En las últimas décadas, la forma de justicia relacionada con los períodos de transición política, de la guerra a la paz, del régimen dictatorial al régimen democrático, llamada particularmente Justicia Transicional (JT), ha estado en el centro de debate de distintas disciplinas y ha sido objeto de distintos diseños institucionales, que van desde mecanismos judiciales dirigidos a sancionar a los responsables hasta el establecimiento de mecanismos oficiales e incluso extraoficiales como las Comisiones de la Verdad (CV). Un instrumento valioso y complementario para fomentar la reconciliación, el perdón y la restauración de la dignidad de las víctimas. Colombia no escapa de dicha lógica. Recientemente el gobierno y las FARC acordaron establecer la “Comisión para esclarecimiento de la verdad”. Además de contemplar una participación amplia de las víctimas individuales y colectivas, da un carácter particular a la victimización sufrida por las mujeres, y a las formas diferenciadas en las que el conflicto ha afectado a los pueblos indígenas.
Sin embargo, en este escenario es escasa la participación y la inclusión de las demandas de las mujeres indígenas (MI). Más allá de la regulación normativa no han existido mayores intentos por parte del gobierno ni de las organizaciones indígenas miembros de la MPC por incluir a las mujeres indígenas, pues su interés ha estado en la restitución de tierras y en la reparación colectiva. De esta manera, el objetivo es analizar cuáles son los retos y limitaciones de las MI en el marco de la implementación de la JT, particularmente la CV. El punto de partida es que la perspectiva de género en las CV contribuye a recoger las perspectivas de los roles desempeñados por hombres y mujeres antes y durante el conflicto. Así, serán visibles las violencias a las que se han enfrentado las mujeres indígenas, que además de ser de carácter sexual, también son espirituales, económicas y territoriales. La CV para asegurar los derechos de los MI, deberá centrarse no sólo en violaciones individuales y recientes, sino también en las afectaciones pasadas, colectivas e internas.
La violencia se da no solo en la esfera pública sino también privada. Las mujeres siguen siendo vulnerables a violencia íntima pero también son, como se ha documentado ampliamente, el blanco de la violencia basada en el sexo, que es íntimamente relacionada con los métodos y medios de guerra usados por los combatientes, precisamente por el hecho de ser mujer. Adicional a eso, las mujeres indígenas sufren un gran impacto cultural, social, económico y espiritual. Por el territorio en el que se encuentran han tenido que vivir en mayor medida las consecuencias del conflicto armado (reclutamiento de menores, desplazamiento forzado, violencia sexual, entre otros). A nivel interno, también deben enfrentar otro tipo de violencias, desde la agresión doméstica hasta la restricción a participar políticamente. La agresión sexual es un tema oculto en sus comunidades. El estigma, la vergüenza y el daño hacia toda la comunidad son razones para que las mujeres lo mantengan en silencio. Sin desconocer, algunas experiencias recientes de participación activa de las mujeres indígenas en las organizaciones locales y nacionales que permiten ver como han logrado subvertir algunos roles impuestos y entrar en las discusiones actuales sobre la JT y la violencia de género, como la Comisión Nacional de Mujeres Indígenas.
Con relación a la metodología, el artículo parte de una etnografía multisituada (Marcus 2001), esto es, una etnografía siguiendo el “discurso” de la JT, las “historias de vida” de las mujeres indígenas y los “actores” que se encuentran inmersos en los escenarios de discusión a nivel internacional y nacional, y que participan en los diferentes diplomados de la Escuela Intercultural de Diplomacia Indígena (EIDI). Entre las técnicas para recolectar información se encuentran el análisis documental, los talleres interculturales y observaciones etnográficas. A lo largo de los últimos años, la metodología empleada en el programa intercultural de la EIDI ha consistido en una “reflexión-acción participativa” (Fals Borda 2007) como eje fundamental del proceso formativo, y en la incorporación de “nuevas metodologías de aprendizaje intercultural” que recogen técnicas como cartografía del cuerpo y procesos de reconstrucción de memoria a través de la pintura, dibujos y cantos. Finalmente, conforme a una investigación realizada en 2013 sobre la articulación o no de los mecanismos de la JT y el derecho propio indígena en Colombia, no es posible analizar el discurso jurídico de la “verdad” para “todos” los pueblos indígenas como un único universo social, por lo que el artículo presenta algunas situaciones que atraviesan las mujeres indígenas, sin el ánimo de establecer un paradigma general de sus violencias, pues cada región tiene su impacto, sus causas y actores del conflicto armado predominantes.