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Resumen de ponencia
HISTORIAS DE VIDA DE BOXEADORAS DEL CARIBE COLOMBIANO

*Fernando Antonio De La Espriella Arenas



La protagonista de esta historia es una mujer que en la vida se ha resistido a dejarse avasallar por la realidad social en las que les ha tocado vivir, producto de un sistema inequitativo, desigual, excluyente y opresor. En sí misma es poseedora de una cultura y representaciones que le permiten reconocerse y reconocer a los otros en el contexto del cual emergió. Su relato devela la realidad de muchas familias que habitan en lugares donde solo pueden construir una sola habitación, hecha de cartón, costales y madera, en un barrio subnormal, en una invasión con muchas carencias y realidades sociales complejas y conflictivas, un barrio con calles estrechas, sin servicios públicos ni transporte, es decir un entorno donde la infravivienda y el hacinamiento permean el paisaje.

En este tipo de asentamientos humanos, con condiciones precarias de salubridad y seguridad, en donde habitan familias, quienes por falta de oportunidades se ven conminados al trabajo informal, en el cual se debaten día a día tratando de resolver necesidades insatisfechas, ello les obliga a dejar solos a sus hijos en casa o al cuidado de terceros, para ellos la calle y la plazoleta del barrio se constituyen en dispositivos donde juegan y se recrean, no obstante, este puede ser un espacio proclive en donde pueden ser vulnerados , lo que les somete a una constante situación de riesgo. Su testimonio es ilustrativo:
Mi hogar es un hogar de acuerdo con mi personalidad; mi vida es la vida de los niños del sur, que crecen con el pie pelao, corriendo y jugando en la calle con lo primero que encuentran.
La casa era un cuadro con el techo de cartón y cercada por sacos, no había división de cuarto ni de nada. Ahí mismo estaba la cocina y prácticamente todo: sala, cocina, cuarto, las camas, todo ahí mismo. Así abiertamente, no había división de nada.
Cuando llovía nos mojábamos y nos tocaba montarnos uno encima del otro en la cama. Había mucha integración porque no teníamos donde estar, ya que ese era lo único donde podíamos estar y ahí estábamos juntos mi mamá, mis dos hermanos, mi papá y yo… nos sentíamos contentos todos, porque estando juntos lo demás no nos importaba porque los teníamos a ellos ahí.


Así mismo, en su relato se destaca la impronta de sus padres, quienes edificaron una familia sustentada en valores humanos, sus espacios de socialización primaria estuvieron soportados y legitimados desde el respeto, la rectitud y la responsabilidad, valores estos que definieron su vida desde niña. Al referirse a su madre y padre sostiene:

Mi madre es una persona que siempre ha trabajado mucho, y siempre nos guio por el buen camino, nos llevó siempre correctamente. La relación con mi mamá es muy bien, ella nos abrió como un espacio en ella de jugarnos con ella, con mi mamá pasamos bien; es hora y todavía yo estoy apegada a ella, porque ella pasa conmigo a toda hora. A mi padre lo quiero mucho, lo respeto porque la educación que él nos dio es de respeto; lo que más admiro de mi padre es que es un hombre que siempre ha sido trabajador, trabaja fuerte, y es una persona recta.

Su testimonio deja claro el hecho que, con todo y la marginalidad, carencias y dificultades que tenga el sujeto, no debe traer como consecuencia cambio alguno frente a la imagen de sus padres. Antes por el contrario, en ella se representan desde una concepción de respeto, honra, aprecio, valoración y admiración hacia ellos como personas y como autoridad. La realidad develada en el testimonio de la protagonista, es la historia de familias que viven en la línea de la pobreza, subsistiendo y resistiéndose a ser devorados por el contexto, la realidad conflictiva y de miseria en la que habitan muchos hogares de deportistas en Colombia. Este relato revolucionario, es una muestra de resistencia, un testimonio de vida cotidiana para la meditación, reflexión y análisis.

Resistencia ante la adversidad

Vivir 17 años de su vida en un contexto marginal a cargo de sus hermanos menores, con la ausencia de sus padres que debían dejarlos solos por salir a trabajar, para satisfacer la necesidad axiológica de subsistencia, hizo de ella una mujer resistente que se sobrepuso a la adversidad y la amenaza constante del contexto. Con todo y su situación de pobreza extrema, ella y sus hermanos nunca fueron llevados al trabajo infantil, la seguridad y la educación siempre fueron la premisa e sus padres.

Gracias a Dios todos somos bachilleres. Nosotros nunca salimos a pedir nada a nadie, siempre mi mamá y mi papá nos acostumbró de que si no había no debíamos salir a pedirle a nadie sino de esperarlos a ellos.


Su enorme capacidad de resistencia forjada a partir de la realidad social y familiar, en marcadas en su proceso de socialización primaria, permiten que su vida adulta, la cual estuvo asistida de iguales condiciones, fuera sorteada con gran determinación. Para ser boxeadora, es decir, para incursionar en una disciplina deportiva dominada por cuerpos masculinos, debes tener además de coraje, mucha capacidad de resistencia y negación. Para ella estas exigencias podrían resultar salvables, ya que la vida que llevó siempre estuvo permeada por esas características. Si cuidar a sus hermanos menores desde los ocho años de edad, lavar cocinar y guerrear la vida en condición de vulnerabilidad, fueron acciones que no le quedaron grandes, entonces incursionar en el boxeo no fue excepción alguna.

Cuando decide practicar boxeo, circunstancia a la cual llega por curiosidad.

Estando en el coliseo, estábamos viendo jugar voleibol, estábamos del lado donde está el gimnasio de boxeo, ahí se oían unos gritos pi-pa-pi-pa, dándole como a una guantaleta. Yo escuchaba, pero no le paraba bolas, como yo estaba viendo el juego, pero de tanto escuchar esos ruidos yo me bajé y fui a ver qué era lo que sonaba; me asomé en la puerta con cuidadito y vi que estaban practicando varios muchachos, y pues me asomé. Estaba un profesor que, él me preguntó que, si quería entrenar boxeo, y yo le dije que no, que solamente estaba mirando. Entonces, después le dije sí, quisiera cómo aprender, pero como defensa, no como pá’ pelear sino como defensa; entonces él me dijo que fuera que él me enseñaba.

El boxeo femenino es un deporte que tiene pocas adeptas o aspirantes, muy rara vez surgen jóvenes dispuestas a la práctica del noble arte, este terreno deportivo está marcado por un imaginario de masculinidad que les establece barreras. No obstante, nuestra protagonista motivada por la curiosidad y la insistencia del entrenador, decide iniciar la práctica del boxeo, la cual combina con sus estudios de secundaria

Mi vida en el boxeo inició con el profesor Ivo López, él fue el que me condujo a que entrenara boxeo. Aprendí los pasos, él estaba muy contento, me iba a buscar a la casa en bicicleta. Hubo un tiempo en que me retiré porque estaba como cansada, no había con quien pelear, cuando eso el boxeo femenino no era como normal, no habían(sic) boxeadoras con quien pelear; por eso me retiré, y estuve varios meses retirada del boxeo, del gimnasio, eso fue es 1998. Después, nuevamente cuando retomé en 1999, ya me metí, porque ya se estaban viendo peleas de mujeres, no así bastante, pero se veían con más acogida, pero los horarios de clase no me dejaban. Iba entrenar a las dos de la tarde y a las 4 ó 5 ya estaba desocupada, y la hora que me quedaba era para estudiar, y me daba el tiempo…lo justo para para las tres cosas.

Construir y re construir la historia de vida a partir de su descripción, su relato, su leguaje, signos y expresiones corpóreas, es una experiencia vital que ha dejado inconmensurables aprendizajes y reflexiones. Haber incursionado y conocer su esfera pública y privada, los espacios, tiempos y lugares en que ella se reconoce y es reconocida, es fruto del trabajo del investigador y el personaje de la investigación. En ese sentido Denzín (1989) sostiene que, las vidas son propiedades biográficas, ello significa que no perteneces solo a los sujetos, si no, a las colectividades sociales en su sentido amplio. En definitiva, cuando ella desde sus narrativas muestra las vicisitudes y dificultades en las que crecen y vive las familias, niños y niñas del sur de montería, está poniendo en juego el pasado, el presente, el futuro, donde todos podemos mirarnos y encontrarnos (Leite, 2011).
Es evidente también en su relato, la forma como emerge una familia que manteniéndose unida y soportada en valores como el respeto, la honestidad y la tolerancia, pueden resistirse y hacerles el quite a las adversidades, a la realidad conflictiva, de miseria y factores de riesgo que permean los ambientes de quienes habitan en barrios subnormales.

La protagonista hace gala de su conciencia crítica y reflexiva al entregarnos frases de profundo sentido y significado. En cada relato ella deja ver de manera espontánea lo que significa ser un habitante del sur de la ciudad, pero ante todo exhibe con naturalidad su personalidad, da muestra de un altísimo nivel cultural al sentir orgullo de ser quien es, con lo que tiene, lo que come, lo que sueña, y lo que ama. En medio de una sociedad hipócrita que solo vive de apariencias y pseudosatisfactores.

Legitima y da relevancia a la figura paterna y materna, de igual forma los valores humanos que se erigen en un hogar donde el respeto y la rectitud son auténticos y característicos de personas responsables y trabajadoras, estos referentes marcaron su vida y dejaron una huella indeleble en su estructura personal y social. La realidad vivida no genera ruptura alguna frente a la imagen de sus padres, antes, por el contrario, existe un empoderamiento de esa figura, una concepción de respeto, aprecio, valoración y admiración hacia ellos como personas y como autoridad.

Su testimonio, muestra el sacrificio humano al que estuvo conminada durante su infancia. Su temperamento tranquilo y alegre, la personalidad flexible y adaptable y su alto grado de inteligencia la hacen poseedora de una




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* De La Espriella Arenas
UNIVERSIDAD DE CÓRDOBA UNICORDOBA. Montería, Colombia