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Resumen de ponencia
Seis afirmaciones sobre la guerra de redes en la era del capitalismo global

*Betiana Vargas
*Maria Paula Giménez
*Matías Caciabue



El presente documento es una síntesis de un trabajo de investigación preliminar sobre la estructura de dominación y hegemonía del sistema capitalista global, elaborado para el Tercer Seminario Internacional: “América Latina en Disputa”, realizado del 7 al 9 de agosto de 2018 en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia.
La presentación consta de seis afirmaciones sobre el actual sistema capitalista en su fase financiera global, y su estructura de dominación y hegemonía social basado en la Netwar o Guerra de redes.

Primera afirmación: Los golpes blandos son parte constitutiva de la Guerra de Redes.
Los golpes blandos, la manipulación informativa y la guerra jurídica (law-fare) son instrumentos de una estrategia militar definida como soft-power, estrategia central de la guerra de redes. Este tipo de guerra, cuando incorpora elementos de la estrategia de hard-power, es decir, cuando necesita del uso de los instrumentos militares o de seguridad, se convierte en guerra de enjambre (swarming).
La guerra de redes se basa en la estructuración de unidades de combate autónomas, diseminadas y autónomas que se dedican al ataque hacia un objetivo común desde múltiples direcciones y dimensiones, con el objetivo de destrozar la voluntad de lucha y romper la unidad y la cohesión del enemigo.

Segunda afirmación: La red financiera transnacional es el polo dominante del capital, a partir del uso progresivo de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC´s), en las órbitas económica, política y militar.
Un estudio de la Universidad Politécnica de Zúrich (ETH) revela la estructuración económica y financiera del mundo, identificando 147 grupos que controlan el 40% del sistema corporativo mundial, siendo el 75% intermediarios financieros. Son sólo 28 corporaciones la que constituyen un super-nodo donde se concentra el poder, las riquezas y el control sobre el sistema económico mundial. (Battiston, 2013). Esto se completa con el protagonismo creciente de las Big Five (empresas tecnológicas): Google, Amazon, Facebook, Apple, Microsoft, y los Big Three: BlackRock, Vanguard, State Street, que son los principales accionistas del 90% del Top 500 del índice S&P. (Burdbridge, 2017).
Los procesos de automatización y digitalización han abierto una nueva fase del sistema capitalista (construida desde la crisis del petróleo de 1973 y dominante desde el nuevo escenario que abrió la crisis de 2008). La clase capitalista más desarrollada se ha desprendido de su asiento directo en los procesos productivos, promoviendo la tercerización de los mismos; la creación de plataformas digitales y su uso expansivo, ha permitido la aceleración de este proceso, donde las mercancías centrales pasan a ser hoy bienes inmateriales, es decir “conocimiento”.
Estas afirmaciones no pretenden caer en la lectura posmarxista del “Imperio”; los Estados Nación y las potencias existen, pero subordinados a una dinámica distinta del sistema capitalista mundial, donde, por ejemplo, el comercio intra e inter multinacionales explica el 70% del comercio mundial.

Tercera afirmación: Paso a la guerra de redes también en el campo político.
En los cuadernos de la cárcel, Antonio Gramsci planteó una de sus tesis centrales: “paso de la guerra de movimiento (y del ataque frontal) a la guerra de posición también en el campo político”. En pleno siglo XXI, es necesario estudiar el paso de la guerra de posición a la guerra en red, también en el campo de la política
La articulación de intereses a partir de los partidos políticos “de masas” de la sociedad industrial han definitivamente desaparecido. Se ha dado lugar a una nueva forma político-partidaria: la de comercialización de candidatos, también conocidos en la ciencia política norteamericana como “Partidos Atrapatodo” (Catch-all Party), donde la planificación de las políticas queda en manos de funcionarios formados dentro de las grandes corporaciones económicas (“gobierno de CEO´s”) y/o en los thinks-tanks (los partidos de cuadros del capital).
Contrariamente a los “Partidos de Masas”, que conducían promoviendo la articulación de los intereses sociales en grandes alianzas de clases, los “Partidos de Comercialización” buscan imponer la atomización social para la elección “democrática”. Se intenta reducir a la sociedad al ámbito del consumo, incluso en la política.

Cuarta afirmación: El territorio virtual organiza la lucha política en el siglo XXI.
Los medios logran la conducción de las masas para conquistar posicionamientos favorables de la “opinión pública”; esta conducción se ejerce no desde la defensa de intereses, sino desde la “conmoción”, es decir, desde la apelación a las emociones logrando que el sujeto pierda racionalidad y apoye un proyecto de país contrario a sus intereses económicos y sociales objetivos.
Esta situación le permite crear lo que se denomina como “coyuntura estratégica”, haciendo de un hecho aislado el conflicto central cuando, en su esencia, posee una importancia relativa, o es algo inherente al sistema social y escapa a las capacidades de “corto plazo” de quién gobierne. Ejemplos de esto son los conflictos por la inseguridad, la corrupción, el narcotráfico, etc.
Estos escenarios le permiten, a los grandes medios, la construcción de la fuerza política y social necesaria para tener injerencia, e incluso condicionar y coordinar, las decisiones de cualquier gobierno, particularmente si éste fue “asistido” para llegar a ocupar su lugar de gobernantes.

Quinta afirmación: La guerra de redes garantiza desde el territorio virtual una nueva forma de dominación social.
La Guerra de redes y sus “golpes blandos” no supone sólo la triada de operación de inteligencia-manipulación mediática-instrumento judicial. La Guerra de Redes desdibuja los límites entre la guerra y la paz, y se convierte en una demoledora teoría elaborada para lograr no sólo la ocupación de los territorios, sino el control con máximo nivel de hegemonía de los pueblos.
La Guerra de Redes es una guerra cultural, donde “se busca que la sociedad atacada se comporte como el enemigo de cuarta generación quiera y determine. El territorio y su conquista es accesorio, cuando el enemigo tiene una minoría mayoritaria conviviendo dentro de la sociedad atacada, y que pertenece a la cultura y tiene las creencias de la cultura atacante” (Herrera Jiménez, 2008).
La virtualidad se ha erigido como un territorio donde los sujetos son mediados, organizados y conducidos a partir de lo que se denomina “tribus”, es decir, comunidades homogéneas de intereses, contrapuestos contra otra tribu, con quien creen disputar dicho interés. Este proceso opera sobre la importancia de lo moral en nuestra identificación política. Como señala Guadalupe Nogués, “no solo consideramos que nuestro partido político tiene razón, mientras que ‘el otro’ está equivocado, sino que creemos que ‘el otro’ está compuesto por personas peligrosas y moralmente sospechosas.(…) si el juego empieza a jugarse en el terreno de lo moral o, lo que es peor, de la apariencia de lo moral, hacemos a un lado la información, los hechos, y caemos en la posverdad” (2018).
Grandes cantidades de información falsa o “fake news” son arrojadas al territorio virtual, donde no importa su correlato con la realidad, sino lo que diga la tribu. La estrategia de marketing utilizada se llama “storytelling” (contar historias), que se define como un modo de conectar emocionalmente con el público, que genera confianza y, al ser sencilla, se recuerda fácilmente, por lo que aumenta su potencial de hacerse viral.

Sexta afirmación: La guerra de redes establece nuevas tareas para los pueblos.
El capital en su fase Financiera Transnacional se ha centrado sólo en aquellos procesos que le permiten poseer conocimiento estratégico. Este cambio en el capital permite establecer que la tarea de las organizaciones de hoy no puede ser sólo acumular “cuerpos”, sino producir el conocimiento que nos permita librar con éxito esta Guerra de Redes. En la era de la gran industria, los “cuerpos” eran necesarios para la producción, y de esta manera se constituían las fuerzas sociales: el trabajador decidía sacar su cuerpo de la industria y, bajo insurrección, ponía su cuerpo a disposición de la lucha en la calle.
Se hace imperativo preguntarse cuáles son las formas de insurrección en la actualidad, en qué territorios, cuales son las formas de influir, y cuáles son los parámetros de medición de la influencia alcanzada.
El capital, a través de la mediación de lo virtual, conduce a los individuos, al ciudadano genérico, a la lucha callejera. Pero la calle es un peligro para ellos, el ámbito de lo real sigue siendo territorio del polo del trabajo, donde puede hacer crisis con lo que acontece y construir la organización social necesaria para transitar un cambio de las estructuras sociales.
Los militantes populares debemos tener capacidad de disputar en ambos territorios, el virtual y el real, y poder atacar los puntos débiles del proceso de conducción del capital. Para ello se debe mantener, recrear y potenciar una “guerra de guerrillas” en el territorio de lo comunicacional. Por otro lado resulta imprescindible preguntarse sobre el sujeto histórico, repensar las alianzas de clases (la potencia plebeya) necesarias para la conformación de la fuerza social y política de liberación.
La teoría es la chispa para encender la transformación por lo que se torna imprescindible estudiar a fondo esta “guerra de redes”, que nos permita a los Pueblos ser protagonistas de nuestra propia emancipación.




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* Vargas
Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales - FLACSO. Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina

* Giménez
Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, Argentina. Programa Argentina - FLACSO . Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina

* Caciabue
Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales - FLACSO. Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina