Las democracias contemporáneas se encuentran como nunca antes en encrucijadas que ameritan mirar el fenómeno político en general y electoral en particular con una óptica distinta. Como recuerda Baños (2006 p. 35) “la democracia moderna es una condensación de elementos republicanos, liberales y democráticos que conforman toda una serie de instituciones políticas complejas”. El reconocer dicha situación de confluencia de enfoques y de complejización del fenómeno político es esencial para poder mirar los sistemas democráticos contemporáneos.
Pero también es clave reconocer que durante los últimos decenios, al mismo tiempo que el sistema democrático se ha ido afianzado también han ido quedando en evidencia las limitaciones del enfoque tradicional democrático. Al respecto, Fernández (2016 p. 58) retoma que:
La histórica extensión geográfica adquirida por los sistemas democráticos se exponía a objeciones crecientes relativas a su profundidad y consistencia. Y estos reproches no alcanzaban solo a las nuevas democracias surgidas en las últimas décadas, sino también a aquellas más tradicionales y consolidadas. La difusión del sistema corría pareja con su debilitamiento aún allí donde se había implantado mucho antes y, se suponía, de la mejor manera posible.
El desarrollo de las democracias, entre ellas la costarricense, se comenzaba entonces a esencializar, a cristalizar y a solidificar. Se iba diluyendo el pensamiento crítico de la mano de propuestas democráticas que por sí mismas funcionaban y eran adecuadas para los contextos en los que se desarrollaban. Y ello provocó que, posteriormente, los desafíos de la época posmoderna pusieran en jaque al sistema tradicional democrático en muchas latitudes.
El proceso electoral del 2018 en Costa Rica representó una tensión entre la tradición democrática y la emergencia de nuevos órdenes, marcando un hito en la historia nacional; al ver el surgimiento de una élite política desde la corriente neo-pentecostalista, el desafío de lidiar con actos de corrupción y tráfico de influencias y también el surgimiento de nuevas formas de participación activa de la ciudadanía, alejadas de estructuras partidarias o grupos de presión tradicionales. El mismo pasará a la historia como un evento que marcó un antes y un después en la forma en la que se desarrollan las campañas político-electorales en este país. Elementos como la consolidación de la ruptura del bipartidismo, la incursión de una nueva generación en la política, la penetración del discurso populista y fundamentalista - religioso ( neo-pentecostalista); así como la masiva respuesta de la ciudadanía se orquestaron para retratar una forma de hacer política nunca antes vista en esta nación centroamericana.
Más que la elección del Presidente de la República y de 57 diputaciones, los comicios electorales del 2018 se convirtieron en un escenario que movió las bases de una democracia con más de 100 años de experiencia; enfrentando una mezcla de desafíos y cuestionamientos a ideales y principios que se daban como inamovibles. Ello se retrató en la reivindicación de parte de la sociedad costarricense que había sido invisibilizada durante años y la implosión de formas innovadoras de participación activa de la sociedad civil. Ello ejemplifica algunos de los elementos que ya forman parte de la historia política y social del país.
Debido a su relevancia, lo anterior demanda una reflexión que permita dilucidar ¿Qué pasó en Costa Rica durante los comicios electorales del 2018 y cuáles fueron sus repercusiones en la forma de hacer política del país?
La presente ponencia procura reflexionar en torno a dicha interrogante. Para ello, se sugiere abordar lo anterior a partir de una mirada conceptual que vincula elementos de la innovación social con la co-gestión dinámica para la toma de decisión. Otro mapa para caminar en el territorio del fenómeno político costarricense. Dicha cartografía se nutre de dos bases importantes las cuales permitirán realizar la reflexión acerca del proceso electoral 2018 desde una mirada compleja y entramada con los desafíos político-democráticos contemporáneos.
La primera base parte de la concepción del sistema político como uno que es abierto, complejo y disipativo, introduciendo con ello una analogía entre éste y estructuras disipativas de la física no lineal. Esto permite introducir la noción de co-gestión dinámica como una que se aproxima de manera más natural a coyunturas complejas como la que se analiza en el presente artículo.
El segundo elemento a considerar radica en que, en medio de la co-gestión dinámica, la innovación social es un factor detonador de cambio y de acercamiento a nuevos órdenes desde una perspectiva creativa. Para ello se realiza un acercamiento conceptual a las nociones, dimensiones y alcances de la innovación social dentro de fenómenos político - electorales y dentro de las prácticas de la administración pública. De la mano de ello, se acotan elementos vinculados con el rol de la ciudadanía organizada y de los movimientos sociales como agentes de cambio político.
Posteriormente, y dialogando con dicha propuesta conceptual, se ofrece un análisis de coyuntura respecto a los principales hitos que se desarrollaron dentro del periodo de estudio. Dicho periodo abarca del 20 de octubre de 2017, día que quedarían inscritas todas las candidaturas presidenciales; pasando por eventos que se convirtieron en puntos de quiebre como la llegada de la Opinión Consultiva de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, el resultado electoral de la Primera Ronda (4 de febrero) y el surgimiento del Movimiento Ciudadano Coalición Costa Rica el 5 de febrero de 2018; lo anterior para terminar con un análisis que llevará a los eventos ocurridos hasta el 8 de mayo de 2018, día en que se realizó el traspaso de poderes, acto en el cual Carlos Alvarado, candidato ganador de la contienda electoral asume oficialmente la presidencia. A modo de préambulo se adicionarán antecedentes de la democracia costarricense directamente relacionados con el incremento de entropía dentro del sistema sociopolítico costarricense en los últimos 30 años.
La ponencia concluye con una serie de reflexiones críticas respecto al rumbo de la toma de decisión en Costa Rica a partir de los hechos antes descritos, así como los desafíos que persisten en la materia y la incursión de nuevas formas de participación social y política de la ciudadanía, que se convierten en espacios de innovación social y de co-gestión dinámica frente a estructuras de participación tradicionales.