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Resumen de ponencia
Crisis alimentaria global: una crítica al modelo agroalimentario neoliberal vigente

Instituto Tecnológico Superior Eugenio Espejo - ITS EE (Ecuador)

*Cristian Oswaldo Zavala Samaniego
*Joseane Vanesa Cevallos Vallejo
*Paola Alexandra Heredia Barreno



La crisis alimentaria global surge como producto de la lucha por alcanzar la hegemonía mundial de un modelo neoliberal norteamericano que promueve una voraz industria agrícola que pretende terminar completamente con el campesinado y los saberes ancestrales del campesino. Un modelo que prioriza los intereses empresariales de grandes transnacionales que controlan el modelo agroindustrial vigente antes que brindar atención a las necesidades colectivas, como es el caso del abastecimiento equitativo de alimentos a la población que no cuenta con el suficiente poder adquisitivo y acceso para ser acreedor de una ración de alimentos para su subsistencia diaria.

En este sentido, las razones de la hambre son totalmente políticas por: la existente incapacidad de los gobiernos para competir en un mercado internacional con productos agrícolas subvencionados por grandes países capitalistas, la insuficiente atención de salud pública para tratar enfermedades derivadas de la hambruna y la corrupción que permite la entrada de grandes firmas transnacionales para apropiarse de los recursos naturales. Por otra parte, está presente en la naturaleza humana la ilusión utópica de alcanzar una soberanía alimentaria bajo un modelo de producción, distribución y consumo al servicio de la gente que tenga en cuenta el ecosistema y el planeta tierra.

Hoy en día el mundo está inmerso en una crisis alimentaria extremadamente profunda, la cual se ha generado dentro de un contexto en el que existe una gran paradoja, pues hoy se producen muchos más alimentos que nunca antes en la historia. Desde los años sesenta hasta la actualidad, los estudios de la Organización Internacional GRAIN (2008) indican que los alimentos se han multiplicado por tres y la población sólo se ha duplicado. Las estadísticas oficiales del Programa Mundial de Alimentos de la Organización de las Naciones Unidas (FAO) (2015) mencionan que casi 1 de cada 9 personas en el mundo pasa hambre. Cabría entonces cuestionarse ¿Por qué en este mundo de la abundancia de la comida, la gente pasa hambre? Básicamente, porque el modelo capitalista ha impactado de pleno en el modelo agrícola y ha convertido los alimentos en una mercancía al mejor postor.

La crisis alimentaria que enfrenta el mundo en la actualidad es una crisis del sistema capitalista; una crisis económica y financiera con gravísimas consecuencias sociales. Es por ello que analizar la crisis alimentaria global con una crítica al modelo agroalimentario neoliberal vigente implica insertarla en una crisis de paradigma, una crisis del sistema capitalista que busca anteponer intereses particulares por encima de las necesidades colectivas.

Algunos autores como Bernstein (1994) considera a la desigualdad de alimentos como un tema complejo que abarca la constante privación de alimentos especialmente en zonas empobrecidas o de rápido crecimiento, es por eso que varios expertos adjuntan a la inequidad alimenticia como un efecto del crecimiento económico insostenible e inequitativo. Además manifiesta la necesidad de una reforma encaminada al beneficio de las pequeñas zonas agrarias de los pequeños productores y propone un desfragmentación de la producción de alimentos mediante nuevas políticas a favor de la distribución de la tierra.

El Grupo ETC (2006) señala que hoy en día el 82% de las semillas de los alimentos que son comercializadas en el mundo están patentadas, de las cuales solo diez empresas, entre ellas: Monsanto, Delta & Pine Land, Dupont, Syngenta, Grupo Limagrain, Land of Lakes, KWW AG, Bayer Corp Science, Takii, Sakata y DFL-Trifolium; controlan el 77% del mercado internacional, de estas tan solo tres; Monsanto, Dupont y Syngenta controlan el 47% del comercio. En ese sentido, la alimentación está determinada por los intereses de las empresas antes mencionadas, las cuales buscan lucrar con algo tan sustancial e imprescindible como son los alimentos, siendo este el interés que está por encima de promover un mundo rural vivo y la salud de los habitantes bajo una alimentación sana, saludable y diversa.

Las transnacionales les interesa producir masivamente porque los gobiernos les subvencionan, es decir, la política agrícola como tal les apoya. La política agrícola comunitaria en muchos países apoya a unas determinadas agroindustrias y terratenientes para que produzcan unos determinados productos, que generan un excedente que la población nacional ya no consume, siendo estos subvencionados, se vende en los países del Sur por debajo de su precio de costo, provocando así una competencia desleal a los productores autóctonos.

Este modelo agroindustrial neoliberal ha multiplicado las enfermedades comunes vinculadas a alergías entre niños y niñas, problemas de sobrepeso y cáncer debido al uso de altas dosis de fitosanitarios, pesticidas, edulcorantes, potenciadores del sabor, aspartamo, entre otros; en aquellos alimentos que consume la población, generando de este modo la población sea acreedora de los costos ocultos de este modelo que perjudican directamente a la salud humana. A continuación se presentan algunos indicadores que ofrecerán al lector una breve mirada empírica de la crisis alimentaria global.

La mayor parte del tiempo los organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional (FMI), la FAO, y el BM han expuesto a los países diferentes medidas para hacer frente a la crisis alimentaria bajo la denominación de “Economía Verde”, las cuales consisten en apropiarse aún más de las zonas rurales con el fin de privatizar la tierra, el agua, los océanos, territorios indígenas, parques nacionales y reservas naturales.

Estas medidas afectan a las creencias, costumbres, culturas, hábitos y saberes de las comunidades más vulnerables que día a día sufren por la voracidad del capital, el mismo que promueve la mercantilización de la vida y la naturaleza. De este modo, las políticas capitalistas generaron una política industrial que dio paso a la privatización de los recursos naturales, donde la producción está al servicio de ese 1% representante del capital agroindustrial. Se observa también que las falsas soluciones del capitalismo para enfrentar la crisis alimentaria son similares a las que plantean los organismos internacionales para acabar con la crisis económica, financiera, ecológica y climática global, las mismas que conducen a una situación de banca rota, especialmente de las economías periféricas.

En la actualidad suman 795 millones de personas en el mundo las que no cuentan con acceso al agua, tierra, semillas y el suficiente poder adquisitivo para cancelar el valor de los alimentos, el mismo que incrementa muy seguido, debido a las especulaciones de un conjunto de transnacionales que controlan toda la cadena de producción, distribución, comercialización y consumo de los alimentos, es decir, desde la siembra de la semilla hasta el consumo del fruto.

Las recomendaciones de política expuestas por los principales organismos internacionales para enfrentar la crisis alimentaria a través del modelo de “Economía Verde”, no es nada más que una nueva ofensiva del capital para hacer negocio de lo que aún subsiste en los ecosistemas. Estas políticas antagónicas no sacaran al mundo de la crisis alimentaria porque son las que han generado la persistente situación de hambre, desigualdad y pobreza.

La discriminación de género para el otorgamiento de créditos perjudica aún más la situación económica de la mujer, pues esto pone muy claro la evidencia del gran conglomerado de mujeres campesinas que han trabajado toda su vida en el campo y no han cotizado para su seguridad social y jubilación. Por lo tanto plantear alternativas al modelo alimentario agrícola actual no sólo desde una óptica capitalista, sino que desde una óptica feminista, porque son las mujeres quienes aportan una gran parte de la mano de obra agrícola.

La población campesina desaparece porque sus ingresos se encuentran por debajo de la media lo que ocasiona que los habitantes de las zonas rurales abandonen los campos porque es difícil e insostenible el empobrecimiento del campo. Resulta claro que el capitalismo no puede vestirse de verde, ni de rostro humano. Es por eso, que lo que se necesita es un cambio de sistema y de lógica que priorice las necesidades de toda la población antes que los intereses del poder transnacional, que equipara la mayor concentración de riqueza e ingresos en el mundo.

El mundo cuenta con los alimentos suficientes para abastecer la demanda de necesidades alimenticias de la población global. El problema es que la gente no puede adquirir la comida por falta de poder adquisitivo, es decir, lo que no existe es el acceso a los alimentos. Por lo tanto el derecho a la alimentación ha dejado de ser un derecho. Hoy en día alimentarse es un privilegio ante la determinación del poder imperial de las transnacionales que han secuestrado la democracia alimentaria al servicio del capital.




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* Zavala Samaniego
Instituto Tecnológico Superior Eugenio Espejo ITS EE. Riobamba, Ecuador

* Cevallos Vallejo
Instituto Tecnológico Superior Eugenio Espejo ITS EE. Riobamba, Ecuador

* Heredia Barreno
Instituto Tecnológico Superior Eugenio Espejo ITS EE. Riobamba, Ecuador