8° Conferencia Latinoamericana y Caribeña de las Ciencias sociales
Primer Foro Mundial de Pensamiento Crítico
Eje Nro. 8. Desarrollo Rural
El desarrollo de experiencias de construcción colectiva de conocimiento sobre la Agricultura Familiar en Santiago del Estero
Marta E. Gutiérrez (INDES -UNSE)
Viviana G. González (INDES-ISMP)
Cristian Jara (UNSE-CONICET)
RESUMEN
Este artículo se propone analizar una experiencia concreta tendiente a desarrollar formas alternativas de producción de conocimiento sobre la agricultura familiar en Santiago del Estero, examinando las relaciones de cooperación y las tensiones entre investigadores y técnicos extensionista que trabajan en desarrollo rural. Dicha articulación tuvo como parte de sus objetivos centrales el enriquecimiento de un proceso dialógico entre la teoría y la praxis, la reflexión conjunta sobre el impacto de las políticas orientadas a los pequeños productores familiares, así como la formación de recursos humanos con una mirada integral sobre el desarrollo local. El artículo recupera los resultados de la experiencia. Asimismo, reflexiona en torno a las dificultades surgidos a lo largo del proceso. Todo esto con el fin de aportar a la promoción de unas ciencias sociales situadas que atienda a las necesidades y desafíos del contexto local actual.
Palabras clave: extensión; investigación; ciencias sociales; agricultura familiar;
1. Introducción
Actualmente, las ciencias sociales son interpeladas por procesos internacionales que desdibujan antinomias recurrentes de la modernidad, como ser lo rural versus lo urbano, lo local versus lo global, lo teórico versus lo práctico y lo moderno versus lo tradicional. Por consiguiente, están surgiendo corrientes epistemológicas tendientes a desnaturalizar los modos eurocéntricos del saber científico, en tanto conocimiento que pretende ser el único universalmente válido (Santos 2006, Navarrete 2008, Wallerstein 1998, Quijano 1990).
En este sentido el presente artículo se propone examinar la experiencia de articulación entre productores, investigadores y técnicos extensionistas. Se trata de analizar un proceso de sistematización de experiencias y de extensión orientado al diseño de nuevas formas de producir conocimiento sobre y con la agricultura familiar acerca del impacto de las políticas públicas de desarrollo rural que se están aplicando en los últimos años en Argentina.
El concepto agricultura familiar es relativamente nuevo para los estudios agrarios ya que se acuñó a mediados del siglo XX en búsqueda de un modelo de desarrollo rural alternativo que garantizara, entre otros aspectos, la permanencia de la población en el espacio rural y el respecto al medio ambiente (Salcedo y Guzmán, 2014). El remplazo del término campesino por otros como “pequeños productores” o, ligado al tamaño de la parcela, “minifundistas” han llevado implícito una visión economicista que recorta sentidos, excluyendo los aspectos culturales y políticos. En esta dirección, resulta significativa la definición cualitativa sobre la agricultura familiar que elaboró el Foro Nacional de Agricultura Familiar en Argentina, mencionada anteriormente, señalando que se trata de “una forma de vida y una cuestión cultural” (FONAF, 2007) donde confluyen diversos actores del agro (no solo campesinos, sino también chacareros, colonos, trabajadores rurales, entre otros). Según las estimaciones del FONAF, en su seno existen 180.000 familias asociadas en más de 900 organizaciones . Las cuales constituyen una heterogeneidad que resiste a dicotomías y binarismos.
Este trabajo pretende extraer algunas reflexiones de la investigación y la extensión sobre la agricultura familiar en Santiago del Estero a partir de la cooperación entre extensionistas e investigadores. Dicha articulación ha tenido los siguientes objetivos: i) enriquecer un proceso dialógico entre la teoría y la praxis; ii) producir conocimiento con una mirada crítica del desarrollo rural y iii) desarrollo de líneas de extensión desde la universidad al campo y desde el campo a la universidad iv) examinar el accionar del Estado en relación con el sector para incidir en la formulación de las políticas públicas. En esta dirección, el texto aborda los logros, las dificultades y los desafíos de un proceso dinámico en el que se recuperan y ponen en diálogos saberes diversos.
2. Ciencias Sociales y nuevos modos de conocer
En las últimas décadas, diversas corrientes epistemológicas han denunciado los límites de la hegemonía positivista que imperó en la teoría social. Immanuel Wallerstein (1998) reconoció esas grandes limitaciones e invitó a impensar las ciencias sociales. Esta propuesta consistiría en reconciliar lo estático y lo dinámico, lo sincrónico y lo diacrónico, analizando la complejidad de los procesos que se desarrollan en el sistema-mundo desde una mirada transdiciplinaria, superadora de la tensión entre los métodos idiográfico y nomotético. Pues, el conocimiento social no puede ser una mera descripción de hechos puntuales ni tampoco la búsqueda de regularidades ahistóricas (López Segrera, 2011).
Anteriormente, el sociólogo alemán Niklas Luhmann había planteado una idea similar, señalando que el fin del conocimiento social es “hacer comprensible la acción como posibilidad”, y no el establecimiento de la acción según regularidades inalterables y deterministas (1973:40). Por tanto, se trataría del estudio de la sociedad con el propósito de dar cuenta de las posibilidades creativas y no de leyes universales e inmutables. En efecto, se viene postulando nuevos paradigmas para dar cuenta de la complejidad en aras de comprender las variadas relaciones entre sujeto y sociedad, donde todo está relacionado con todo (Navarrete, 2008).
Del mismo modo, Boaventura de Sousa Santos (2006) señala que la objetividad puede ser construida mediante metodologías que sean rigurosas y que nos defiendan de los dogmatismos; aunque la neutralidad sea imposible porque vivimos en sociedades muy injustas ante las cuales no podemos ser indiferentes. Por consiguiente, una de las propuestas de este autor es la necesidad de buscar una ruptura epistemológica que, apoyándose en la firmeza científica, procure un reencuentro de las ciencias sociales con otras formas de conocimiento (ecología de saberes). De esta forma, el conocimiento académico, entendido no como superior sino como diferente, busca incorporar experiencias y conocimientos silenciados, marginados y desacreditados.
Durante los últimos tiempos, en América Latina se ha cuestionado el universalismo que dejan de lado las riquezas y particularidades de la región (Castro-Gómez 2001). Por su parte, Aníbal Quijano (1990) subraya que la reactivación de los movimientos sociales desde fines de la década de 1990, entre ellos el sector campesino, revela no sólo un conjunto de denuncias y protestas contra la globalización, sino que también que expresa la búsqueda de propuesta para revertir las situaciones de pobreza y marginación que padece este actor rural.
Este escenario, atravesado por una diversidad de disputas, reclama una constante reflexión ética del rol del investigador en la sociedad. De allí que resulta pertinente la pregunta de Svampa respecto a: “¿Cómo pensar la posibilidad de un modelo académico alternativo, que no remita a la figura del intelectual orgánico de antaño, que no alimente esquizofrenias, y que al mismo tiempo deje atrás las limitaciones del intelectual intérprete y las veleidades narcisistas del intelectual ironista, o la falsa conciencia del asesor experto?” (Svampa 2009: 30).
Para evitar esos peligros, la autora propone el modelo del investigador anfibio, una figura capaz de habitar varios mundos reflexivamente. Lo específico de esta actitud es la posibilidad de generar solidaridades múltiples y poner en discusión los propios saberes, pero reafirmando el lugar en tanto investigador (Svampa 2009). Dicha tarea no resulta sencilla y requiere una apuesta solidaria para generar nuevas formas de hacer Ciencias Sociales, partiendo de una actitud más modesta que la pretensión de conquistar verdades acabadas. Se trata de lograr una práctica basada en el intercambio constante con la comunidad, e implica una relación con los actores que participan deben pensarse desde la reciprocidad antes que de una lógica utilitaria.
Por su parte, la función epistemológica se relaciona con la capacidad de la extensión para contribuir con la producción de conocimiento nuevo a partir de vincular críticamente el saber académico con el saber popular. En este sentido, Boaventura de Sousa Santos (2006) abogan por una extensión en sentido contrario que incorpore la agenda y saberes de los actores sociales al interior de la universidad.
En otras palabras, el desafío es pensar la extensión como una función integrada en la cotidianeidad de las aulas y la investigación (Tommassino, 2016). En esta línea, a continuación, se analiza una estrategia de integración que está en marcha desde la Universidad Nacional de Santiago del Estero en cooperación con técnicos extensionistas, dirigentes y productores de la agricultura familiar.
Estas reflexiones permiten contextualizar la experiencia de investigación y extensión sobre agricultura familiar en Santiago del Estero (Argentina) en el contexto de las últimas décadas caracterizado por el posicionamiento que ha tenido el sector en la agenda pública en el marco de un país atravesado por la pugna entre las lógicas extractiva y redistributiva .
3. La articulación interinstitucional
La articulación entre el Instituto para el Desarrollo Económico y Social (INDES) de la Universidad de Santiago del Estero y la Subsecretaria de Agricultura Familiar (SsAF), dependiente del Ministerio de Agroindustria de la Nación, encuentra su origen en el año 2010 a partir de la firma de un convenio de cooperación.
En ese marco se constituyó un equipo integrado por investigadores del INDES y técnicos extensionistas de la SsAF formados en diferentes disciplinas (sociólog