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Resumen de ponencia
Los caminos de la democracia en el siglo XXI. La Argentina en el escenario latinoamericano

Grupo de Trabajo CLACSO: Ciudadanía, organizaciones populares y política

*Hugo Quiroga



Los caminos de la democracia en el siglo XXI
La Argentina en el escenario latinoamericano



En América latina, luego del ciclo de centro-izquierda, encabezado por Hugo Chávez con el “Socialismo del Siglo XXI” en Venezuela, y Rafael Correa con la “Revolución Ciudadana” en Ecuador los analistas políticos y algunos estudiosos de la región hablan hoy de un fin de ciclo. ¿Un fin de ciclo populista cuando el populismo resurge en Europa y Estados Unidos? Lo cierto es que del llamado progresismo latinoamericano en principio quedan en pie Evo Morales en Bolivia, y Daniel Ortega en Nicaragua. El populismo es una fuerza minoritaria, en términos electorales, a partir del alejamiento del poder de Dilma Rousseff en Brasil, Tabaré Vázquez en Uruguay, Michelle Bachelet en Chile. Los sectores progresistas caracterizan al actual proceso latinoamericano como el retroceso de la izquierda y el avance de una nueva derecha. El cambio de tendencia se inicia cuando Mauricio Macri ganó las elecciones en la Argentina a fines de 2015, y se reafirma con el triunfo de Sebastián Piñera en Chile, en diciembre de 2017. Para consolidar esa tendencia habría que esperar las elecciones en los tres países de la región que reúnen el 70% del electorado latinoamericano: Brasil, México y Colombia, que tendrán lugar en el curso de 2018, sobre todo si se tiene en cuenta que Lula y López Obrador lideran las encuestas en Brasil y México

Los cambios actuales en los escenarios políticos de la democracia electiva son realmente significativos, heterogéneos, y difícil de introducir una explicación satisfactoria. El referéndum sobre el Brexit en Inglaterra; la elección de Trump en Estados Unidos; la Unión Europea convulsionada por disrupciones del separatismo catalán en España, los populismos, los partidos antisistemas, y los avances de la derecha radical y el nacionalismo extremo en Hungría, Austria, Polonia, Italia; Macron, por otra parte, en nombre de la unidad europea, hace retroceder a los partidos de derecha e izquierda al tercero y cuarto lugar en la elecciones presidenciales, luego que esas fuerzas gobernaran Francia, durante setenta años. La izquierda reformista, socialdemócrata o laborista, ha retrocedido de manera asombrosa ante las derrotas electorales y como consecuencia de sus fracasos gubernamentales. La socialdemocracia alemana negoció una coalición de gobierno con Merkel. De los veintiocho países que integran la Unión Europea, únicamente cinco tienen un Primer Ministro de filiación socialdemócrata (Suecia, Portugal, Rumania, Eslovaquia, Malta).

La democracia argentina es modesta, y de fuertes contrastes, por sus desigualdades vergonzantes e inaceptables. La transgresión de las formas institucionales, las débiles competencias estatales, y las deudas sociales de larga data permanecen como sus grandes retos. La democracia es experiencia e historia, ella se desarrolla y transforma en el tiempo, es más que un régimen político, es una práctica colectiva. No hay democracia si no está acompañada de una vida democrática. El término vida democrática designa un concepto más amplio que el de instituciones y actividad electoral. Remite a la idea de que la democracia se vive también desde lo cotidiano, desde el hacer democrático de todos los días, sin que haya que perder de vista los procedimientos. Quizá un buen camino podría ser el fortalecimiento de una cultura democrática, con foco en lo social, que anide en el debate público.
La pregunta central que subyace en nuestro trabajo es la siguiente: ¿amanece un cambio época? Sin duda, hay que identificar y comprender las fuentes y los recursos de ese cambio, que advierte un alto grado de complejidad. Un mundo que es la vez más legible y difícil de descifrar debido a una pérdida de referencia y significado. Como consecuencia de estas transformaciones es difícil justificar que la escisión izquierda y derecha es la que organiza la variedad de los escenarios políticos, sobre todo con en el uso de esos términos clásicos. Las culturas políticas están marcadas por desacuerdos profundos y se enfrentan a conflictos que alejan la idea de valores compartidos, más allá de los intereses coyunturales e inmediatos. Las fronteras que separan la izquierda de la derecha, que ya no circunscriben como antes familias políticas muy diferentes, se vuelven opacas e impotentes para ayudar a comprender y explicar la complejidad de la nueva disposición de los escenarios políticos en la discordancia de un mundo tan oscilante. En la ponencia indagamos sobre el singular escenario argentino, en el contexto de las democracias del siglo XXI.






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* Quiroga
Secretaría de Investigación y Posgrado - Universidad Nacional de Rosario - SIP/UNR. Rosario, Argentina