La visibilización masiva acerca de la violencia hacia las mujeres y de su situación de desigualdad económica, social, política y cultural a nivel mediático en la Argentina comenzó, en gran medida, con #NiUnaMenos. Este movimiento fue una manifestación colectiva contra la violencia machista, que en nuestro país acaba con la vida de una mujer cada 30 horas. La convocatoria nació en el año 2015 de un grupo de activistas, periodistas e intelectuales y se gestó en las redes sociales para luego difundirse e instalarse en los medios de comunicación “tradicionales” (radio, TV, diarios impresos y webs). La marcha del #NiUnaMenos es la culminación de un proceso de toma de conciencia que comenzó a surgir en las redes y en la web tiempo antes. Es una reacción no sólo a la violencia machista perpetrada por el hombre “golpeador, misógino y asesino”, sino a una cultura patriarcal, que produce “machos todopoderosos y princesas indefensas que deben ser rescatadas” – como versan algunas consignas de la marcha-, que cosifica unos cuerpos y otros no, que encausa, somete y normaliza el deseo. A mediados del año 2017 y sobre todo a principios del 2018, el debate legislativo por el aborto legal, seguro y gratuito en Argentina puso en movimiento nuevamente a una multitud de personas (sobre todo mujeres jóvenes-adolescentes) que salieron a las calles a reclamar que el proyecto de ley sea tratado, y luego aprobado. Esta nueva “marea verde” u “ola verde” (llamada así debido al color del pañuelo que simboliza la campaña nacional por el aborto legal, seguro y gratuito) se multiplica y reúne una serie de demandas hacia el estado que superan al aborto legal como: la exigencia de educación sexual en las escuelas, la separación del estado y la iglesia (sobre todo en materia de educación y de reconocimiento de derechos), la finalización de la justicia patriarcal, acciones concretas del estado frente a las violencias de género, entre otras. En este contexto, el estudio de la mujer en los medios de comunicación visibiliza la naturalización de un modo androcéntrico de entender el trabajo periodístico. Por consiguiente, desde esta investigación analizamos -a través de un estudio de caso-, la situación de las periodistas en los medios de comunicación de la ciudad de Villa María, Córdoba, Argentina. La investigación apunta a indagar roles, espacios y valorar si se dan casos de discriminación o exclusión laboral de las mujeres. Los resultados permitirán evaluar el estado de marginalización y/o trivialización del trabajo periodístico de mujeres. La primera hipótesis que se plantea es que las periodistas son minorías porque sus compañeros o directores –varones- no confían en sus habilidades y destrezas como profesionales del sector como consecuencia del arraigo de los estereotipos sexuales que no permiten colocar a las mujeres en espacios de responsabilidad. Una segunda hipótesis aborda las opciones dicotómicas que se le presentan a las periodistas: se apartan de sus carreras y cambian de trabajo para dedicarse a sus familias, o renuncian a la experiencia de la maternidad o del disfrute de la vida privada para triunfar profesionalmente. Se realizó un proceso de documentación sobre las mujeres periodistas de Villa María. Por medio de entrevistas en profundidad realizadas a mujeres profesionales de la comunicación se abordaron sus percepciones en torno a la vida laboral y personal, la organización socio laboral y la presencia o no del debate sobre equidad e igualdad de oportunidades entre varones y mujeres en los medios de comunicación de Villa María. Indagadas sus percepciones y experiencias, se ponen en evidencia las dificultades para conciliar trabajo y vida familiar; la discriminación y segregación a puestos de menor jerarquía; la ausencia de perspectiva de género en dos campos: en la gestión empresarial del trabajo periodístico, y por otro lado en la producción de contenidos informativos. El movimiento global que se ha gestado en torno a este tema se refleja en la Plataforma de Acción establecida a partir de la Cuarta Conferencia Mundial de la Mujer, celebrada en Beijing en 1995, en donde se evidenció como problema la imagen estereotipada de la mujer que se difunde, el aumento significativo de las imágenes que perpetúan la violencia contra las mujeres y la falta de acceso de ésta a la expresión y a la toma de decisiones en y a través de los medios. Los medios elaboran construcciones sociales estereotipadas de la realidad que son ideológicas y por lo tanto tienen consecuencias sobre la propia realidad social. Frecuentemente las vidas de mujeres y hombres han sido construidas alrededor de modelos “falsos y artificiales” (Burkle,1997-98; Menendez, 2001). Es precisamente en ese marco que se sigue definiendo al hombre por su situación profesional, asociada al ámbito público; mientras que casi siempre la mujer se presenta solamente vinculada a su situación familiar correspondiente al ámbito privado y doméstico. Esas imágenes que obtenemos de los medios no corresponden a la diversidad de realidades sociales. No obstante, podemos aclarar que algunos medios de comunicación también se constituyen en generadores y promotores de la diversidad, del multiculturalismo y sobre todo del cambio relativo a la equidad de género (Instraw, 2005; Ortiz, 2001). Asistimos actualmente a un cambio en el que además de la imagen tradicional de la mujer como madre, ama de casa u objeto de consumo, paulatinamente algunos medios presentan, aunque todavía con poca frecuencia y cobertura, a las mujeres como personas económicamente activas, profesionales y cuya plena participación en la sociedad exige la colaboración de los hombres en el ámbito familiar y doméstico. Sin embargo, poco puede observarse en los medios en relación a las diversidades sexuales y a la construcción autónoma de la mujer desligada del concepto de familia y de la función reproductora. Cuando se analiza a las mujeres como noticia y como audiencia se evidencia que en general los temas que verdaderamente preocupan a las mujeres poco se tratan y otras veces se ignoran. Estas temáticas no abordadas son, por ejemplo: política, economía, problemáticas sociales, violencia de género, acceso a la justicia y asesoría jurídica, derechos reproductivos, diversidades sexuales, empleo y carrera profesional, consumos culturales. Por el contrario, las secciones o programas “para mujeres” continúan orientados a temáticas como las novedades de la farándula, el cuidado de hijos y hogar, la cocina y la moda. La construcción de realidad mediática, mediante sus procesos de selección, convierte a las temáticas en excluyentes mutuamente, configurando el universo de lo naturalizado como “femenino”. En cuanto a las empresas periodísticas, éstas funcionan a través de la interacción de distintas fuerzas: propiedad, control de la estructura editorial, ideología de los profesionales y condicionamientos técnicos y de organización. La propiedad de los medios tiene en general un carácter monopolista: sólo unas cuantas empresas, generalmente presididas por hombres son las que acaparan los distintos medios de expresión, lo cual impide el ejercicio pleno del derecho a una información pluralista (Ortiz, 2001). El Proyecto de Monitoreo Global de Medios ofrece la posibilidad de examinar hasta qué punto se ha logrado una mayor equidad de género durante las últimas dos décadas y de identificar viejos y nuevos desafíos. Los resultados del 2015 se basan en los datos reunidos por equipos voluntarios en 114 países, los cuales monitorearon 22.136 relatos publicados, transmitidos o tuiteados por 2.030 medios de comunicación, escritos o presentados por 26.010 periodistas y haciendo referencia a 45.402 personas entrevistadas o/y sujetos de noticias. Entre sus principales hallazgos, el 2015 muestra que el avance hacia una paridad de género en los medios prácticamente se detuvo en los últimos cinco años. Esta lógica global en el que las mujeres periodistas representan un tercio del total se traslada al ámbito de la ciudad de Villa María. Si bien se asiste a un incremento de la participación de la mujer en los medios, su realidad sigue siendo poco contada y cuando se cuenta es por hombres, desde una visión androcéntrica del mundo. Se continúa ofreciendo una imagen que refuerza los valores dominantes y favorece los prejuicios sexistas. Diversas investigaciones mencionan al “techo de cristal” como una barrera invisible que impide o dificulta moverse tanto hacia un puesto superior como hacia la cúspide de los organigramas. En realidad, las profesionales de la comunicación no viven una situación distinta a la del resto de las mujeres que tienen que compaginar vida laboral y vida personal y enfrentarse a la doble jornada, dado que la mujer sigue siendo la responsable principal del funcionamiento del hogar (Hernández, 2000; Lorente, 2001). A pesar de todo lo anteriormente indicado, en América Latina hay un mayor número de mujeres estudiando periodismo y comunicación, en México por ejemplo representan el 60% de la matrícula de la universidad (ANUIES, 2003), sin embargo al igual que en el resto del mundo el acceso al mundo laboral no corresponde proporcionalmente a la tendencia ascendente de licenciadas que las universidades forman cada año. Similar situación se observa en la Universidad Nacional de Villa María tomando la matriculación de la Licenciatura en Comunicación Social de los años 2011 al 2017 nos encontramos con la realidad de que las mujeres representan también un porcentaje cercano al 60%. Es imperioso visibilizar la necesidad de incrementar el acceso de las mujeres a los medios de expresión, a la toma de decisiones en y a través de los medios y de las nuevas tecnologías. Lo es también la difusión de una imagen más realista y diversa de las mujeres en las reproducciones que hacen los medios, alentando la creación y la utilización de imágenes no estereotipadas, equilibradas y diversas de la mujer.