A finales del siglo XIX, en 1887, el gobierno Colombiano y el Vaticano, firmaron un concordato que manifestaba que la iglesia apostólica y romana era el elemento primordial del orden social de Colombia y que en la educación pública se debía de enseñar las prédicas, normas y moralidad que defiende dicha religión. En esta época, por lo tanto, muchas órdenes religiosas se encargaron de la educación y el desarrollo de muchas zonas olvidadas por el gobierno central. Es así como llegan al litoral atlántico a principio del siglo XX los Carmelitas Descalzos para llevar a cabo una evangelización de los indígenas que existían en esta región.
A parte de esto existía un interés de los dirigentes antioqueños de colonizar la parte costera de Urabá con la ayuda de las autoridades y la religión católica, mediante la imposición de una moral y una educación contrarias a las tradiciones costeras, más de corte liberal. A pesar de esto “el proyecto de ‘antioqueñidad’ en el ámbito de la educación generó resistencias” (Steiner, 2000, pág. 68:3) debido a que la vida costera era menos recatada y moralista que la vida de la gente localizada entre montañas; sus movimientos eran más festivos y sus prácticas eróticas escapaban a la vigilancia religiosa.
En este contexto, el cuerpo empieza a ser el mecanismo que utiliza la religión católica para sostener una moralidad y colonizar aquella región que tenía más contacto con Cartagena que con Antioquia, y esto lo hicieron controlando las relaciones domésticas, que fueron un determinante esencial para juzgar, desde esa moralidad, a los nativos y a los funcionarios venidos del interior. La vida privada y las prácticas sexuales eran motivo de escarnio público y de desacato ante cualquier tipo de valoración de funciones. Es así como Steiner trae a colación que “los arreglos sexuales y domésticos de los funcionarios europeos, lejos de ser asuntos privados, se convirtieron en acontecimientos políticos y sociales que servían para afinar o cambiar las categorías entre dominadores y dominados” (Steiner, 2000). Todo esto se logró gracias a un encuentro o un ejercicio concomitante entre la fuerza policial y la institución religiosa para mantener una moralidad.
De acuerdo con los informes del prefecto Rafael Hoyos posteriores a su visita al Urabá, “cuando el sacerdote oficia en la capilla, que sirve como de Iglesia Parroquial, con frecuencia se interrumpe a los fieles en sus prácticas piadosas, con bullas, risas, charlas de tiendas vecinas y de personas que están en la calle que no guardan el debido respeto por falta de educación religiosa” y luego de esto da recomendaciones de reforzar la fuerza policial y que además, se empiece una educación religiosa para que esta población logre ciertas semejanzas con las doctrinas y pensamientos de los antioqueños. El trato que le dieron a los costeños estaba articulado a un proceso de colonización, entendida desde una supremacía de raza en donde el uno era el conquistador mientras que los otros, esos habitantes de la zona costera, eran los colonizados.
En consecuencia dicho proceso de colonización se da a través de la religión y del control de la sexualidad, tanto para los habitantes de esta parte de la frontera, como para los mismos funcionarios, pues dicha moralidad debía ser mantenida desde un ejemplo que iban irradiando los mismos colonizadores. (Steiner, 2000, pág. 80)
Es así como vemos que el erotismo, entendido como todas aquellas expresiones que hacen estético y deseable un cuerpo (Alexandrian, 1990), es uno de esos temas que permiten entender la relación existente entre el ser humano, la naturaleza y su cuerpo. En tal sentido, diferentes instituciones sociales, específicamente la religión católica, lo han limitado y coartado debido a que esta expresión se aleja de la purificación que se busca con el acto espiritual y no permite que los sujetos se acerquen a una entrega total de Dios y las renuncias que esto exige. Incluso vemos que la filosofía, muchos antes de las ideas cristianas, esgrimía varias ideas encaminadas a purificar el cuerpo para alejarlo de las expresiones eróticas. Platón, por ejemplo, manifestaba que el cuerpo es la cárcel del alma por el mal, dando a entender que son aquellas acciones concupiscentes las que no permiten que nos acerquemos al mundo de las ideas que defendió en sus tratados. Por su parte Aristóteles, defendía que el cuerpo era un instrumento del alma; premisa que nos permite evidenciar que hay una hibridación o una disputa constante entre la relación cuerpo y alma, en donde el cuerpo es necesario purificarlo para llegar a ese estadío superior.
El erotismo entonces es necesario controlarlo y limitarlo, debido a que este se concreta en el cuerpo y el cuerpo es una instancia de poder en donde se evidencian las normas sociales. “Inclusive, podemos decir que, en la mayoría de los casos, los mecanismos disciplinarios del poder y los mecanismos regularizadores de poder, los primeros sobre el cuerpo y los segundos sobre la población, están articulados unos sobre otros” (Foucault, 2003: 227). La población aquí se entiende como la orden religiosa que imprime unos a otros, reglas y normas que están, implícitas o explícitas, dentro de las dinámicas de una época.
En Colombia, por lo tanto se han publicado diferentes novelas y cuentos que han explorado sobre esta dicotomía, en donde el erotismo aparece encubierto por los entramados de los lupanares y de los recovecos de la oscuridad, en contravía de las expresiones sagradas que ha construido la religión católica en su proceso de formación ciudadana. Tal es el caso de la novela El fuego Secreto de Fernando Vallejo, Cucarachita Nadie de Mario Escobar Velásquez, Memoria de mis putas tristes de Gabriel García Márquez; además de algunos cuentos emblemáticos como Noticias de un convento frente al mar de Germán Espinosa, los pulpos de la noche de Pedro Gómez Valderrama, El primer viernes de Juan Restrepo Jaramillo.
En consecuencia esta ponencia busca exponer el erotismo como una expresión de resistencia frente a los procesos de sacralización que ha realizado la religión católica en muchos lugares de la Colombia del siglo XX, utilizando los datos e información que algunos textos literarios que se han atrevido a tocar el tema de la religión y el erotismo desde esa perceptiva estética que brinda el lenguaje literario. Además pretende crear un texto en donde coexista una imbricación entre algunas fuentes teóricas, el mundo literario y por supuesto, las reflexiones que de estos se puedan desglosar, todo con la finalidad de lograr una reflexión amplia y rigurosa de los vínculos de la Religión, la Literatura y el Erotismo.