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Resumen de ponencia
Subjetividad políticas de las trabajadoras domésticas: composición y procesos de transformación.

*Maite Burgueño



La presente ponencia se basa en la monografía final de la Maestría en Trabajo Social (FCS- UdelaR), que busca analizar cómo se dan los procesos de subjetivación política de las trabajadoras domésticas en la coyuntura actual. Se pretende conocer la forma en que las trabajadoras se fueron apropiando, comprendiendo y respondiendo a las relaciones de dominación que configuraron históricamente el trabajo doméstico, así como identificando desde su perspectiva relaciones de antagonismo y de emancipación.

La forma de posicionarse en estas relaciones puede analizarse desde el movimiento que va de las experiencias a la producción de conciencia, es decir el pasaje de la experiencia vivida a la experiencia pensada (Thompson), de la espontaneidad a la conciencia (Modonesi). A este movimiento le llamamos subjetivación, que es política en tanto se produce en experiencias basadas en relaciones de poder.
Nos proponemos dar cuenta del proceso histórico de constitución de la subjetividad política de las trabajadoras domésticas, así como el cambio que supone el nuevo contexto que se da en Uruguay a partir del 2005.

El trabajo doméstico, en tanto campo de fuerzas se caracteriza históricamente por la dominación y la subordinación, incluso por condiciones de aparato de dominación (Bourdieu) en donde las posibilidades de resistencia son mínimas. Más allá de las importantes transformaciones sufridas a lo largo de la historia, esta característica ha permanecido, constituyéndose el trabajo doméstico en herramienta de dominación de un grupo sobre otro, sea en condiciones de esclavitud o de trabajo asalariado, justificadas en la condición de raza, de género o cualquier otra condición de desventaja social. Sean cuales fueran los argumentos y razones, el trabajo doméstico ha servido como herramienta de dominación de unos sobre otras, basada en nociones de inferioridad y desvalorización.

Sin duda estas condiciones sociales que caracterizan el campo del trabajo doméstico determinan la conformación de la subjetividad política de las trabajadoras basada en la dominación y la subordinación, lo cual es confirmado en los relatos de las trabajadoras domésticas cuando hacen referencia al período previo al 2005. Cada historia es particular y encierra diferentes formas de resistencia, aceptación y emancipación; sin embargo la subjetividad colectiva basada en las relaciones de poder que determinan el campo del trabajo doméstico son claramente de subordinación.

Para comprender el complejo de factores de intervienen en la producción de esas relaciones de poder nos interesa revisar el concepto de trabajo. Señala Zarifian (2003) que la relación capital-trabajo se estructura en un campo de fuerzas, en el que ambas partes se confrontan en torno al eje de la plusvalía en pugna con el salario. La noción de campo de fuerzas nos permite identificar elementos diversos que se ponen en juego en la relación laboral, que definen el salario, pero que no se limitan a las determinantes propias de las relaciones puramente económicas.

Por otra parte y como perspectiva complementaria, De la Garza (2009: 13)) señala que:
la especificidad de cada Trabajo no proviene de las características del objeto, ni de las actividades mismas, ni del tipo de producto sino de la articulación de este proceso de producir con determinadas relaciones sociales amplias, con relaciones económicas, de poder, de interés, de influencia, culturales.

En el caso del trabajo doméstico, todo lo que sucede dentro del hogar que configura fuertemente la relación y el proceso-producto de trabajo trasciende ampliamente las tareas de limpieza, cocina, cuidado, todo el complejo de factores que intervienen aparecen insoslayables e indivisibles, configurando además el valor, en concreto el salario de la trabajadora.

Tanto por la historia de su constitución como trabajo, así como por la inespecificidad que caracteriza a este tipo de tareas, la delimitación del trabajo doméstico que realiza la empleada requiere en sí mismo de múltiples precisiones. Tal como señala De la Garza: “...los límites entre Trabajo y no Trabajo no son naturales o universales sino dependen de las propias concepciones sociales y poderes dominantes en este respecto.” (2009: 13)

El trabajo doméstico se va constituyendo como trabajo, lo que implica recorrer estas fronteras y sus determinaciones históricas. Se trata de tareas que provienen de dos formas de dominación no reconocidas como trabajo, las tareas domésticas no remuneradas, encargadas a la mujer y realizadas por amor, y las tareas realizadas por los esclavos a cambio de la vida.

El trabajo doméstico sintetiza en este sentido diferentes formas históricas de dominación, dando cuenta de la vinculación y dependencia entre éstas.

La condición de “raza” aparece como factor de legitimación de la dominación hacia América Latina y en particular como condición para diferenciar el trabajo asalariado – reservado a los blancos – del trabajo esclavo -para indios y negros-. Estas relaciones de “raza” y de dominación se observan también en la propia división y organización del trabajo en América Latina. La población indígena y afrodescendiente son determinantes en la composición del trabajo doméstico, que si bien aparece hoy bajo la forma asalariada, su historia, así como la realidad actual en otros países la vinculan fuertemente al trabajo esclavo o semiesclavo, que recae sobre esta población y bajo el criterio de la condición de “raza”.

Señala Quijano (2000) que la idea de raza fue construida como forma de legitimar la dominación impuesta por la conquista. A decir del autor: “la raza se convirtió en el primer criterio fundamental para la distribución de la población mundial en los rangos, lugares y roles en la estructura de poder de la nueva sociedad.” (Quijano, 2000: 2)

De esta forma, “raza y división del trabajo, quedaron estructuralmente asociados y reforzándose mutuamente…” (Quijano, 2000: 2) Asimismo, tal como fue señalado anteriormente reconocer esta historia implica revisar conceptos clásicos, no sólo la categoría trabajo sino también la noción de clases sociales; de acuerdo a lo planteado en América Latina las clases sociales están profundamente ligadas a la noción de raza.

En América Latina los trabajadores blancos han ocupado algunos espacios de trabajo, mientras las mayorías de la población indígena o afrodescendientes han realizado cualquier tipo de tareas a cambio de muy poco, básicamente mantener la vida. Las mujeres pobres, indígenas o negras, han trabajado cuanto han podido, siendo el servicio doméstico uno de los espacios principales de inserción de estos grupos sociales. Asimismo se han encargado siempre de las tareas reproductivas de sus hogares, sin obtener ninguna remuneración por ello ni reconocimiento en cuanto trabajo.

Si bien está claro que el género, la “raza” y la clase son dimensiones que componen las relaciones sociales del campo del trabajo doméstico, desarrollando formas de dominación, señala Bourdieu que el sistema por sí sólo no asegura la reproducción del orden establecido:
...a los dominantes no les basta dejar hacer al sistema que ellos dominan... necesitan trabajar cotidiana y personalmente en producir y reproducir las condiciones siempre inciertas de la dominación. (Bourdieu, 2013 [1980]: 209)

Aun considerando que existen determinaciones muy precisas para el ejercicio de relaciones de dominación, es importante advertir que la misma se reproduce en sus formas elementales, es decir la dominación directa de una persona sobre otra.

La dimensión interpersonal que adquiere la dominación en el trabajo doméstico, la relación patrón- empleada permite reconocer estas formas elementales casi sin mediaciones1. La apropiación del trabajo se realiza mediante un lazo personal en el que intervienen servicios, bienes, homenajes, respetos, por lo tanto donde el capital simbólico y el económico se confunden e intercambian.

La tensión dominación/resistencia se estructura sobre la capacidad de naturalizar sus condiciones de producción de la dominación, generando atributos personales (y naturales) de desigualdades sociales.

Hay una primera lucha que radica entonces en la disputa por la comprensión de la realidad.
En la lucha ideológica entre los grupos (clases de edades, clases sexuales, por ejemplo) o las clases sociales por la definición de la realidad, a la violencia simbólica, como violencia no reconocida (méconnue) y reconocida, legítima por tanto, se opone la toma de consciencia de lo arbitrario que desposee a los dominantes de una parte de su fuerza simbólica aboliendo el no-reconocimiento (mécconnaisance). (Bourdieu, 2013 [1980]: 224)

La naturalización y legitimación de tantas arbitrariedades es lo que empieza a romperse en el 2005 en Uruguay. Se desarrollan un conjunto acciones a nivel nacional tales como: aprobación de la Ley 18.065; Convocatoria a Consejos de Salarios con la creación de un nuevo grupo; realización de Inspecciones de Trabajo; campañas publicatarias de promoción de la formalización, entre otras. Esto se acompaña a nivel internacional por el Convenio de OIT N° 189 de Trabajo Decente para trabajadoras y trabajadores domésticos.

Estas acciones despliegan algunos procesos basados en el reconocimiento como actor colectivo de negociación, la posibilidad jurídica de reclamar, el hecho de constituirse en tema público, la existencia de un colectivo, entre muchos otros.

Se advierten transformaciones importantes a nivel de la subjetividad de las trabajadoras. Aún en la diversidad de trayectorias y de posicionamientos personales es posible advertir que: estamos ante un nuevo período en lo que refiere al proceso de subjetivación política de las trabajadoras domésticas. que se caracteriza por la ruptura de una subjetividad política basada en relaciones de subordinación.

Referencias bibliográficas del resumen:

Bourdieu, Pierre (2013) [1980] El sentido práctico. Argentina. Editorial Siglo Veintiuno
De la Garza Toledo, Enrique (2009)




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* Burgueño
Universidad de la República - Facultad de Ciencias Sociales - Departamento de Trabajo -Social UdelaR - FCS - DTS. Montevideo, Uruguay