El presente trabajo consiste en el estudio de la innovación tecnológica aplicada al sector rural y su influencia en la soberanía alimentaria de las naciones.
A raíz de esto se han elaborado una serie de artículos desde Centro Latinoamericano de Investigación, Innovación y Desarrollo Agrícola, publicadas en el portal de noticias NODAL en diferentes oportunidades.
No es ningún secreto que la innovación tecnológica es el sustento del crecimiento económico en el largo plazo y sobre todo para un sector de las economías latinoamericanas como lo es la producción agropecuaria.
El proceso de modernización de la agricultura y de la producción de alimentos incluye la generación interna de innovaciones y la incorporación de tecnologías desarrolladas en otros sectores, particularmente en las industrias química y mecánica, la microelectrónica, la biotecnología, y actualmente, las tecnologías de la información y comunicación.
Dichas interacciones han permitido un enorme incremento productivo. Según datos de la FAO, entre 1961 y 2003 la producción neta de bienes agrícolas tuvo un aumento del 150% en américa latina.
Las mejoras tecnológicas aplicadas incrementaron la productividad de los recursos, y por ende de los saldos exportables de commodities, lo que significó mayores ingresos de divisas para los países exportadores de materias primas y alimentos, independientemente de quienes se apropiaran en última instancia de dichas riquezas.
El financiamiento de la investigación, desarrollo (IyD) y aplicación de nuevas tecnologías varía en cuanto a su origen y en los porcentajes medidos en términos del PBI, según se trate de países desarrollados o en vías de desarrollo. Según datos de la FAO, las inversiones públicas y privadas en América Latina y el Caribe en Investigación y Desarrollo de tecnologías agrícolas representan en promedio aproximadamente el 0.5% del PBI agrícola de la región. Este indicador contrasta fuertemente con la intensidad de la investigación agrícola en los países desarrollados, en donde este coeficiente es de 2.5%.
Para poner de ejemplo, las inversiones en biotecnologías vegetales y obtención de semillas mejoradas que realizan las grandes corporaciones de la industria en países de América Latina y el Caribe representan menos de 10% del gasto global en investigación en la mayoría de los países.
En cambio, en los países desarrollados de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) las inversiones privadas en tecnologías agrícolas significan en promedio casi el 47% del gasto en investigación agrícola, en países como Estados Unidos y Reino Unido superan el 50%.
En los países productores de materias primas, el presupuesto total de Inversión y Desarrollo es aportado en un 83% por los Estados-Nación, un 8% proviene de recursos internos, un 5% lo aportan asociaciones de productores y sólo el 3% de donantes extranjeros y bancos de desarrollo.
Con estos datos se puede afirmar que la inversión privada en investigación para el sector primario de producción por parte de las grandes corporaciones se concentra en los países que tienen altos niveles de industrialización, que pueden explotar un mercado con grandes tasas de crecimiento, alta disponibilidad de recursos humanos calificados y leyes de protección a la propiedad intelectual sumamente beneficiosa para las corporaciones multinacionales, como las impuestas a través de los Tratados de Libre Comercio o Bilaterales de Inversión.
En los casos de los países de la región latinoamericana que no reúnen estos requisitos, la inversión privada es casi insignificante: en cambio, la comercialización de dichos desarrollos es considerablemente alta. La generación de conocimiento estratégico se realiza en los países centrales y los productos de estos se comercializan en todo el mundo.
Aunque los Estados destinen recursos para el desarrollo de las diferentes producciones pecuarias regionales, los mismos no son suficientes y muchas veces terminan sirviendo de soporte a los capitales privados, en desarrollos cuyo knowhow es propiedad de corporaciones transnacionales, lo que significan el pago de derechos de uso de propiedad intelectual de ese conocimiento estratégico.
Por ello, es fundamental para el desarrollo sustentable y sostenible de nuestros pueblos poner al sistema educativo al servicio de la generación de conocimiento estratégico técnico, fomentar la inversión en IyD de los capitales privados nacionales a través de incentivos fiscales y financieros.
Es necesario generar los ámbitos de discusión y las acciones consensuadas, sinérgicas entre los diferentes actores del sector, asociaciones de productores, cámaras empresariales, universidades, organismos de investigación, asociaciones de consumidores, entes estatales de control de sanidad agroalimentaria, etc., que lleven a transformar los escasos recursos financieros de que disponen los estados en conocimiento altamente productivo de libre disponibilidad para productores agropecuarios de nuestras naciones.
El primer eslabón: La semilla, el recurso estratégico para la alimentación de los pueblos
En el transcurso del tiempo siempre ha sido el hombre junto a sus comunidades quienes han desarrollado distintos tipos de plantas con propiedades específicas utilizando las técnicas y conocimientos que le han garantizado su supervivencia frente a las adversidades de la naturaleza.
Existen más de 500 etnias latinoamericanas con formas de producción que han mejorado y perfeccionado los cultivos nativos; siendo los campesinos los que producen el 70% del alimento, pero tan sólo un 20% controla su sistema productivo.
En este sentido, la semilla juega un rol estratégico para la producción y el desarrollo agropecuario de las naciones ya que es el primer eslabón de cualquier cadena productiva, por lo que su posesión, producción y comercio garantiza la soberanía alimentaria y el desarrollo agropecuario exitoso de un país.
La superficie mundial de cultivos biotecnológicos, mejorados genéticamente, aumentó 110 veces de 1,7 Millones de hectáreas en 1996 a 185,1 Millones de hectáreas en 2016. La comercialización de estos cultivos, alcanzó un total acumulado de 2,1 mil Millones en 21 años (1996-2016).
En 2016, el valor del mercado mundial de cultivos biotecnológicos, fue de u$s 15,8 mil M lo cual representa el 22% de los u$s 73,5 M del mercado mundial de y el 35% de los u$s 45 mil M del mercado mundial de semillas comerciales.
El problema subyace en la concentración de la tierra, los cultivos y por ende de la comercialización del alimento, en detrimento de la soberanía alimentaria y tecnológica de los países latinoamericanos. Tal es así que Estados Unidos sigue siendo líder en la comercialización mundial de cultivos biotecnológicos desde 1996.
Brasil conservó su segundo puesto en el ranking mundial detrás de los Estados Unidos, con 49,1 millones de hectáreas de cultivos biotecnológicos sembrados, lo cual representa el 27% de la superficie mundial de 185,1 millones de hectáreas.
Por otro lado países como la Argentina mantuvo su puesto en el ranking como el tercer productor más grande de cultivos biotecnológicos del mundo en 2016, con una ocupación del 13% de la superficie mundial.
Cada semilla que se siembra tiene alguna intervención tecnológica. Y quién controla ese desarrollo, incide también en los demás eslabones y etapas de la producción primaria.
Así, el desarrollo de la genética de semillas pone en juego el control de la cadena productiva y su régimen regulatorio y de propiedad. Buscando desintegrar el conocimiento ancestral de las comunidades campesinas de nuestro continente.