Pensar en la posibilidad de una sociedad que puede andar sin miedo, se ha vuelto hoy día una utopía, pero como dice Eduardo Galeano citando a Fernando Birri “Por mucho que yo camine, nunca la alcanzaré. ¿Para qué sirve la utopía? Para eso sirve: para caminar”. Y mientras podamos caminar, podemos ser y hacer un mundo mejor. Bajo esa idea es que surge el presente trabajo, con el objetivo de generar reflexión y alternativas, para ser y hacer mejor, y seguir caminando. La intención es proponer la teoría restaurativa desde sus prácticas como herramientas en la construcción de paz en escenarios de conflictos armados. Cabe mencionar que este trabajo no es producto de una investigación finalizada, pues es un trabajo en proceso, hasta el momento es una propuesta teórica, pero que invoca a la práctica a todo aquel que la lea y la escuche. En este sentido se busca proponer prácticas que abonen en la restauración del tejido social de algunas comunidades mexicanas atravesadas por conflictos armados. Cabe mencionar que estas prácticas son una herramienta hasta el momento poco explorada en situaciones de conflictos armados. De ese modo esta iniciativa se suma a un esfuerzo por generar medidas de prevención y actuación. Medidas vistas como un proceso continuo y permanente.
En relación a los conflictos armados en México, hasta el momento se reconocen dos tipos: -ambos internos-, el primero consiste en el enfrentamiento entre las fuerzas del Estado, contra los grupos de delincuencia organizada, relacionados al narcotráfico. Y el segundo, en el enfrentamiento de los mismos carteles entre sí. La mezcla de estos enfrentamientos han sido denominados por varias normas internacionales como un auténtico conflicto armado, pues cumple con todos los componente para que pueda ser nombrado así.
Los resultados del surgimiento, evolución y permanencia de este tipo de conflictos en México, son desoladores. Fenómenos complejos y alarmantes como los constantes enfrentamientos por grupos armados en espacios públicos y privados, homicidios, feminicidios, desapariciones, grandes migraciones por asilo político y desplazamiento forzado, presos, robos, secuestros, violaciones, huérfanos, madres viudas, etc., por nombrar algunos. Incluso algunas localidades de México se han denominado como una zona de alto riesgo para vivir, llamada por los expertos como zona minada. En números, México está dentro de los 10 países más violentos del mundo, siendo el tercer país en el mundo con mayor número de víctimas mortales a causa de conflictos armados. Agregando que esta situación ha venido modificado la identidad cultural, incorporando formas de hacer y entender el mundo, la híper valorización de la agresividad, del poder económico, la legitimización y reproducción de la violencia como manera viable de conducirse, la justificación de la justicia privada. Mismo que conduce a una completa destrucción de lo físico, de lo humano, de la moral y de lo cultural. Causando muchas de la veces la negación de las necesidades básica, de los derechos humanos y en algunos caso la aniquilación de estructuras que dan significado a la vida social y cultural.
De ese modo, y pensando bajo la lógica de la reconstrucción de las comunidades atravesadas por conflictos de este tipo, pensamos que debe ser visto como un trabajo que se tiene que realizar no sólo en los planos físico, económico, cultural y político, sino además en el plano psicosocial. Las prácticas restaurativas implican un camino viable para el trabajo conjunto desde la población civil. Al tener dentro de sus finalidades la resolución no violenta de conflictos, dotando de herramientas y habilidades en la incorporan de valores esenciales para la cultura democrática como participación, diálogo, igualdad, justicia social, respeto a la diversidad y los derechos humanos. Cabe señalar que las prácticas restaurativas, surgen a partir de la justicia restaurativa, que es considerada una nueva línea de pensamiento sobre la justicia penal. Hoy en día la justicia restaurativa es un enfoque inclusivo y colaborativo basado en los valores de inclusión, pertenencia, solidaridad y escucha activa que prevé la participación en las situaciones de conflictos y violencias con el fin de restauración de las relaciones sociales.
Es así como las prácticas restaurativas vienen deconstruyendo esa cultura de violencia y promoviendo la cultura de paz. Con el objetivo de desarrollar una comunidad y manejar el conflicto y las tensiones reparando el daño y forjando relaciones. Trabajando bajo dos dimensiones, uno proactivo que teje relaciones y desarrolla una comunidad y, otro reactivo que repara el daño y restaurar las relaciones. De ese modo, las prácticas restaurativas parten del principio que las relaciones pueden ser restauradas basadas en los valores de inclusión, pertenencia, solidaridad y escucha activa. Además, implica a la comunidad y promueve las relaciones personales, crear un sentido de seguridad y refuerza los vínculos de la comunidad. Bajo este enfoque, se da prioridad al tratamiento de las necesidades humanas de los participantes y a la capacitación de estos para comunicar sus pensamientos y sentimientos. El objetivo es crear comprensión de las causas y efectos del comportamiento en los demás y fomentar la responsabilidad de forma positiva. Por medio de estas prácticas se conduce a un potencial de ofrecer una oportunidad a la comunidad para articular sus valores y expectativas. Con ello, se puede contribuir al bienestar y a la reducción actos de violencia futuros. Algunas prácticas restaurativas que se han desarrollado históricamente son: Círculos restaurativos que contribuyeron a la instauración de prácticas dialógicas, tutorías, Lenguaje y comunicación asertiva, Reconocimiento de las emociones y resolución de conflictos y sentido de pertenencia.
La propuesta gira en torno a la capacitación de lideres, representantes de instituciones o personas claves de las comunidades afectadas, como pueden ser profesores, directivos de escuela, padres de familia, sacerdotes, que al tener cierta incidencias en los colectivos de la comunidad, puedan replicar estas prácticas capacitando a más grupos y supervisando el desarrollo de las mismas. Se considera viable , puesto que no se necesitan muchos recursos para capacitar, aplicar y replicar en prácticas restaurativas. La capacitación de estos lleva un proceso, mismo que consta de cuatro etapas, generalmente este proceso se efectúa en un tipo taller con sujetos claves. A continuación describiremos a grandes rasgos las cuatro etapas:
1. La ventana de la disciplina social: donde se plantean los cuatro tipos de disciplina que existen en las grupos, instituciones, etc., se dialoga sobre la disciplina punitiva, permisiva, restaurativa y como estos a su vez van conformando nuestro ser.
2. Proceso justo: donde se platea que los individuos tienen mayor tendencias a confiar y cooperar libremente con sistemas justos. Este momento se trabaja a partir de tres fundamentos: participación, explicación y claridad de la expectativas. Algunas de la ventajas de esta etapa son la promoción de confianza y compromiso, la cooperación voluntariedad, el desempeño, así como compartir con los otros expectativas, experiencias y procesos de creatividad.
3. La construcción de capital social: Se busca dar a las personas herramientas restaurativas que les permitan mostrarse como sujetos de cambio e iniciadores de una cultura de paz. En esta etapa los participantes se capacitan en:
• Declaraciones afectivas, donde se aprende y enseña a comunicarte con el otro responsabilizándote de los que se siente sin agredir al otro.
• Preguntas afectivas: Son preguntas que se hacen sin buscar un culpable, organizando oraciones en el discurso que tienen que ver con habilidades de comunicación en la resolución de conflictos.
• Círculos espontaneas: Cumplen con el rol de tejer lazos para posteriormente generar vínculos afectivos y de comunidad, generar confianza. Estos darán pauta para realizar cirulos de paz. Pueden hacerse círculos espontáneos tantos como sean necesarios.
4. Círculos formales: Donde su busca la consolidación, promoción y el posicionamiento de los participantes como constructores de paz, se hace un seguimientos de casos, se evalúa la intervención de las prácticas restaurativas y se intenta replicar las prácticas en otros contextos.
A manera de conclusión estoy convencida que el enfoque de las prácticas restaurativas como un medio y un fin posibilita la comunidad, activando las relaciones personales, solucionando conflictos de manera no violenta, permite que los actores principales sean escuchados por primera vez, donde sus voces, silenciadas por largo tiempo, cobren fuerza y sentido. Al ser escuchados se brinda la oportunidad que el fenómeno de la violencia cobre visibilidad, puesto que, por mucho tiempo, se ha mantenido bajo los telones al ser una situación delicada, abonando al desconocimiento y, por ende, a la falta de entendimiento y propuestas. Esta propuesta se presenta como un esfuerzo por construir escenarios pacíficos donde se pueda andar y desarrollarse de manera segura. Además garantiza seguridad y pertenencia en los grupos, así como potencializa valores como el respeto, compromiso y libertad, abonando en la construcción de paz en comunidades atravesadas por conflictos armados.