El presente trabajo pretende retomar y contextualizar la continuidad del pensamiento de hegemonía de Karl Marx en Gramsci, que más allá de la teoría del consenso, debe ser concebido y formulado desde un complemento del Estado-fuerza-dominación, donde la construcción de hegemonía implica establecer alianzas y acuerdos, y al mismo tiempo ejercer coerción sobre las clases subalternas, para dicho análisis estudiaremos la relación del gobierno de la Revolución Ciudadana (2007-2017) con los grandes grupos económicos del Ecuador, para dilucidar si bajo este periodo se construyó hegemonía o dominación en términos de dirección política y cultural.
El marxismo volvió a estar en auge, después de un largo sueño impuesto por el pensamiento dominante, las ideas de Marx despertaron después de la crisis financiera global del 2008, los conceptos, ideas y teorías desarrolladas por él y sus adláteres han resurgido con una fuerza impensable. Sin embargo, Marx quedará atrapado bajo un economicismo -y en la gran mayoría de las veces, mal interpretado-, en palabras de Kohan (2013), el militante comunista prusiano quedará como aquel que supo dilucidar los entresijos del capital, desde una perspectiva económica, sin embargo, no tuvo tiempo de teorizar a profundidad el rol del Estado, del poder, la política, la cultura y la dominación, ideas que mencionó pero no desarrolló, y hoy en día, estas resultan envejecidas, a-históricas, sin embargo algunos de sus discípulos las retomaron y re construyeron en base a ellas un andamiaje teórico-conceptual que ha sido y es muy útil en el siglo XXI, como lo fue principalmente lo elaborado por Antonio Gramsci.
La tradición marxista en obras como el Manifiesto Comunista, El 18 Brumario, La Comuna de París y Lenin sobre El Estado y la Revolución, conciben al Estado explícitamente como aparato represivo (Althusser, Gruppi, Paredes, 1974). La importancia de este artículo recae en percibir y entender en Gramcsi una continuidad del pensamiento de Marx, el italiano sí que entendió y desarrolló la importancia de la cultura, el poder, la dominación, el diálogo y el consenso. Conceptos tan importantes para entender hoy en tiempos de postverdad trumpista y de una clase obrera disminuida, sin rumbo ni convicción de hacer frente a los cambios del gran capital y del discurso en la política.
Es sabido, y desarrollado por teóricos como Giovanni Arrighi, Perry Anderson, David Harvey, la línea de pensamiento de la escuela cepalina entre otros; que el capitalismo solo provoca desigualdad y acumulación en manos de unos pocos, que ha traído consigo frecuentes y cada vez más profundas crisis, sin embargo, a pesar de sus errores y su fragilidad como sistema, sigue en funcionamiento. Si el modo de producción capitalista ha podido perdurar y continuar la reproducción de capital, no ha sido solamente basándose en la explotación económica y en la obtención de plusvalía, sino que en el ejercicio del poder y la explotación han existido otras categorías, situaciones que Marx no terminó de escribir en sus manuscritos y que han fungido como rol considerable en la continuidad del sistema capitalista a escala mundial.
Gramsci es sin duda, entre los teóricos del marxismo, quien más ha insistido sobre el concepto «hegemonía», y lo ha hecho en especial invocando a Lenin (Gruppi, 1978). López (2000) insiste que en Marx el problema de la «hegemonía» no fue planteado de una forma conceptual, pero sí formulado intrínsecamente en sus postulados, donde insistía en el rol fundamental que desempeñaría la clase obrera sobre la nueva sociedad que debía promover; mientras que Lenin tiene el mérito histórico de haber formulado por primera vez el término de «hegemonía». El continuador del pensamiento marxista concibe a la «hegemonía» como el modo que la clase dominante somete a la clase proletaria, a través del ejercicio del consenso social desde la economía y la política (Sacristán, 1969), en el cual ésta fundamentalmente se ejerce desde la cultura, y se instala desde el modelo educativo, las instituciones religiosas y los medios de comunicación, todo este conjunto al que él denomina «sociedad civil».
La teorización de la «hegemonía» en Gramsci representa un caso completo y complejo de estudio dedicado principalmente al comunismo de Europa occidental. En tal sentido, es necesario revisar las nociones fundamentales de su pensamiento que no pueden separase del estudio de la «hegemonía». Precisamente, mediante el estudio de “El Principe”; Gramsci comprendió que en las sociedades avanzadas el poder no sólo se manifestaba mediante mecanismos coercitivos, sino que se generaba a través del consenso y el consentimiento, donde era necesario ejecutar una «guerra de posiciones» para modificar el balance del poder. Además entendió que en Occidente se fue consolidando y gestando sistemas democráticos, en los cuales sus Estados apuntaban hacía la política hegemónica. Lo cual, desde el ámbito del «bloque histórico» que propone Gramsci; sería la sociedad civil + sociedad política = Estado; lo que permite construir «hegemonía».
Gramsci como continuador del pensamiento de Karl Marx, nos permite afirmar que si un Estado mantiene su dominio gracias al consenso y existe una sociedad civil desarrollada, no será suficiente que la clase obrera organizada alcance el poder, puesto que, la dominación continuará latente en el seno de la sociedad civil, y es allí donde se deberá comenzar conquistando de manera progresiva espacios de poder como la economía, la cultura, la religión, entre otros, aspectos que no terminó de conquistar Alianza PAIS. Frente a ello se afirma que durante su década de gobierno no construyó hegemonía en términos de dirección política y cultural, y que tampoco fue su propósito construirla, sino que llevo el ejercicio del poder vía dominación. No obstante, si quisiéramos lograr una verdadera Revolución Ciudadana, concebida como un proceso verdaderamente emancipatorio de las clases dominadas, se debería partir desde una perspectiva política, ideológica y cultural, que no consienta la explotación de 215 élites económicas, sino que responda a las clases subalternas.
Además, Gramsci logró concebir la especificidad que implica construir hegemonía en un momento dado, y que enarboló un maridaje entre la economía y la política (previamente divorciado por la vulgata estalinista, Dhuring y el mismo Engels, que encasillaron el poder en la política y en la economía, respectivamente); pero no sólo ello, sino que también unificó la filosofía de la praxis, materializando lo que el maestro Karl Marx habría escrito en sus tesis sobre Feuerbach y que tanto se ha hecho hincapié en su 11° tesis, llevando del campo de la praxis a la unidad de su dimensión teórica o filosófica. Es por tanto, que Marx, como Gramsci, siguen vigentes en este siglo XXI, otorgando las herramientas, conceptos teóricos, para interpretar, entender y modificar este interregno en el que vivimos.
Finalmente, este documento pretende complementar y alimentar el debate sobre la hegemonía durante el gobierno de la Revolución Ciudadana, y para ello es necesario enfatizar que los cuadernos de la cárcel de Gramsci son apuntes más lacónicos y exploratorios que concluyentes (Forgacs, 1989). Dicho de otro modo sus cuadernos constituyen un mapa más que una hoja de ruta, donde la interpretación de cada teórico puede constituir una interesante discusión de acuerdo a la formación y perspectiva de cada uno, constituyendo este articulo solamente una hebra más dentro del amplio tejido que constituye el pensamiento marxista y gramsciano en cuanto a hegemonía y las clases dominantes.