El conflicto interno en Colombia se prolongó por más de 50 años, deterioró la dinámica social, las actividades de diversión y aprendizaje referentes a la cultura, y específicamente las expresiones artísticas. Samaná, fue uno de los municipios más afectados, teniendo cifras que ponen al 90% de la población como victima de la guerra, pese a todo lo ocurrido sobrevivieron en la escena artística la danza y la música; adicionalmente, el trabajo con el muralismo y el teatro, son nuevas formas de expresión y con las cuales se ha evidenciado que las heridas de la guerra en los jóvenes se convierten en motivo para aprender, divertirse y reconocerse como habitantes y responsables de su territorio, su presente y su futuro. Con este trabajo es buscar a través de diversas expresiones artísticas una opción de aprendizaje, sensibilización y ocupación del tiempo de ocio entre la juventud samaneña, usando un método dialéctico de acción participativa para la construcción de ese espacio.
En el conflicto colombiano no todo el territorio se vio afectado de la misma manera, existen lugares donde llego muy poco y otros donde se desarrolló con más vigor y barbarie, Samaná es uno de ellos. En este trabajo veremos cómo algunas formas de arte se mantuvieron en la escena local, cómo pueden ser interpretadas las actividades artísticas en forma de resistencia a los embates de la guerra que infortunadamente marcaron la vida cotidiana en este municipio. Pero, si bien es importante que hablemos de las afectaciones causadas por el tiempo de conflicto, será fundamental el presente de tranquilidad y resiliencia que goza este pueblo, específicamente hablando del trabajo de un grupo de jóvenes con la música y la danza, espacios que permanecieron durante la guerra bajo condiciones de adaptabilidad que se vieron obligados a asumir por los constantes toques de queda y otras normalidades de una discordia política y el consecuente estado de confrontación militar, así como la disposición de otro conjunto de personas que iniciaron un proceso con el muralismo y el teatro recientemente, de la mano de un proyecto llamado “co-creación para la paz en Caldas: capacidades y saberes de las comunidades como punto de partida para las políticas de convivencia” apoyado por la Universidad de Caldas y la Universidad Nacional sede Manizales. La pregunta guía será entonces ¿cómo se mantuvo la escena artística, en qué formas se veía presente entre la juventud samaneña en tiempo de conflicto y en qué medida las nuevas propuestas funcionan como pretexto para aprender, divertirse y dejar atrás las amarguras de la guerra?
Desde finales de la década del 90 entra fuertemente la lucha armada a Samaná, pero es en el 2002 que se agudiza, llegando a cifras altísimas en cuanto hechos victimizantes, asesinatos, desplazamientos, tortura, desaparición forzada, delitos sexuales, violación de derechos humanos, terrorismo, secuestro, en pocas palabras en Samaná se vivieron las 13 categorías contempladas en la ley 1407 de 2011 para determinar jurídicamente cuales fueron las acciones ocurridas en el conflicto colombiano. Es de esperar que la vida allí cambiara, las relaciones sociales agonizaban, difícilmente se mantenían los lazos familiares en los casos donde aún quedaban personas a quien amar, pensemos entonces que si así fue con algo primordial en la vida humana como la dimensión afectiva familiar y social, los espacios culturales y recreativos quedaron totalmente relegados a las obligaciones concernientes al colegio, he incluso a pesar del compromiso institucional de los jóvenes en Samaná hubo momentos en que los enfrentamientos, las amenazas y la misma tensión entre las personas hacia que llegase a ser nulo ese momento de ensayo y casi fue inexistente el instante de presentar el trabajo por medio de comparsas o conciertos, ya fuera para danzas o para la banda, que durante un tiempo, casi una década, fue lo único artístico que se mantuvo, por lo menos en la esfera de lo publico. Debemos señalar que hacemos referencia a lo publico, pues entre los samaneños han existido otras instancias dedicadas al arte como la pintura, el dibujo, el tatuaje, la escritura y otras expresiones, pero se quedan en la parte privada y no se convierten en generadoras de convivencia, son actividades particulares y al rededor de estas actividades no se crean espacios de reunión.
Podemos decir que en la vida publica y como alternativas de ocupación del tiempo entre los jóvenes hay cuatro expresiones del arte presentes en la actualidad de Samaná: la danza, la música, el muralismo y el teatro. Como ya habíamos anotado más arriba, las dos primeras se han mantenido en el tiempo; el caso del teatro es especial, allí antes hubo un grupo bien estructurado e incluso escribían su propio material, pero se acabó en 1998; el muralismo es la propuesta más novedosa, pues durante el conflicto los muros solo eran pintados con amenazas y los nombres de los grupos armados, ahora se pintan de colores y formas bellas; en la música hay un significado emblemático por haber sido la muestra de la resistencia de un pueblo, ver entre miles de campesinos desplazados del corregimiento de Florencia, la zona más terriblemente golpeada por la barbarie ocurrida en Colombia, con lo poco que pudieron sacar de ropa y sus guitarras y tiples terciados, tocándolos mientras llegaban a la cabecera municipal, a pesar de estar encarnando el desarraigo, las escalas musicales sonaban al ritmo de sus pasos; en la danza hay un elemento metafórico, refleja el movimiento de los pies, el no quedarse en un solo lugar, conservando la alegría en la sonrisa coqueta de la bailarina. Y el teatro, representa un renacer, después de muchos años a Samaná regresa el arte escénico, luego de haber vuelto la tranquilidad, los jóvenes ahora pueden salir de sí mismos y ser alguien más, vivir por un rato las miserias y alegrías de la fantasía dramática.
Es conveniente seguir a Adorno (1969) y preguntarnos ¿qué significa superar el pasado? Y más aún, si realmente se quiere superar en el sentido de borrar de la memoria o mantenerlo vivo e imponerse a él con la fuerza del presente más inmediato, con la consciencia puesta en que no se puede cambiar lo acontecido pero si está en las manos de las nuevas generaciones construir nuevos recuerdos más grandes y sublimes que los del pasado reciente; sin duda hay una distancia entre el contexto de lo escrito por Adorno y lo ocurrido en Samaná, además de las obvias diferencias, los actores del conflicto en esta parte de Colombia no son fácilmente identificables así sea de publico conocimiento que los mismos vecinos participaron activamente en tantos acontecimientos desafortunados, es más cercano al genocidio de Ruanda, en el sentido que eran amigos y vecinos matándose entre ellos, pero también se diferencia por la clandestinidad de las acciones. Superar el pasado para los habitantes jóvenes de Samaná es levantar la mirada, darle la mano al vecino y construir comunidad, hoy se hace a través del arte, visto como una manera de sensibilizar a las comunidades y así evitar que se vuelvan a vivir momentos de angustia, temor e incertidumbre por la guerra, aunque también siguiendo a Adorno (1969) una educación estética no garantiza la no repetición de la barbarie. Por otro lado, es necesario pensar si lo que se busca es suprimir los instintos violentos que produjeron los desmanes de la guerra o únicamente sublimarlos a través de la expresión, en este caso tenemos que recurrir a lo planteado por Freud (1920) y ver al hombre como la conjunción de dos pulsiones, a saber eros y tanatos, a través de las cuales se consigue una humanidad equilibrada si ambas se mantienen en la tensión necesaria, no pretendemos por medio de la sensibilidad que puede cultivar el arte eliminar los impulsos agresivos, sino re-dirigirlos hacia instancias productoras de confianza entre la ciudadanía samaneña.