Print Friendly and PDF



Resumen de ponencia
Zonas de Sacrificio Invisible: El Caso de Nonogasta, La Rioja, Argentina

*Clara Olmedo
*Iñaki Ceberio De León
*Pablo Daniel Sánchez Latorre



La noción de zona de sacrificio, propuesta desde la academia norteamericana (Lerner, 2010; Hooks & Smith, 2004; Fox, 1999) es una interesante herramienta teórica para abordar esos “otros” tipos de desigualdades e injusticias en zonas marginales de nuestra región, como por ejemplo el caso de la localidad de Nonogasta, provincia de La Rioja, en Argentina. Esta comunidad sufre hoy las consecuencias de un desastre socioambiental, cuya trama sociopolítica e histórica la convirtió en una zona de sacrificio que, desde diferentes gobiernos, y justicia intentan invisibilizar.
Nonogasta, una comunidad de cerca de diez mil habitantes en la zona noroeste de la provincia de La Rioja, sufre los efectos de la contaminación causada por una industria curtidora de cueros que, a lo largo de más de tres décadas, ha utilizado el territorio local como un basurero industrial a cielo abierto y tierra descubierta para verter sus efluentes líquidos y residuos sólidos. La curtiembre ha acumulado toneladas y toneladas de residuos tóxicos (líquidos y sólidos) que drenan a las capas freáticas y se volatilizan en el ambiente, afectando no solo a la comunidad local sino a los pueblos aledaños. Pero a pesar de las dimensiones y gravedad de este desastre ambiental, el sacrifico humano y natural se invisibiliza con discursos y acciones de poder que hacen tolerable el silencio de las autoridades, la justicia, la ciencia, que en el mejor de los casos niegan o minimizan la contaminación y su impacto en la vida de este pueblo.
En este marco, el pensamiento crítico deviene una valiosa herramienta para pensar las turbulencias del Siglo XXI desde y para otros lugares, diferentes a los que históricamente fueron las referencias del conocimiento científico. El mundo actual nos enfrenta a nuevos escenarios que desafían a las democracias y a los sistemas de derechos consagrados en nuestros aparatos jurídicos. De manera particular, nuestra sociedad está atravesada por una crisis ecológica que, más allá de su carácter global, tienen impactos diferentes según los territorios y las poblaciones de quienes se trate. En particular, esta crisis tiene efectos devastadores en esos “subconjuntos de la humanidad a los que no se reconoce su carácter plenamente humano, lo que hace que su envenenamiento en nombre del progreso resulte aceptable”, como dice Naomi Klein (2015). Por ello, el abordaje de casos como el desastre socioambiental de Nonogasta demanda enfoques desde las vivencias de los pueblos pobres, marginados y olvidados; tomando conciencia que para este “subconjunto de humanidad” los daños ambientales revisten mayor gravedad, en tanto vulneran aún más su ya precaria condición humana. Aquí, pobreza, marginalidad y contaminación ambiental se conjugan y configuran nuevos escenarios de conflicto que demandan enfoques “en contexto” para comprender por qué y cómo es que, como reconocen Javier Auyero y Débora Wistun, “los pobres no respiran el mismo aire, no toman la misma agua, ni juegan en la misma tierra que otros (2008:39).
En esa línea de razonamiento, el caso de Nonogasta nos lleva a pensar la crisis ecológica desde el “Sur del mundo”, donde el cuidado y disfrute de los bienes naturales-comunes parece ser un “privilegio” vedado a las poblaciones pobres, a quienes se les impone sacrificios en nombre del trabajo, el desarrollo y el progreso. Pero en un doble movimiento, los Estados modernos imponen el sacrificio al tiempo que invisibilizan el sacrificio humano y del territorio, apelando a promesas de un futuro próspero, donde el bienestar humano viene de la mano de proyectos que económico-productivos para los cuales los costos socioambientales son, en el mejor de los casos, una variable externa (externalidades). Así, el sacrificio humano y natural se esconde detrás de fachadas de industrias contaminantes, proyectos mega-mineros, plantas nucleares, agro-negocios/monocultivos, cuya materialización da cuenta de “una larga historia de desarrollo desigual y combinado, una ruptura a nivel global del metabolismo sociedad-naturaleza, que penaliza crecientemente a la naturaleza latinoamericana y a los pueblos que en ella hacen su vida (Alimonda, 2011: 22). Y de este entramado emergen imaginarios que hacen tolerable el sacrificio de los pueblos pobres, como si éste fuera la condición para hacerlos “merecedores” del desarrollo y el progreso. En otras palabras, un sacrificio que adquiere el carácter de “tributo” que los pueblos pobres rinden al mundo moderno.
Este escenario, del cual Nonogasta es un caso testigo, nos indica que en el “sur del mundo” comenzamos a vislumbrar otro tipo de desigualdades e injusticias, esas que emergen de la toma de conciencia respecto de la gravedad que adquiere la crisis ecológica a nivel global. Y ello nos exige pensar críticamente y resignificar las categorías de análisis para lograr un mejor entendimiento de estos escenarios. En el caso de Nonogasta, la categoría de zona de sacrificio sirve para dar cuenta de las dinámicas políticas, sociales y ecológicas que fueron configurando a esta comunidad y territorio como zona sacrificada. Pero el hecho de ser una comunidad pequeña, pobre y alejada de los centros urbanos de Argentina hace que su sacrificio sea más fácil de invisibilizar. Por ello la noción de zona de sacrificio debe ser fusionada con la de invisibilidad, pues ésta última nos permite interpelar esas dinámicas sociopolíticas que explícitamente construyen lo invisible (cuerpos, paisajes o territorios) a partir de puntos de vista o ideologías (Lindón, 2009; Nogué, 2009), cuyo punto de referencia son las exigencias de los modelos económicos de desarrollo. Una invisibilidad que impide ver y reconocer el sacrificio ambiental de personas y territorio. Pero no podemos dejar de señalar que las zonas de sacrificio invisible del sur del mundo son construcciones históricas que se remontan a la colonización, un momento de cosificación-mercantilización de nuestros territorios, a partir de lo cual la vida en todas sus expresiones se redujo a un simple conjunto de fuerzas productivas fácilmente dominables, desechables. Un punto en el que comienza a forjarse un camino que, con rupturas y continuidades, delineó lo que hoy se denomina la “colonialidad de la naturaleza” (Alimonda, 2011). Entendiendo a la naturaleza “como realidad biofísica (flora, fauna, habitantes humanos, biodiversidad) y configuración territorial (dinámica sociocultural que articula significativamente esos ecosistemas y paisajes) que aparece ante el pensamiento hegemónico global y ante las elites dominantes de la región como un espacio subalterno” (Alimonda, 2011: 22). Y hoy, dice el filósofo africano Achille Mbembe (2011), los Estados tienen como objetivo el control y gestión de la población en cuanto recurso, junto al territorio y lo bienes que en él se hallan. Y en la urdimbre de los Estados modernos del “Sur del Mundo” se teje lo que Mbeme denomina la “necropolítica”, un esquema de acciones u omisiones para “dejar vivir y dejar morir”, según las necesidades de un mundo que ha cosificado-mercantilizado nuestros cuerpos y territorios.
En el caso Nonogasta, los campos aledaños a la curtiembre son esa cosa-recurso natural que le permite a la empresa ahorrar grandes cantidades de dinero en tecnologías para un adecuado tratamiento de sus residuos industriales (líquidos y sólidos). En esta acción, la curtiembre decide dejar morir parte de ese territorio, esa cosa cuyo único valor es ser “receptor gratuito” de los desechos tóxicos de una actividad altamente contaminante. Lo paradójico es que el volcamiento de esos residuos está prohibido por toda la normativa ambiental nacional y provincial. Sin embargo, los gobiernos y la justicia dilatan toda acción bajo el argumento legal de las jurisdicciones de aplicación de las diferentes leyes y la imposibilidad de determinar científicamente el alcance de la contaminación causada por la curtimbre. En el caso particular de la Ley de Residuos Peligrosos (24.051), los argumentos de la justicia local es que se trata de una ley federal y la autoridad de aplicación es la justicia federal. Mientras tanto, el territorio local se muere. Por otra parte, todo reclamo de las personas-cuerpos afectados por la contaminación de la curtiembre choca con el discurso de las fuentes de trabajo (800 aproximadamente) que brinda esta empresa a la comunidad local. La vida, los cuerpos son sometidos al sacrificio, obligados al tributo por el empleo que genera la curtiembre. Las enfermedades, las muertes, en suma, el sufrimiento que causa vivir en un ambiente tóxico se invisibiliza bajo el argumento del trabajo. Incluso el sacrificio de los trabajadores de la curtiembre, que trabajan en un ambiente tóxico y en precarias relaciones laborales, se invisibiliza. En otras palabras, las fuentes de trabajo de la curtiembre son el recurso con que las autoridades legitiman e invisibilizan el sacrificio de las personas y el territorio, a quienes se fuerza a vivir y morir en un ambiente tóxico, sin que el gobierno, la justicia, la academia reparen en ello. Es así como, en la urdimbre de leyes, jueces y saberes el Estado moderno decide que territorio y habitantes de Nonogasta sean sacrificados y este sacrificio invisibilizado, en nombre del trabajo y el desarrollo de este pueblo.

Bibliografía
Alimonda, H. (2011), “La colonialidad de la naturaleza Una aproximación a la Ecología Política
latinoamericana”, En Alimonda, H. (Coord.) La Naturaleza colonizada Ecología política y minería en América Latina, CLACSO, Buenos Aires.
Auyero, J. & y Wistun, D. (2008), Inflamable. Estudio del sufrimiento ambiental, Paidós, Buenos
Aires.
Hooks, G. & Smith, C.L. (2004), “The Treadmill of Destruction: National Sacrifice Areas and
Native Americans”, American Sociological Review; Aug; 69, 4; Research Library Core. Pp. 558-575.
Fox, J. (1999), “Mountaintop removal in West Virginia. An Environmental Sacrifice Zone”
Organization & Environment, Vol. 12 No. 2, June, Sage Publications, Oregon, Pp. 163




......................

* Olmedo
Universidad Nacional de Chilecito - UNDEC. Córdoba, Argentina

* Ceberio De León
Universidad Nacional de Chilecito - UNDEC. Chilecito, Argentina

* Sánchez Latorre
Universidad Nacional de Chilecito - UNDEC. Córdoba, Argentina