De Santiago de Chile y el movimiento feminista, a México y Yo soy132, pasando por la lucha de los pueblos indígenas en las redes y los procesos de movilización y resistencia a la dictadura en Brasil, el uso performativo de las redes apunta la emergencia de nuevas luchas y procesos sociales en América Latina en forma de nueva articulación de la democracia deliberativa, popular y dialógica, como alternativa liberadora de energías creativas acumuladas con la revolución digital. En este contexto, uno de los retos estratégicos reconocido por los principales organismos internacionales y entidades del sector es, justamente, cómo definir políticas públicas que promuevan la democratización y desarrollo de nuevas formas de gobierno a través de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (NTIC). La demanda de apertura de nuevos espacios de diálogo que movimientos sociales como el 15M en España o la resistencia insurgente en la red de minorías como el pueblo mapuche en su lucha por el derecho a la tierra y al patrimonio inmaterial tienen en común que apuntan como Derecho Humano fundamental la necesidad de un nuevo modelo de articulación democrática más radical, participativo y pluralista, justo en una era marcada por lo que Yúdice denomina la cultura como recurso; esto es, justo en un tiempo y en el marco de una política de desarrollo que concibe la gestión, almacenamiento, distribución y organización del acceso a los bienes simbólicos, del capital inmaterial, conforme a las condiciones de circulación y valorización transnacionales del actual proceso de globalización.
Así las cosas, definir la naturaleza y perfiles de los cambios en curso que, en un tiempo de rápidas mudanzas y aceleradas transformaciones estructurales del sistema informativo, adquieren una relevancia y centralidad inusitadas, se nos antoja una tarea primordial en la agenda de investigación. Las formas diversas y creativas de construcción de lo común deben, ciertamente, ser sistemáticamente analizadas y objeto de crítica académica, a fin de revelar las nuevas formas de organización y producción de lo social, así como los efectos y consecuencias derivadas de tales dinámicas, tanto desde el punto de vista de la reflexión normativa de la teoría de la cibercultura como espacio deliberativo y de constitución de una nueva gobernanza , como por razones de avance de las competencias necesarias en la innovación de métodos y técnicas de estudio de esta nueva realidad emergente.
La mayoría de estudios en materia de cultura digital y ciberdemocracia señala la centralidad que, hoy por hoy, adquiere el trabajo inmaterial y, más concretamente, las nuevas tecnologías digitales, en los procesos de intercambio y reproducción social que anteceden y atraviesan toda posibilidad o forma de participación ciudadana, como también desde luego la propia configuración del espacio público. Con la modernidad, tal y como ha sido reconocido por los estudios de Opinión Pública a partir de la década de los treinta, la información y la comunicación pública moderna van a desempeñar funciones fundamentales en la conformación del espacio común de deliberación y representación política. Desde entonces, es común reconocer que sin información y acceso al espacio comunicacional la libertad de expresión y otros derechos sociales tienden a ser conculcados. Hoy de hecho, la calidad de la vida democrática de una sociedad puede ser ponderada en función de la vitalidad y la propia diversidad del sistema informativo. La voluntad de saber sobre las condiciones y parámetros de la organización democrática de la mediación, en la teoría y sobre todo en el análisis empírico, ha sido por lo mismo ampliamente cultivada. Tanto que la Comunicación Política puede ser considerada una de las disciplinas y objetos de estudio más privilegiados en la investigación de la Comunicología, además de motivo recurrente de aceradas críticas y discusiones académicas especialmente en lo que se refiere a los problemas normativos derivados de la necesidad de regulación social y a las relaciones de mutua dependencia existentes, directa o indirectamente, entre el sistema social y el sistema público de comunicación. La amplia producción científica en la materia ha tendido como consecuencia a observar las diversas realidades de la comunicación política en función de los efectos, consecuencias negativas y dimensiones institucionales de la fenomenología de la cultura democrática mediatizada, dejando de lado aspectos significativos como la emoción, los imaginarios y representaciones de la cultura pública y, por ende, la participación que facilitan o restringen las mediaciones de las industrias culturales. Ahora, en la era digital, este olvido de la instancia subjetiva, vivencial y reconstruccionista de la mediación hoy viene dejando en evidencia la necesidad de un abordaje otro que, pensando críticamente, en lo concreto, las instancias de recepción, consumo y producción política de lo social mediatizado, trate de vislumbrar, en un sentido cultural más amplio, las mutaciones estructurales que las industrias de la comunicación impulsan en los modos de organización y las formas de acción colectiva contemporáneas que, entre otros procesos, facilita la apertura de nuevos procesos de participación y desarrollo comunitario.
En el nuevo modelo de mediación social, el conocimiento de las transformaciones en curso que introduce la cultura digital exige una práctica teórica bien distinta. No sólo están en crisis las formas de gubernamentalidad y las lógicas de concepción del desarrollo. Las redes y el lenguaje común de los vínculos definen nuevos cronotopos y puntos de anclaje de la experiencia que deben ser repensados desde una cultura de investigación dialógica, una concepción inmanentista del acontecimiento y la ruptura con la producción mediática estandarizada en función, desde luego, de una lectura creativa e indiciaria del pensar y definir el ser digital. Más aún, en el nuevo horizonte cognitivo, la política de la ciberdemocracia debe plantearse como una Economía Política del Archivo, como una crítica metacognitiva de la captura de la experiencia vivencial de la cibercultura, comenzando con los indicadores de inclusión digital y concluyendo con los modos de compartir y socializar el saber sobre lo social en lo que Boaventura Sousa de Santos denomina Epistemología del Sur o nuevo pensamiento poscolonial. En la presente ponencia se analizan algunos de los elementos fundamentales para una crítica económico-política de los nuevos procesos de mediación social que afectan y determinan el alcance del ciberactivismo para la construcción de una nueva forma de ciudadanía en la región.