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Resumen de ponencia
El curriculum y la formación inicial del profesorado de educación primaria en México: entre los saberes globales y saberes plurales

*Adelaida Flores Hernández
*Magaly Hernández Aragón



Al establecerse el predominio del libre mercado y con ello el poder de las redes informáticas, la desaparición de los límites territoriales, el libre mercado, los avances científicos y tecnológicos, como los prototipos del nuevo orden mundial implica que las estructuras económicas, políticas, culturales y educativas que conforman al Estado, vayan adaptándose a los intereses y necesidades que establecen las lógicas dominantes.

La docencia, reconocida como una profesión en la década de los ochenta en México, no podía ser la excepción. La profesión docente, al igual que las demás profesiones, enfrenta hoy en día significativos cambios en su estructura, funcionamiento, objetivos, perfiles formativos y demandas, como respuesta del devenir histórico y social.

Una de las dimensiones complejizantes que engloba la formación del profesorado recae en la importancia de volcar la mirada analítica en los tipos de saberes que conforman a los modelos curriculares institucionales que se encargan de configurar y desarrollar su perfil formativo, sobre todo en países como México. Esto nos permite analizar si los modelos curriculares oficiales integran saberes plurales, como lo demandan las necesidades sociales y culturales que caracterizan al país, o bien saberes globales que dan respuesta a las lógicas hegemónicas educativas.

Los modelos de formación docente inicial que se desarrollan en un país están ligados con los diferentes contextos históricos y sociales que dinamiza la clase hegemónica, los cuales se concretizan a través del aparato curricular, en donde se encuentran implícito los intereses institucionales que tiene la sociedad hegemónica. No hay que perder de vista la relación que posee la docencia con el control social que se ejerce desde las instituciones del Estado, como lo es la escuela.

Históricamente, la institucionalización del saber implicó la legitimidad de los intereses y necesidades de la clase o poder que se situara como hegemónica. Fue, por ejemplo a través del dispositivo del saber, como la clase burguesa a comienzos del siglo XVIII, consolidó su proyecto social, económico, cultural y político (Bonvecchio, 2000). Lo anterior dada las características de expansión, legitimidad y transversalidad que posee el saber, de ahí su consolidación como dispositivo de poder.

Razón por la cual, los saberes desempeñan un papel fundamental en la configuración del perfil profesional, ya que es a través de este dispositivo donde se integra la visión institucional y hegemónica de lo que se debe de saber, saber hacer y saber ser en una profesión (Anijovich, Cappelletti, Mora y Sabelli,2009).

El establecimiento de saberes como hegemónicamente necesarios e importantes, no surgió de la noche a la mañana, sino que paulatinamente fue preparándose el camino de la misma manera en que se fue dando el surgimiento de este orden mundial.
De acuerdo con la pluralidad de condiciones existentes en el mundo y en México, hoy por hoy tenemos la existencia de dos tipos de saberes: los saberes globales y los saberes plurales (Santos, 2010). Los primeros, configurando su existencia y monopolio desde el siglo XVIII con la aparición de la ciencia (Foucault, 1992) y en consecuencia, del pensamiento abismal con la encomienda de validar y legitimar entre lo verdadero y lo falso, entre un pensamiento válido y un pensamiento inválido, entre saberes viables reconocidos y saberes descalificados o ignorados (Santos, 2010). Los segundos (saberes plurales), por su parte derivan su existencia de un pensamiento no occidentalista que dan respuesta a las necesidades locales brindando un sentido y significado que se le confieren a las prácticas como parte de una comunidad (Bonfil, 1999).

Un tipo de saberes plurales, con base en el contexto de nuestro país, recae en los saberes que surgen en y desde las comunidades indígenas. Las culturas indígenas se sitúan como una diferencia, en tanto su lógica de pensamiento se funda desde una cosmovisión no occidentalista. Desde esta lógica, producen determinados conocimientos, los cuales responden a su particular forma de ver la vida (Escobar, 2000).

Ante todo ello, la pregunta es ¿qué tipo de saberes son los que se implementan en la formación del profesorado en educación primaria en México?

La Dirección General de Educación Superior para profesionales de la Educación (DGESPE) de la Secretaría de Educación Pública en México es la instancia encargada de coordinar las políticas educativas para las instituciones formadoras de docentes a fin de lograr óptimos niveles de calidad, cobertura e integración de las necesidades de la educación básica del país (DGESPE, 2018).

De acuerdo con lo planteado por esta Dirección “la formación de los docentes de educación básica debe responder a la transformación social, cultural, científica y tecnológica que se vive en nuestro país y en el mundo” (DGESPE, 2018). Nótese que anteponen lo social y cultural ante lo científico y tecnológico. Para lograr tal objetivo, esta instancia reconoce la función que realizan las Escuelas Normales del país en pro del mejoramiento de la calidad educativa. Una de las acciones que se ha emprendido para lograr tal mérito es la implementación de la reforma curricular.

La actual reforma curricular para la formación de docentes de educación básica, específicamente primaria, recae en el plan de estudios 2012, estableciendo que su aplicación “debe permitir que se atiendan con oportunidad y pertinencia, las exigencias derivadas de las situaciones y problemas que presenta dicha actividad profesional” (DGESPE, 2018). El Plan de estudios para la formación de docentes de educación primaria 2012 está constituida por 55 cursos distribuidos en cinco trayectos formativos: trayecto psicopedagógico (16 cursos), trayecto de preparación para la enseñanza y el aprendizaje (20 cursos), trayecto de lengua adicional y Tecnologías de la información y la Comunicación (7 cursos), Trayecto de práctica profesional (8 cursos) y trayecto de cursos optativos.

Analizando los alcances de los 55 cursos se puede percibir que la tendencia fuerte recae en una perspectiva técnica de la profesión docente, es decir, la formación en los conocimientos técnicos disciplinarios que se debe de saber para el dominio de la docencia. Dicha perspectiva no es criticable, sino razonable, ya que para el desempeño docente se demanda el dominio de ciertos conocimientos propios de la profesión. Esto es lo que respondería a los saberes globales, en tanto son conocimientos que debe de poseer todo profesional de la docencia.

Sin embargo, la docencia va más allá del dominio técnico utilitarista disciplinario, representa toda una relación pedagógica de las dimensiones personal, interpersonal, social, institucional, didáctica y valoral que la permean, situándola como una praxis social, objetiva e intencionada, cuyo estudio y desarrollo no es mecanicista sino complejo (Fierro, Fortoul y Rosas, 2006).
Ahora bien, si partimos que la docencia es, por excelencia, una praxis social, es de pensarse que en el trayecto formativo se cuenten con cursos que den cuenta del estudio y análisis que representa dicha complejidad social y cultural, máxime que México, según el artículo 2º. de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, se reconoce como “una nación que tiene una composición pluricultural sustentada originalmente en sus pueblos indígenas” (Constitución Política, 2017). Cuando se analiza la malla curricular no existe un curso que aluda a las implicaciones de formar a docentes cuyo campo de trabajo radica en las comunidades indígenas que poseen una cosmovisión propia de ver y entender la vida y todo lo que le rodea, incluyendo en ello, a la educación.

No se descarta la posibilidad que se incluya algún tema en uno de los cursos, sin embargo, el estudio de lo social, lo cultural, la cosmovisión indígena no se agota con un tema. Es necesario que a los futuros docentes se les forme desde una perspectiva plural, atendiendo a las condiciones culturales en que desempeñaran su profesión, evitando el distanciamiento entre la formación profesional de los docentes y la realidad socioeducativa a la que se enfrentan, la cual no solamente surge específicamente en las comunidades indígenas y/o rurales, sino que tal situación suele estarse presentando en cada vez más lugares, debido a los fenómenos de migración que ocurren de las zonas rurales a las comunidades urbanas o viceversa.

Conclusión

Es necesario e importante que las comunidades indígenas sean concebidas como productoras de conocimientos, siendo algunos de ellos tan válidos y eficaces como las derivadas de la lógica occidental; lo cual indudablemente permitiría dar apertura a otra forma de pensamiento, de vida y de convivencia. Una actualización de planes de estudio no sólo debe basarse en el hecho de incluir los saberes que se desglosan de una epistemología occidental, sino también de considerar la contextualización que se requiere de éstos, es decir considerar las particularidades de los saberes que se sitúan en nuestro propio contexto cultural mexicano; permitiendo una comunicación ideológica, una convivencia epistemológica y social que nos permitiría ir derivando, poco a poco, las distintas formas de exclusión social que se han derivado, por años, de un pensamiento abismal.




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* Flores Hernández
Benemérita Universidad Autónoma de Puebla- BUAP. Puebla, México

* Hernández Aragón
Benemérita Universidad Autónoma de Puebla- BUAP. Puebla, México