El cantón de Talamanca, es el segundo cantón más extenso de Costa Rica, sin embargo, sólo posee el 0,6% de la población total del país. El 48,1% de su población se reconoce como indígena (INEC, 2011).
Ocupa el penúltimo lugar en el índice de desarrollo social cantonal (MIDEPLAN, 2013) y se ubica en el grupo clasificado 5, con el número máximo de carencias críticas por hogar (INEC, 2011). Según el Observatorio de la Violencia (2012), el cantón de Talamanca ocupa el puesto número 5 del índice general de delitos y por su geografía y por sus condiciones geográficas reporta ser el de mayor incidencia de plantaciones de cannabis (ICD, 2015).
Desde el 2014 posee una declaratoria de emergencia cantonal, por los altos índices de suicidio en personas jóvenes, fundamentalmente en población indígena.
Esta ponencia recupera la experiencia de investigación realizada, por parte de la Universidad de Costa Rica, sobre el análisis psicosocial del suicidio en población joven indígena Bribri.
El suicidio es un fenómeno social y cultural que ha producido afectación en diferentes territorios indígenas latinoamericanos. Distintas investigaciones (Corpas, 2011; UNICEF, 2001; Boletín Epidemiológico, 2010-2014; Azuero, Arreaza, Coriat, Tassinari, Faria, Castaneda y Rosselli, 2017) dan cuenta de que el suicidio en poblaciones indígenas se relaciona con violencias sociales, políticas, culturales y económicas.
El análisis realizado permite constatar estas premisas, identificando que el suicidio en el territorio indígena Bribri es la expresión de un trauma psicosocial, zanjado por prácticas sistemáticas violentas de colonización. Desde esta perspectiva, la conceptualización de Martín Baró (1990) de trauma psicosocial da elementos para entender la noción de esta herida porque refiere a “un daño que no se evidencia únicamente en el individuo, ni de manera homogénea en un contexto social, o sea, ni en el trauma individual ni en el trauma colectivo […] apunta directamente a la naturaleza de las relaciones sociales establecidas (Dobles, 2016, p. 202). Como trauma psicosocial, el suicidio constituye la materialización de la muerte social y cultural previa.
La experiencia de investigación también permitió identificar que el vínculo, la reivindicación de los saberes ancestrales y el fortalecimiento de lo cultural Bribri, constituyen las vías de resistencia. En este marco, producto de una articulación institucional-comunitaria surge como respuesta preventiva en el 2017 el Programa Casitas de Escucha.
En condiciones de extrema vulnerabilización y violencia, cuando fallan las estructuras primordiales, la construcción de relaciones humanas y humanizantes (Martín-Baró, 1988) es la única vía posible de sostenimiento.
El Programa Preventivo Casitas de Escucha se basa en el modelo de Fundamentes y nace como un proyecto de salud mental comunitaria del Hospital Nacional Psiquiátrico. El modelo parte de las siguientes premisas: a. La persona materializa el sufrimiento que genera los contextos de violencia y exclusión. b. La salud mental de las personas y los colectivos tiene que ver con la construcción de vínculo y lazo social. c. La comunidad es el lugar desde donde se puede construir la posibilidad del sostenimiento de lo humano. d. La escucha y la creación son vías de transformación.
La prevención del suicidio se basa en la previsión (Martínez, 2008). La noción de que el vínculo y el fortalecimiento cultural se encuentran los factores de protección por excelencia, permite clarificar que la ruta de un abordaje preventivo desde un modelo de salud mental comunitaria, conlleva la construcción de prácticas comunitarias humanizadoras que permitan “el encuentro, la autoestima, la integración y las posibilidades reales de construir subjetividad e intersubjetividad (González, 2010, referido por Dobles, 2016, p. 2002).
El modelo de atención psicosocial se conceptualiza a partir de la topología psicoanalítica, derivada de las matemáticas, denominada “Nudo de Borromeo”, en la cual tres aros se entrelazan de manera interdependiente, de modo que, si uno se suelta, se sueltan los tres. Estos tres aros son: el eje clínico, que se centra en el elemento de la escucha que sostiene, resignifica y transforma. El eje educativo que expresa el elemento del lazo social, que constituye la posibilidad de inclusión social y construcción de proyecto de vida. Y finalmente el eje creativo, dónde el arte abre una vía para la creación y a un lenguaje, que no pasa necesariamente por la palabra (Chacón, 2018).
Por tanto, esta ponencia, no sólo dará cuenta de los resultados de la investigación, sino de la construcción colectiva de una respuesta de resistencia comunitaria en un territorio dañado por prácticas sociales violentas.