El objetivo de esta ponencia es proponer una teoría de la cultura en el marco de una teoría general de la acción social. La definición de la cultura que adopto: “el significado social de la realidad”, aunque tiene sus particularidades, no es novedosa –encaja entre las concepciones semióticas del concepto- y por sí sola no dice nada. Mi aportación consiste en colocarla en el marco de una teoría de la acción social que busca resolver el problema que se enuncia en diversos pares dicotómicos en las diferentes tradiciones teóricas, como determinismo/voluntarismo, estructura/acontecimiento, macro/micro, estructura/sujeto, etc., sin eliminar ninguno de los dos elementos sino conservándolos, y uniéndolos por medio de dos conceptos mediadores: los habitus y las estrategias.
Desde luego, esta propuesta no parte de la nada. Como en un bricolage, sus elementos se toman de otras teorías y se organizan en una nueva totalidad que da como resultado una teoría de la acción social. Partiendo de una postura epistemológica que considera la teoría como mapa de la realidad, tomo de Bourdieu el concepto de habitus como mediador entre la estructura y las prácticas para pensar la producción de las prácticas sociales por las estructuras sin caer en el determinismo, así como también el concepto de estrategias, tomado de la teoría de juegos, para pensar el papel productor de estructuras que desempeñan las prácticas, sin caer en el voluntarismo. El concepto de habitus, que Bourdieu define como esquemas fundamentales de pensamiento, de apreciación y de acción, y que compara con la gramática generativa de Chomsky – por lo que no hay que confundirlo con hábitos o costumbres- permite teorizar, y por lo tanto entender, un efecto causal de las estructuras sobre los agentes sociales que no es mecánico: no los convierte en títeres manejados por los hilos de la estructura. Se evita, así, caer en el determinismo. A su vez, una de las aportaciones importantes del concepto de estrategia de la teoría de juegos, es la consideración de los efectos no buscados de la acción; es decir que las estructuras no surgen de la nada, sino que son el resultado de las acciones de los actores sociales pero que, dado que no actúan solos sino con, o contra, otros actores, el resultado de la acción no es siempre el que se proponen - aunque puede serlo- sino que puede producirse un efecto no buscado. Gracias a los efectos no buscados, por medio del concepto de estrategia se puede teorizar el efecto causal de las prácticas de los agentes sociales sobre la estructura, sin caer en el voluntarismo.
Este esquema general de la acción social se aplica a la cultura, entendida como estructuras de significación, habitus cultural, prácticas y estrategias de significación. Definida como la significación social de la realidad, la cultura es a la vez las cosmovisiones propias de cada sociedad, que sus miembros, al nacer, se encuentran ya establecidas, y que se traducen en esquemas de significación, es decir de habitus culturales, que permiten teorizar el efecto de las estructuras sobre las prácticas de significación, que no es un efecto mecánico. Es decir que los agentes sociales no son grabadoras o reproductores mecánicos de los significados de las culturas. Pero las prácticas de significación tampoco son individuales, como no lo son los lenguajes, sino que se enmarcan en los esquemas de las culturas, es decir en los habitus por lo que, sin ser idénticos unos a otros, los miembros de una sociedad comparten una cultura. Las prácticas de significación se entienden también como estrategias tendientes a reproducir o cambiar las culturas o algunos de sus rasgos, lo cual no quiere decir que los cambios culturales se den en la dirección buscada por los agentes, porque pueden producirse también efectos no buscados. Puede ser, incluso, que buscando cambios se obtenga la reproducción de las culturas, o que buscando su reproducción se produzca el cambio. Cada uno de estos conceptos se explica teóricamente y por medio de ejemplos.