Hacia finales de 1840, Domingo Faustino Sarmiento, debió pasar un tiempo en la cárcel de San Juan, su tierra natal, por manifestarse opuesto al gobierno de Benavidez, de corte federal y rosista. En contexto turbulento, se decidió que era mejor que se marchara del territorio argentino para proteger su vida. En noviembre de ese año se puso en marcha y se dirigió a Chile. Luego Tiempo después llegó a Santiago en condiciones de pobreza. Su fuerte temperamento, sumado a las condiciones rudas de vida, lo mal ubicaban en una sociedad tardo colonial. Tanto él, como sus compatriotas exiliados, tampoco eran vistos con buenos ojos, porque se los consideraba como excluidos o parias de su propia tierra natal.
Sin embargo, esos años fueron fundamentales para el desarrollo y el crecimiento del pensamiento sarmientino. Allí conoció y se reunió con importantes personalidades, tanto chilenas como argentinas, y escribió varias de sus obras más famosas (“Recuerdos de Provincia”, “Facundo o civilización y barbarie”, entre otras).
Debido a su agilidad con la pluma periodística, fue contratado por diversos periódicos. En sus artículos, Sarmiento trató todo tipo de temas: historia, educación, derecho, economía, política, cultura, religión, literatura, sociología, filosofía, entre muchos otros. La gran cantidad de producción periodística le valió varios enfrentamientos. Su estilo literario era incisivo, sagaz y algo soberbio. Escribía con la pasión de un auténtico chileno, lo que le fue objeto de reiteradas críticas.
En cuanto a la labor educativa, otro de los pilares en la vida de Sarmiento, junto a Vicente F. Lopez y José A. Ortiz fundó en 1841 un Liceo en Santiago para la formación docente. Allí dictó algunas asignaturas. El instituto fue problemático desde sus comienzos, especialmente en disputa con el clero por los contenidos curriculares. En 1842 cerró y se reabrió en 1844, sobre todo nivel de ausentismo, el bajo rendimiento de los alumnos y el desempeño de los docentes.
Paralelamente, en 1842, por consecuencia del entonces ministro Montt, se creó la primera escuela normal de preceptores de Latinoamérica. A Sarmiento se le encomendó la redacción del decreto fundacional y reglamento, luego fue designado director. En el estatuto, redacta que la enseñanza religiosa debe estar presente pero remarcando no sólo lo formativo dogmático, sino también lo moral.
Cual fuere el caso, lo cierto es que ambos proyectos educativos no dieron el resultado esperado. Los estudiantes no respondieron a la altura de lo exigido. Muchos se inscribían solamente para recibir la beca que se otorgaba pero abandonaban rápidamente los estudios. La matrícula inicial fue muy baja y muchos menos fueron los que culminaron los estudios.
Llegados a este punto, Sarmiento consideró que los libros que se utilizaban en las escuelas primarias chilenas debían ser repensados, reemplazados inclusive, especialmente en materia religiosa. En ese contexto dio origen a las traducciones “Conciencia de un niño” y “Vida de Nuestro Señor Jesucristo”, que vieron la luz entre los años 1843 y 1844. Ambos contaron con la aprobación de la Universidad de Chile que los destinó al uso de las escuelas primarias.
Si bien, dicho a priori, se trata de traducciones, ambos textos poseen una particularidad notable en cuanto a la intencionalidad que Sarmiento ha tenido para con ellos. Dato no menor es que, inclusive cuando ya se encontraba avanzado en años, y de postura públicamente opuesta a la Iglesia Católica, siguió recomendado sus obras para que sean leídas todavía en las escuelas, o pueblen bibliotecas.
Decíamos “a priori” ya que, dando un análisis adecuado, podemos comprender que “Conciencia de un niño” no es exactamente una traducción sino una recopilación de materiales diversos que él modifica con el fin de presentar a los niños un texto que logre no sólo transmitir contenido doctrinal católico, sino, antes bien, moralizar y civilizar.
La dupla “civilización y barbarie” no es casual en este contexto, recordemos que tanto “Facundo” como estos catecismos fueron publicados entre 1843 y 1844. Sarmiento, que había sido criado como un fiel católico en su San Juan natal, inclusive planteándose seriamente la posibilidad de seguir la carrera eclesiástica, conoció seria y arduamente el contenido de la doctrina cristiana y entendió, desde allí, aquella dupla que da sentido y origen a su obra “Facundo”.
Nos proponemos aquí, entonces, presentar sintéticamente el contexto en el que Sarmiento elabora y publica estos catecismos, para encontrar allí las relaciones con el pensamiento religioso en otras de sus obras de la misma época, principalmente “Facundo” pero también “Recuerdos de Provincia”. Para finalizar, nos adentraremos en un breve análisis de los catecismos, destacando fundamentalmente cómo el ideal civilizador aparece en obras pensadas y diseñadas para formar las conciencias de los niños y, por tanto y desde allí, a los futuros ciudadanos.