Print Friendly and PDF



Resumen de ponencia
Pensar la lucha por el Matrimonio Igualitario en Venezuela desde la experiencia Argentina: sobre la gestión del discurso para la incorporación de sujetxs políticos en apoyo al Proyecto del Ley.

*Victor Fernández Hernández



Mientras estaba en Argentina testimoniando como el Proyecto de Ley de Matrimonio Igualitario ganada cada vez más adhesiones en la discusión pública y finalmente era sancionado el 15 de julio de 2010, no dejaba de preguntarme cómo, en tan poco tiempo, un Proyecto de Ley considerado polémico y en una sociedad con cotidianas expresiones homofóbicas tendría una tendencia tan claramente favorable. ¿Cuál era el trasfondo de los argumentos de quienes, súbitamente, empezaron a defender en sus círculos sociales la causa? Esta interrogante me condujo a lo que dos años después fue mi trabajo de grado de la Maestría en Planificación y Gestión de los Procesos Comunicacionales en la Universidad Nacional de La Plata, titulado: “Yo banco el Matrimonio Igualitario”. Un análisis de la gestión comunicacional que le permitió a la diversidad sexual organizada la incorporación de sujetos en defensa del proyecto de Ley de Matrimonio Igualitario en la República Argentina.
La principal conclusión de este trabajo, y que se recoge también en este análisis, fue la verificación de que la comunicación como disciplina es funcional al cambio intencional ya que permite la confluencia de sujetos y sujetas, herramientas y plataformas políticas, y además ubica la reacción del adversario no como un obstáculo sino como una oportunidad. Poder identificar en el todo los discursos dinamizadores del flujo social es una experiencia que me invitó a la proyección de caminos para que en la República Bolivariana de Venezuela pudiésemos materializar un cambio social y político mediante el cual se reconociera legalmente y en igualdad de derechos a las personas sexo-género disidentes.
En el caso argentino distinguí dos estrategias. Primero, la relativa a conseguir la sanción de la ley en el Congreso de la Nación mediante la consolidación de una opinión pública favorable que repercutiera en lxs representantes políticos de los poderes ejecutivo, legislativo y judicial. Segundo, que para que ello ocurriese se incorporaron sujetxs en la defensa del Proyecto de Ley, lo que implicó una gestión discursiva de las construcciones culturales base, categorizadas en el trabajo como opinión pública matriz o hábitus, y que finalmente sinteticé como el pensamiento liberal argentino.
Identifiqué este pensamiento en la receptividad general que hubo una vez se optó por Matrimonio en vez de la Unión Civil, que mi parecer se vinculó con el significado que el matrimonio tiene en las sociedades occidentales al estar incorporado en el proyecto de vida de las personas. La vida conyugal y el trabajo son considerados como una reafirmación de la ciudadanía. En este sentido, desde el discurso de quienes impulsaron el Proyecto de Ley se estableció una correspondencia entre la cotidianidad de las familias homoparentales respecto de las heteroparentales.
Otra manifestación del pensamiento liberal argentino que recogió este análisis fue el del ideal democrático, que reconocí en la reedición del esquema civilización-barbarie bajo la dicotomía democracia-dictadura, lo que facilitó a lxs impulsores del Proyecto de Ley una presentación en la opinión pública en términos de buenos y malos.
Finalmente, una fuerte expresión del pensamiento liberal argentino la hallé en las aspiraciones que sobre sí tienen las y los argentinos como sociedad. La herencia del plan civilizador de finales del siglo XIX está vigente para gran parte de la población y de la cultura política argentina, razón por la que siguen teniendo por referente a los países europeos.
En función de estas conclusiones, a mi regreso a Venezuela me propuse analizar comparativamente la experiencia argentina con la dinámica sociopolítica venezolana, y a partir de ahí construir pistas que iluminen el sendero a quienes en esta tierra caribeña militamos por el reconocimiento legal e igualitario de las personas sexo-género disidentes.
Un primer paso fue identificar en contexto a los actores que participaron e impulsaron el debate en Argentina y cuáles serían sus similares en Venezuela. Aquí encontré varios contrastes. El nacimiento de la organización sexo-género disidente se da en Argentina en el marco de la resistencia a las dictaduras militares de finales del siglo XX, participando por tanto del consenso social de su condena una vez fue recuperada la democracia. El retorno a la democracia guiada por el pensamiento neoliberal potencia el peso de las organizaciones no gubernamentales (ONG) en la gestión social, y en particular de la sexo-género disidencia en la respuesta a la epidemia del VIH/Sida. Ya con el propósito de alcanzar el matrimonio igualitario, la Federación Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans (FALGBT) centralizó el acumulado político de ese peso de las ONG y encarnó la dimensión federativa. Por su parte, el kirchnerismo, como referencia del momento político en que se debatió y aprobó el proyecto de ley, otorgó mayor polaridad político-social en un panorama postneoliberal pero no se desdibujó la dinámica federativa en lo territorial ni liberal en lo partidista. En este sentido, la representatividad política se ha mostrado con diversidad ideológica y flexibilidad en sus posiciones.
Mientras, en Venezuela la otredad política que genera consenso no son dictaduras sino el fracaso de la representatividad de la democracia de la segunda mitad del siglo XX al servicio de las clases económicas dominantes, reconocida como la IV República, y cuya caída escenifica la génesis del chavismo como ruptura con esa dinámica. Por tal motivo, la polarización es absoluta y no hay margen de negociación ni punto de encuentro en el debate político entre quienes se identifican con el chavismo como fuerza para construir un proyecto de país y región -popular, nuestroamericano y socialista; y quienes lo adversan.
En tal sentido, el nacimiento de la organización sexo-género disidente venezolana se da en la IV República y tiene un breve momento de reconocimiento de la estigmatización de la que eran víctimas eclipsado inmediatamente por la necesidad de responder a la epidemia de VIH/Sida. Esto llevó a un segundo nacimiento con otros actores en medio de la pugna permanente entre el chavismo y el antichavismo, impulsado por ciertas dirigencias en ambos polos y no por un acumulado político que lo posicionara; careciendo entonces de un espacio de convergencia sectorial y por el contrario expresada en vocerías polarizadas y por tanto confrontadas.
Un segundo paso del análisis comparativo fue explorar cuáles fueron los elementos determinantes del espacio y los modos en que se generó el debate público en Argentina y proyectarlo en Venezuela. Al respecto, ponderé la política de los derechos humanos (DDHH) del kirchnerismo (2004-2015) como significación política del consenso social de condena a las dictaduras militares, así como la ruptura con la impunidad de sus ejecutores. Esta política de DDHH ha generado alianzas entre este sector político, otros de menor representación, y movimientos y organizaciones sociales.
En el caso de Venezuela las acciones de reivindicación de sectores históricamente oprimidos que encarna el chavismo (1999-presente) no se asocian con los DDHH sino con una retoma de la gesta independentista liderada por Simón Bolívar en el siglo XIX atravesada por el enfoque de lucha de clases del marxismo latinoamericano. En contraste con Argentina, el discurso de los DDHH en Venezuela es usado por el sector antichavista para descalificarlo a nivel internacional y situarlo como propulsor del terrorismo de Estado a modo de reedición de la campaña anticomunista de la segunda mitad del siglo XX.
Sobre el nivel de visibilidad de la sexo-género disidencia como sector que ha impulsado este cambio, ya era alto en Argentina para el año en que constituye la FALGBT (2006), mientras que en Venezuela empezó a ganar espacio a partir del año 2011 con el reconocimiento público que le dio el presidente de entonces y líder del chavismo: Hugo Chávez. Quizá por ello, en Argentina la sexo-género disidencia se manifiesta con mayor autonomía y por tanto como expresión de un sector social en procura de la garantía de los derechos que históricamente les han sido negados. En cambio, en Venezuela se manifiesta como parte de los dos bloques políticos en disputa y por ello prioriza la agenda común de cada uno por encima de la agenda sectorial.
Por esta caracterización como sector en una lógica político-partidaria de representación liberal-federal, en Argentina la disidencia sexual organizada que impulsó el Proyecto de Ley había consolidado antes de su debate público alianzas en la mayoría de los partidos políticos así como en la industria cultural; sin embargo, fue decisivo el apoyo de la dirigencia del kirchnerismo para que el proyecto tuviera posibilidad de triunfo en el Congreso de Nación y por tanto se instalara en el debate público. En Venezuela, si bien la disidencia sexual organizada tiene alianzas en los respectivos polos político-partidistas, en ninguno ha recibido respaldo sobre el planteo del reconocimiento legal de parejas del mismo sexo y de familias homoparentales.
Ya en un análisis más general sobre la dinámica política en cada uno de estos países, dada la diversidad de partidos y corrientes políticas representadas en el parlamento argentino, rara vez se tiene mayoría suficiente para que un partido en solitario apruebe un proyecto de ley. En contraste, en la Venezuela polarizada casi siempre las leyes han sido votadas en bloque y de manera discorde por los dos polos.
En función de lo reflexionado, esta investigación pone en diálogo las conclusiones de mi trabajo de maestría sobre la opinión pública matriz manifestada en las líneas discursivas esgrimidas durante el debate público en Argentina, con las líneas discursivas esgrimidas en la generalidad del debate político en Venezuela y las posiciones de sujetxs diversos respecto del reconocimiento legal e igualitario de parejas del mismo sexo y familias homoparentales en este país.




......................

* Fernández Hernández
Grupo de Investigación Feminista La Candanga La Candanga. Caracas, Venezuela