América Latina en la actualidad se encuentra sumergida en una vorágine de fuerzas de cambio social generadas en el proceso actual de desarrollo capitalista. Cada avance de capital en este proceso se puede ver en dos dimensiones: por el desarrollo de las fuerzas de la producción; y un cambio o una transformación correspondiente en las relaciones sociales y en la resistencia a los avances de capital. Es decir, la evolución de capitalismo en la región se lo puede trazar en forma de un doble ciclo de desarrollo y resistencia con el propósito de desentrañar las dinámicas y la forma particular que asuman las fuerzas de resistencia al capital extractivo, en el marco de lo que, en términos de la economía política marxista, concebimos como una nueva geoeconomía y geopolítica del capital.
Nuestro argumento central es que lo que en este contexto se produce es un cambio en las dinámicas y la forma de resistencia: de una lucha de clases por la tierra y por el trabajo, a una lucha territorial para recuperar el acceso a un bien común y combatir las nuevas fuerzas del desarrollo capitalista comandadas por el capital extractivo para salvaguardar el derecho de las comunidades a la naturaleza y a la sustentabilidad de su modo de vivir y su cultura.
Para desarrollar este argumento partimos de una reconstrucción del entorno y el contorno en el que se despliega el capitalismo contemporáneo y el ciclo de desarrollo-resistencia asociado a él, enfatizando la coexistencia y combinación especifica de dos formas de capitalismo, una basada en la relación capital-trabajo, o la explotación de la fuerza de trabajo excedentario proveniente de la agricultura, y otra sustentada en la apropiación de la naturaleza—la extracción y explotación de los recursos naturales para ser exportados en forma primaria (extractivismo). Se trata, en el fondo, de una lucha imperialista encaminada a la apropiación de rentas del suelo como forma de interferencia en el proceso de distribución global del plusvalor a través de la implantación de nuevas formas de ‘acumulación por desposesión’ (Harvey, 2005) o despojo. En segundo término, analizamos las dinámicas económicas y políticas del capital en el marco de esta segunda forma del capitalismo de corte expoliador y rentista. En tercer término, abordamos la forma y el alcance de las fuerzas de la resistencia generadas por los avances del capital extractivo. Nuestro argumento aquí es que el activismo de la resistencia y de la lucha popular en forma de movimientos sociales tiene su base en las comunidades indígenas y no-indígenas enclavadas en los linderos de la actividad extractiva. Es decir, las comunidades resultan ser el nuevo sujeto revolucionario que lidera la lucha contra capitalismo en sus varias formas, en contra las fuerzas que tienden hacia el desplazamiento de la población rural, aglutinando diversas fuerzas de resistencia. Finalmente, se sugiere que la resistencia en el contexto actual asume la forma no solo de una lucha por el territorio, sino de construcción de una economía social y solidaria (ESS) que prohija un modelo incluyente y alternativo con respeto al desarrollo capitalista en su forma neoliberal y extractivista. Estas alternativas se construyen desde abajo y desde adentro de las comunidades y los movimientos.
NOTA que el concepto de ‘común global’ o los ‘bienes comunes’ tiene varios puntos de referencia relacionados con la resistencia popular en la frontera extractiva. Incluye la noción de un espacio territorialmente definido adonde los miembros de la comunidad a través de sus acciones colectivas pueden preservar la integridad del medio ambiente y la sostenibilidad de sus medios de subsistencia y forma de vida. En términos más generales, la idea de los bienes comunes globales se relaciona con la noción de recursos culturales y naturales accesibles a todos los miembros de una sociedad, incluidos materiales naturales como el aire, el agua y una tierra habitable. Un estudio de los sociólogos Laval y Dardot (2015) definen los ‘bienes comunes’ (el Común) en términos similares, es decir, como un espacio social donde los habitantes a través de sus acciones colectivas y autonomías pueden preservar el medioambiente y la integridad de la comunidad de las depuraciones del capitalismo, pero también define ‘lo común’ como un espacio de Resistencia. Como en el título de su libro: ‘Lo común no es el consenso; la construcción de lo común debe generar conflicto’.