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Resumen de ponencia
Agenda 2030: la insostenible otredad del desarrollo

*Javier Surasky



En el año 2015 los países miembros de las Naciones Unidas adoptaron por consenso el documento “Transformar nuestro mundo: la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible” (Agenda 2030) presentada como “un plan de acción en favor de las personas, el planeta y la prosperidad [que] también tiene por objeto fortalecer la paz universal dentro de un concepto más amplio de la libertad” (Preámbulo).
Los elementos que se repiten desde intentos anteriores por fijar prioridades globales de desarrollo son varios, entre los cuales destaca el carácter político, no jurídico, de los compromisos asumidos. Sin embargo, aparecen algunas consideraciones nuevas que dan a esta agenda un diferencial respecto de sus antecedentes, entre los cuales podemos destacar la inclusión de 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible dentro de un marco mayor que, por primera vez, incorpora sistemáticamente un capítulo sobre medios de implementación y otro sobre seguimiento de progresos, la definición de una serie de principios básicos a ser considerados en el camino hacia los objetivos y un cambio en el paradigma del desarrollo que, habiendo estado dominado desde los años 1990 por la idea del Desarrollo Humano, va cediendo el lugar de privilegio epistémico al concepto de Desarrollo Sostenible.
Desde una mirada crítica, los elementos principales que van a servir a nuestro análisis en este trabajo son los principios de la Agenda y la idea misma del Desarrollo Sostenible, inextricablemente ligados unos a otros. Para nuestro recorrido nos valdremos específicamente de tres principios incorporados en la nueva agenda global de Desarrollo, a saber: “respeto de los derechos humanos”, “no dejar a nadie atrás” y “universalidad de los objetivos”. Partiendo de los mismos y de la idea del Desarrollo Sostenible, vamos a sostener la insostenibilidad del modelo de Desarrollo Sostenible propuesto basada en la repetición de los esquemas que hacen del “otro” un objeto, al que la Agenda 2030 cubre con nuevas vestiduras pero sin modificar su estado de cosificación.
La referencia al Desarrollo Sostenible como aquel que "satisface las necesidades de la generación actual sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades" presentada en 1987 en el informe Nuestro Futuro Común sigue siendo el punto de referencia al considerar la idea de sostenibilidad del Desarrollo.
Tras la adopción de la Agenda 2030, ese objetivo debe lograrse sin “dejar a nadie atrás”, es decir asegurando que los “beneficios del Desarrollo” lleguen “a todas las naciones y los pueblos y [a] todos los sectores de la sociedad” buscando “llegar primero a los más rezagados” (Agenda 2030, párrafo 4), al tiempo que se logra el respeto universal “de los derechos humanos y la dignidad de las personas, el estado de derecho, la justicia, la igualdad y la no discriminación; donde se respeten las razas, el origen étnico y la diversidad cultural” (Agenda 20030, párrafo 8). Dado que nada de ello será posible sin el compromiso de todos los países (y otros actores involucrados), el principio de universalidad señala que todas las partes tienen tareas por cumplir más allá de su actual “nivel de Desarrollo”.
Sin embargo, como decía Dussel en su libro 20 Tesis de Política, “más allá de la igualdad de la Revolución burguesa se encuentra la responsabilidad por la alteridad, por los derechos distintos, diferentes del Otro” (p.141), por lo cual “los excluidos no deben ser incluidos (sería como introducir al Otro en lo Mismo) en el antiguo sistema, sino que deben participar como iguales en un nuevo momento institucional (el nuevo orden político). No se lucha por la inclusión sino por la transformación” (p. 106).
Es decir que sin afirmación de la propia subjetividad de los dejados atrás por el orden actual no hay espacio para la creación de soluciones sostenibles, como bien lo relataba Octavio Paz en un fragmento de su obra El laberinto de la soledad “una tarde, como oyera un leve ruido en el cuarto vecino al mío, pregunté en voz alta: ‘¿Quién anda por ahí?’ Y la voz de una criada recién llegada de su pueblo contestó: ‘No es nadie, señor, soy yo’”.
La colonialidad y el control del deseo que destruyen la posibilidad de los otros de afirmar su subjetividad impiden, en última instancia, la sostenibilidad de cualquier proceso, incluso el del propio orden moderno/colonial, ya que aun cuando las personas son objetivadas no pueden ser completamente atrapadas por los mecanismos de dominación que intentan el imposible de negarles su ser, por lo que -parafraseando a Adorno en “The Schema of Mass Culture”- podemos decir que en el desesperado cotidiano esfuerzo de repetición constante por aferrar ciertas subjetividades a su no-ser reside la esperanza del fracaso de la dominación, que tal vez un día ya no pueda lograr su fin.




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* Surasky
Instituto de Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de La Plata IRI-UNLP. La Plata, Argentina