La historia económica nos ofrece una lección importante para reflexionar sobre el desarrollo de América Latina. En efecto, el análisis del período posterior a la segunda guerra mundial y hasta los años setenta del siglo pasado nos enseña que se produjo una transformación importante del modelo de desarrollo en la región. Algunos indicadores muestran el buen desempeño económico y el mejoramiento de la calidad de vida. El crecimiento económico fue del 5.5 % anual y la tasa de crecimiento del PIB por habitante alcanzó la cifra de 2.7%; tales cifras son las más altas en toda la historia económica latinoamericana. Por su parte, el aumento de la participación de la región en la economía mundial ascendió a 10% en 1980, y la participación de la industria manufacturera alcanzó una cifra máxima de 27% en 1973 .
El modelo de industrialización dirigida por el Estado, efectivamente defendió y aplicó una decidida intervención del Estado en la actividad económica y social. El Estado intervino en los mercados de bienes y divisas, la creación de infraestructura, la regulación y promoción, mediante incentivos de la actividad empresarial, e inversión directa en sectores estratégicos como los de energía y telecomunicaciones, la regulación bancaria incluyendo incentivos y controles para dirigir créditos hacia el impulso de actividades empresariales de transformación así como también la creación y sostenimiento de bancos comerciales y de desarrollo orientados a financiar inversión productiva. El Estado también promovió su activa participación con el propósito de mejorar las condiciones de salud, educación y vivienda de la población. La sociedad latinoamericana, en general, también vivió una rápida urbanización en el período.
Desde el punto de vista teórico el modelo se basó en los postulados de Raúl Prebisch y la escuela estructuralista desarrollada en la Comisión Económica para América Latina, CEPAL. Más recientemente se ha reafirmado y evolucionado el pensamiento estructuralista mediante una corriente actualizada denominada neo estructuralismo. Esta corriente de pensamiento acoge las bases fundamentales del estructuralismo, ajusta las concepciones teniendo en cuenta los acontecimientos desde finales de la década de los ochenta y propone un conjunto de políticas económicas alternativas que considera pertinentes para mejorar las condiciones económicas, sociales y ambientales de los países en vías de desarrollo, particularmente los de América Latina. Se puede remontar el inicio del neo estructuralismo al clásico documento de la CEPAL "Transformación Productiva con Equidad" cuyo pensamiento se ha venido defendiendo en varios documentos recientes tales como "Cambio Estructural para la Igualdad". En esta visión se propone alcanzar como fin primordial del desarrollo el mejoramiento de las condiciones de equidad de la población, mediante el instrumento del cambio estructural. De esta manera se desprenden una serie de consideraciones en términos de políticas económicas orientadas al impulso de industrias basadas en el conocimiento y la innovación, de la demanda interna y externa, el aumento de la productividad, el mejoramiento del empleo y la generación de ingresos para amplios sectores de la sociedad, y armonizando el crecimiento con la sostenibilidad ambiental,. El neo estructuralismo defiende la acción del Estado en el marco de relaciones reciprocas con el mercado y la sociedad y también ha estado interesado en los asuntos macroeconómicos, de comercio exterior, desarrollo social y ambiental.
Las críticas al modelo de industrialización dirigida por el Estado fueron y aún siguen siendo muy fuertes, De hecho, a finales de los setenta influyeron decididamente para transformar todas las bases del patrón de desarrollo hacia la implantación del modelo neoliberal cuyos resultados han sido negativos tanto económica como socialmente para Latinoamérica. Las críticas al modelo de industrialización han sido diversas. Entre las que más se han debatido se encuentra la crítica a la hipótesis Prebisch-Singer sobre el deterioro sistemático de los términos de intercambio. Aunque dicha hipótesis puede presentar debilidades en lo referente a su formalización, no se puede descartar la deficiencia que la teoría de la ventaja comparativa muestra para su aplicación pertinente en el contexto Latinoamericano. Además, hay otras críticas relacionadas con el olvido del sector externo y la orientación hacia los mercados internos, así como también la prevalencia del exceso de gasto público generador de inflación. A pesar del reconocimiento, la refutación y ajuste de tales críticas, el cambio estructural sigue siendo esquivo, en general, para América Latina.
A las mencionadas críticas se les puede adicionar otra de la mayor importancia: la incapacidad de los países de América Latina para fomentar e implementar institucionalmente la innovación. Se sabe que el aprendizaje ha sido un determinante importante del desarrollo económico de los países de altos ingresos, tanto a nivel nacional como de regiones al interior de los países , por ejemplo distritos industriales . Se han desarrollado modelos de economías de aprendizaje desde el Este Asiático y Estados Unidos; algunos autores sugieren esquemas híbridos. También hay propuestas desde lo regional en el contexto europeo y norteamericano.
Existe la necesidad del cambio estructural a través de la promoción de la ciencia, tecnología y la innovación con miras hacia la transformación de los sistemas productivos que generen desarrollo y bienestar en países como los de América Latina. La economía del aprendizaje, las lecciones de la historia económica latinoamericana, así como de la geografía industrial pueden ser útiles para comprender cómo alcanzar este propósito. El objetivo principal de la ponencia será analizar qué clase de economía de aprendizaje es pertinente para que los países de América Latina puedan promover un proceso exitoso de desarrollo y bienestar. Para ello el papel del Estado es fundamental. El trabajo realizará una revisión crítica del pensamiento Latinoamericano sobre ciencia, tecnología e innovación, así como de otros autores, clásicos como Schumpeter, y contemporáneos, con miras a proponer líneas de política industrial autónoma y pertinente para el desarrollo y bienestar de la región.