A partir de la experiencia docente en una cátedra de Sociología General en la facultad de Psicología UNLP, donde se buscó relacionar la obra de Emile Durkheim con las problemáticas de la actualidad, la ponencia reflexiona sobre el suicidio como problemática social, destacando la necesaria interrelación entre abordajes epidemiológicos, antropológicos, sociológicos y de salud mental, que permitan comprender el fenómeno en su complejidad. Esto, como paso inicial en el delineamiento de una agenda de políticas de salud de busquen tematizar y prevenir esta forma de muerte violenta y voluntaria.
El suicidio es definido por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como “el acto de matarse deliberadamente”. Su prevalencia varía según la población y por catalogarlo como un problema que afecta la mortalidad, se lo considera de salud y que debe, por lo tanto, ser sometido a vigilancia epidemiológica. Por el gran impacto que tienen estas muertes a nivel social, económico y psicológico y, sobre todo, porque afectan en gran medida a los adolescentes y los jóvenes, la OMS y la Organización Panamericana de la salud (OPS), han elaborado un informe denominado Prevención del suicidio, un imperativo de nivel global (2013-2015). Allí se señala al suicidio como un problema de salud pública que afecta a todas las sociedades, por lo que la vigilancia y la prevención deberían incluirse en las políticas públicas. Esto señala también la necesidad de producir conocimiento en torno a este tipo de muertes, intentando comprender las condiciones sociales, históricas, culturales específicas que lo promueven o no.
Así, vemos que remitirse exclusivamente a una explicación individual y psico-patológica del suicidio -fundamentalmente cuando se analizan casos específicos- no alcanza. Desde hace unos años, en Brasil preocupa la tasa de mortalidad por suicidios entre los indígenas, que casi triplica a la media nacional: se calcula un 15, 2 por ciento del total de su población. El 44, 8 por ciento de esas muertes ocurren en personas que tienen entre los 10 y los 19 años. Al respecto, se ha hecho tristemente conocida una pequeña población cercana a Manaus (Sao Gabriel do Cachoeira, Brasil), donde entre 2008 y 2012 ocurrieron 50 suicidios sobre 100 mil habitantes. Esto significa que el 93 por ciento de quienes se quitaron la vida eran jóvenes indígenas amazónicos y, muchos de ellos, lo hicieron consumiendo raíces venenosas.
Ahora bien, ¿podemos entender estas muertes sólo desde una perspectiva individual? Si nos enfocamos en el contexto sociohistórico, vemos que estos municipios eran inaccesibles a la comunidad nacional y urbana hasta la década del 90; hoy, en estos lugares se vive un conflicto territorial y cultural que desestructura las vivencias de las personas, sobre todo de los más jóvenes. El fenómeno colectivo de estos suicidios es, indiscutiblemente, un fenómeno multicausal. En otros países, con otras situaciones sociales e históricas e importantes niveles de desarrollo humano y países con bajos conflictos bélicos y altos grados de satisfacción las tasas de suicidios son también muy altas. En este marco de importantes oscilaciones nacionales, en nuestro país la Dirección Nacional de Salud Mental y Adicciones (DNSMyA) elaboraba hasta 2015 un Informe Anual de Mortalidad por Suicidio (Mortalidad por suicidio en Argentina-Periodo 1997/2012) en base a los datos suministrados por la Dirección de Estadísticas e Información en Salud del Ministerio de Salud de la Nación (DEIS). Esos informes mostraban, tal como hiciera Durkheim en su momento, que las estadísticas ayudan a pensar en los rasgos colectivos de ciertos fenómenos sociales. Además, brindan una epidemiología del suicidio, permiten conocer y visualizar regularidades y características de este tipo de mortalidad en nuestro país, para contribuir a comprender las dimensiones sociales y culturales del fenómeno. Como queda reflejado en los últimos datos, las cifras de Argentina mostraban coincidencias con las estadísticas a nivel mundial: en ambos casos, el suicidio se ubica en segundo lugar sobre el total de causas de muerte en el grupo de jóvenes y de adolescentes; y del total de las muertes violentas intencionales, los suicidios representan, aproximadamente, el 56 por ciento, tanto en los datos nacionales como mundiales. Sin embargo, eran también notorias algunas diferencias: la tasa de suicidio a nivel nacional en 2012 fue de 8 cada 100 mil habitantes y, en 2013, de 7,4, es decir, promedio levemente inferior a la última registrada a nivel mundial (11,4).
De este modo, en un primer apartado de la ponencia, me propongo revisar la estadística existente sobre suicidio adolescente, con el fin de poder situar la problemática local del área urbana del Gran La Plata y establecer las lineas generales de lo que podría ser una epidemiología a escala local. Al mismo tiempo y a partir de dichos datos, la ponencia buscará ordenar y poner de relieve los distintos trabajos y aproximaciones que desde las ciencias sociales han pensado y conceptualizado el suicidio, tanto en términos teóricos como empíricos.