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Resumen de ponencia
Universidad Popular de los Movimientos Sociales: aprendizajes desde la experiencia en la Universidad Nacional de Córdoba”

*José Bompadre
*María Inés Peralta
*Norma Fernández



PONENCIA GRUPAL: “Universidad Popular de los Movimientos Sociales: aprendizajes desde la experiencia en la Universidad Nacional de Córdoba”
José Bompadre, Norma Fernández, María Inés Peralta
La presente ponencia recupera una experiencia en la UNC con el objetivo de visibilizar un proceso de trabajo que se ha sostenido y multiplicado en el transcurso de 10 años en torno al proyecto de la Universidad Popular de los Movimientos Sociales, coordinado por Boaventura de Sousa Santos. El sentido de estos talleres se sintetiza en las palabras de Boaventura de Sousa Santos al iniciar el segundo taller, en abril de 2016: En el mundo de hoy hay mucha información pero poca comunicación. Hay una división entre conocimiento académico y conocimiento popular. Los movimientos no saben de otros movimientos, conocen sus propias luchas pero no conocen las de los demás. Por esto es que los movimientos se sienten un poco aislados. Tienen mucha información pero hay poca comunicación entre ustedes. Hay que reunirse entre movimientos para compartir experiencias”.
Ante el gran abismo que persiste entre el conocimiento académico y conocimiento popular, quienes nos dedicamos a estudiar y trabajar con movimientos tenemos el gran desafío de fortalecer nuestra comunicación con los mismos, pero, además de favorecer la comunicación entre movimientos sociales. Todo ello es imprescindible para potenciar las luchas emancipatorias.
Boaventura de Sousa Santos nos aporta profundas reflexiones sobre este tema y nos presenta una invitación desafiante a la comunidad científica mundial y dentro de ella a la occidental: el posmodernismo de oposición que implica tomar “la crítica de la modernidad como punto de partida para la construcción de alternativas epistemológicas y políticas” (2005:112). Distingue, dentro del proyecto de la modernidad, dos formas de conocimiento: “el conocimiento como regulación, cuyo punto de ignorancia es denominado caos y cuyo punto de conocimiento es denominado orden … y el conocimiento como emancipación, cuyo punto de ignorancia es llamado colonialismo y cuyo punto de conocimiento es denominado solidaridad” (2005:105). Y nos señala que la tensión entre ambas formas de conocimiento fue resuelta con la dominación de la regulación sobre la emancipación y, en consecuencia, con el predominio de una visión del “otro” como objeto y no como sujeto de conocimiento. Todo ello, sigue siendo el desafío que asumimos desde nuestra posición de universitarios/as.
La ponencia pretende recuperar aprendizajes de esta experiencia (dos talleres de UPMS, uno en 2007 y otro en 2016), en diálogo con prácticas extensionistas sostenidas desde la recuperación democrática en adelante, recuperando el legado del pensamiento liberacionista de las décadas 60 y 70, desde una relectura necesaria y resignificada a la luz de los aportes de las luchas anticapitalistas, antipatriarcales y anticoloniales.
Entre los ejes de estos aprendizajes nos interesa enfatizar:
-la capacidad de lectura de la demanda social, entendida como configuración de lo que una sociedad puede definir como sus problemas de agenda; los prioritarios, pero también los invisibilizados, sojuzgados, naturalizados. Se trata de entender a las demandas articuladas a la idea de necesidades y de reivindicaciones, campo en el cual los discursos sobre ellas se presentan como un espacio en contienda y en disputa, donde los grupos con recursos discursivos (y no discursivos) desiguales compiten por establecer como hegemónicas sus interpretaciones respectivas sobre lo que son legítimas necesidades sociales.
Esto requiere que desarrollemos una capacidad de escucha, de análisis y de interpretación, ya que lejos de ser unívocas, las lecturas sobre las necesidades son fruto de disputa de los sentidos, donde los expertos tenemos un poder central, el poder del conocimiento legitimado. Participar en la resolución de la demanda social es participar de la lucha por las necesidades; no es una lucha por los recursos solamente, antes de esa lucha está la de instalar una necesidad como tal en la agenda pública, y luego la lucha por definir esa necesidad.
Para ello hay que desandar el problema del silencio y de la indiferencia; ya que la ciencia moderna como regulación silenció y ocultó imponiendo un género, una raza, una clase social, una edad. De lo que se trata es de hacer inteligibles las diferencias, ya que no si no somos capaces de captarlas, percibirlas, enunciarlas y traducirlas, se nos hacen indiferentes.
-Otra característica central es cómo lograr que el conocimiento universitario sea “apropiado” por la sociedad y que la Universidad se apropie de los saberes no universitarios. Es necesario revisar el sentido desde el cual hacemos extensión, transferencia, vinculación, de modo de desnudar aparentes diálogos que en realidad son “imposiciones amables”. Que nuestro conocimiento sea significativo para un “otro” requiere que le resuelva problemas concretos de su vida cotidiana, que contar con él le permita estar en mejores condiciones de disputa con sus adversarios y de alianzas con otros pares, aumentando así el capital social y político necesario para resolver sus necesidades y reivindicaciones. Que el conocimiento de los “otros” sea significativo para las Universidades implica asumir que la legitimidad de la Universidad depende de que el conocimiento que producimos y los profesionales que formamos sea necesario y útil para esos “otros”.
Todo esto requiere desarrollar una capacidad comunicacional y educativa distinta a la que ponemos en acto en los encuentros entre académicos: que nuestro conocimiento ancle en otros saberes y se pueda expresar con otros códigos requiere una práctica en la que se construya esta disposición. No es automático y ni voluntarista.
Las dos características presentadas se vinculan con una tercera: reconocer a la Universidad Pública como actor político en tanto institución legitimada socialmente con poder para imponer agenda. Si reconocemos el enorme poder que la institución en las que trabajamos tiene para construir un régimen de verdad, está claro el componente ético-político de la producción de conocimientos y del diálogo de saberes. O sea, al servicio de quien se pone ese conocimiento, es la gran pregunta. Es la pregunta de todos los días, no es la gran pregunta que tiene una respuesta de una vez y para siempre.
El contexto paradigmático de los derechos humanos y la emergencia de los nuevos movimientos sociales que caracterizó al último cuarto del siglo XX instaló la búsqueda de la diversidad, la pluralidad, lo alternativo y lo alterativo, que se impuso en la agenda pública de la mano de las luchas feministas, ambientalistas, decoloniales, antirepresivas, y otras; y con ello, el reclamo al conocimiento universitario para su apertura a diversos tipos de conocimientos sojuzgados e invisibilizados.
Esta disputa de proyectos societales se da también al interior de nuestras universidades: en las voces de los colectivos que las componen (estudiantes, trabajadoras/es docentes, egresadas/os y trabajadoras/es no docentes) y en las voces de las organizaciones políticas y gremiales que estos actores se dan para hacer valer su visión sobre la Universidad y la sociedad que quieren.
Estas diversidades pugnan por ser reconocidas a la hora de tomar cada una de las decisiones que hacen a la vida de nuestras universidades. Universidades que estuvieron en la calle masivamente ante los intentos golpistas de la década del 80, y sus actoras/es se mostraron dispuestos a no dejarse arrebatar la democracia recuperada; Universidades que lograron sostener mecanismos de resistencia al neoliberalismo menemista, al ahogamiento presupuestario, a los perfiles profesionales gerencialistas o privatizadores, al “fin de las ideologías”.
Es posible sostener y plasmar en acciones concretas decisiones políticas democráticas y emancipatorias. Está claro que estas visiones conviven con resabios autoritarios, con intereses corporativos funcionales a un país para pocos – al interior de nuestras universidades y en la sociedad en general- pero es innegable que la autonomía y el cogobierno habilitan los mecanismos y dispositivos necesarios para dar estas disputas de modelos de sociedad.
Al decir de Santos (2017; 16), la Universidad Pública:
“es también la institución que crea un espacio público privilegiado, potencialmente dedicado al debate abierto y crítico de ideas. Sin embargo, precisamente por estas dos razones, la universidad de hoy carece de aliados fuertes. Es, por lo tanto, un bien público bajo amenaza constante. Las amenazas provienen tanto del interior, de aquellos que se niegan a cambiar la crisis de la universidad en una oportunidad emancipatoria; y desde afuera, de aquellos que ven en la universidad una amenaza para su poderío político y económico”.





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* Bompadre
Facultad de Filosofía y Humanidades - FFyH UNC. Córdoba, Argentina

* Peralta
Facultad de Ciencias Sociales. Facultad de Derecho y Ciencias Sociales. Universidad Nacional de Córdoba - ETS/UNC. Córdoba, Argentina

* Fernández
Facultad de Ciencias de la Comunicación - FCC-UNC. Córdoba, Argentina