Los desequilibrios macroeconómicos se han agudizado en los últimos cuatro años y se han hecho insostenibles. Lamentablemente, Venezuela ha ocupado espacios en las noticias internacionales por diversas razones, entre ellas, los desequilibrios fiscales, monetarios, cambiarios. Esta situación es esencialmente producto de los desarreglos financieros del sector público, los cuales lo están llevando a la insolvencia, una caída nunca vista del Producto Interno Bruto, PIB, al igual que la producción petrolera. No conforme con esto, también la inflación se ha acelerado y hemos entrado en el umbral de la hiperinflación, pero lo más dramático de todo esto es el agudo empobrecimiento que está causando en la población venezolana. La aceleración inflacionaria ha trasladado a 10 millones de personas, por debajo del umbral de pobreza entre los años 2015 y 2016.
Otros elementos, característicos de los desequilibrios macroeconómicos son los diversos controles que ha establecido el Estado. Entre ellos se pueden citar. Los cambiarios y de precios. La dramática caída de las importaciones y del PIB a partir del año 2013, aunado a los controles de precios de bienes estratégicos para el consumo promedio del venezolano, provocaron una escasez muy profunda, que incentivó el crecimiento exacerbado de todos los precios de la economía. Durante el control cambiario (período 2003- 2016) la inflación creció en 37.606%, lo que significa una tasa promedio anual de 48%, la más alta del mundo. Así, un control cambiario con alta inflación interna sobrevaluaba la moneda haciendo más rentable importar que producir, y perdiendo el productor nacional toda competitividad frente a socios comerciales regionales y globales.
El control cambiario implementado en el año 2003 por el gobierno, ha profundizado los desequilibrios en todos los mercados de la economía venezolana, al abaratar las importaciones y agudizar la dependencia de la economía al rentismo petrolero, con la consecuente vulnerabilidad de la producción a los shocks externos. Este control de cambio desencadenó la caída de la producción, el aumento de la escasez y la inflación, también, aumentos en la fuga de capitales, por la caída del valor de la moneda nacional; así mismo, la deuda externa se incrementa, incentivada por una política fiscal y monetaria expansiva, las cuales agravan el déficit fiscal y la inflación, y ha hecho caer el salario real de los venezolanos a los niveles más bajo de América Latina. Todas estas consecuencias funestas nos indican que el control cambiario fue el iceberg contra el que chocó la economía venezolana, antes de empezar a hundirse.
La inflación sigue siendo un tema de interés en Venezuela, ya que es uno de los desequilibrios macroeconómicos más exacerbados. Esta variable ha experimentado un incremento significativo, tanto en su nivel como en su volatilidad. Así, desde mediado de los años 80, del siglo XX, la tasa de inflación viene mostrando una marcada tendencia a crecer. Esto, pudiera estar reflejando problemas de persistencia en su dinámica fundamental .
La persistencia inflacionaria implica que la inflación actual puede ser explicada estadísticamente por la inflación pasada a través de la detección de autocorrelación y memoria en la serie de tiempo (Urdaneta, 2013). Esta resistencia se debe, en principio, a la pérdida de credibilidad en las políticas monetarias emitidas por la autoridad monetaria en conjunción con los intereses del ejecutivo nacional. Las políticas económicas se ven afectadas en un contexto de alto déficit fiscal, disminución de reservas internacionales, monetización del déficit fiscal a través del crédito interno o a través de la inconsistencia dinámica. Ésta reside en la percepción que tiene el público sobre la efectividad que tendrán las políticas a futuro y con ello el incentivo por parte de la autoridad monetaria para desviarse de los planes anunciados. [Véase Urdaneta, 2013 y Torrealba, 2015, entre otros]
La inflación en Venezuela posee un componente inercial, fiscal y cambiario. Existe una gran variedad de estudios empíricos en Venezuela, que confirman la importancia que tienen el componente inercial y fiscal en la explicación de la inflación. Por ejemplo; Dorta, Guerra y Sánchez (2002). Esta situación conlleva, al igual que en otros países latinoamericanos, que aun asumiendo una fijación automática del tipo de cambio nominal, la tasa de inflación tarde en converger. La persistencia resta eficacia a los intentos de detener la inflación con políticas monetarias contractivas y puede elevar lo que se denomina la tasa de sacrificio. En otras palabras, se define como el costo que, en términos de producción y/o de empleo, se requiere para disminuir bajar la tasa de inflación.