sino que va de la mano con el abandono de las políticas de alto perfil internacional que determinados contextos históricos hicieron de la Argentina un país defensor de la igualdad de las naciones en el sistema mundial.