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Resumen de ponencia
Jóvenes productores/as de la agricultura familiar. Análisis de sus condiciones laborales, sociales, económicas y culturales.

*Alejandra Dávila Pico



En esta ponencia interesa principalmente poner en debate el proceso de migración de los/as jóvenes productores del cordón hortícola platense que pertenecen al Movimiento de Pequeños Productores (MPP). Es posible vislumbrar la importancia que tiene el sector frutihortícola para todos/as los/as ciudadanos que viven en la ciudad de La Plata asimismo para ciudades aledañas a los cuales estos/as productores/as abastecen con comida fresca. Como es mencionado por Cieza (2015) “Con base en el año 1988 y al tomar como referencia los períodos 1998, 2005 y 2010, se observa un crecimiento de la incidencia del Cinturón Hortícola Platense sobre el Área Bonaerense, ya que ha pasado del 28% en 1998 al 72% en el 2010 (Lauría, 2011). De acuerdo con los datos del Censo Horti florícola del año 2005 para el Partido de La Plata el 23,5 % de los sistemas productivos hortícolas eran exclusivamente a campo, el 27,5 % eran solo bajo cubierta y el 49 % de las mismas combinaban ambas modalidades productivas. Para el año 2010, los sistemas exclusivamente bajo cubierta son los que predominaban en el Partido, con unas 2500 hectáreas bajo invernadero para el Gran La Plata (Staviski, 2010). Esta mayor superficie bajo cubierta ha provocado un incremento de la producción de hortalizas, siendo La Plata en la actualidad la responsable de la provisión del 82 % de hortalizas que se comercializan en el Mercado Central de Buenos Aires. Particularmente, en lo que respecta al cinturón hortícola platense, se duplicó la producción en la misma superficie”. A través de estas cifras se evidencia la importancia estratégica que tienen los/as productores/as de la Agricultura Familiar para la soberanía alimentaria, no solo en la ciudad de La Plata sino de otras regiones también. Es preciso clarificar lo que se entiende por Agricultura Familiar, en este plan de trabajo se toma el concepto trabajado en el segundo plenario del Foro Nacional de Agricultura Familiar, donde se propone una definición cualitativa sobre la misma considerándola como: “… una forma de vida y una cuestión cultural, que tiene como principal objetivo la reproducción social de la familia en condiciones dignas, donde la gestión de la unidad productiva y las inversiones en ella realizadas es hecha por individuos que mantienen entre sí lazos de familia, la mayor parte del trabajo es aportada por los miembros de la familia, la propiedad de los medios de producción (aunque no siempre la tierra) pertenece a la familia, y es en su interior que se realiza la transmisión de valores, prácticas y experiencias” (FONAF, 2006). A su vez, se parte de entender al territorio como un elemento constitutivo en la conformación de diferentes organizaciones, asociaciones, cooperativas, movimientos sociales, entre otros; el territorio no solamente como un lugar geográficamente delimitado, ni como un espacio estanco, sino como un espacio de organización, un espacio en el cual se entretejen diferentes luchas de poder como lo menciona, Stratta, F. y Barrera, M. (2009) “el territorio es el resultado de las formas de vinculación entre distintos sujetos, en un espacio específico y con una temporalidad propia, desde donde se produce y reproduce la vida a partir de determinadas técnicas”. Por lo tanto, se ubica al cordón hortícola platense como un territorio en el cual se hacen presentes todos los elementos mencionados por Stratta.
Gracias a algunas investigaciones realizadas tanto en la provincia de Buenos Aires como en provincias donde iniciaron las migraciones estacionarias como Salta, Jujuy, -en la agroindustria azucarera, por ejemplo– que estos/as productores/as de la agricultura familiar se encuentran la mayoría del tiempo en situaciones de vulnerabilidad social, en donde se encuentran constantemente quebrantados sus derechos como personas, como migrantes, como trabajadores/as, como jóvenes. Como es mencionado por Tadeo, (2010) “Las condiciones de inestabilidad e incertidumbre que acompañan a este tipo de trabajador se ponen en juego al pactar el valor del jornal, es el factor prioritario para aceptar las condiciones de trabajo y la causa principal de rotación en busca de una mejor remuneración, porque trata de reunir la mayor cantidad de dinero para llevar a su lugar de origen; en cambio resigna las condiciones de alojamiento, su precariedad es un rasgo del paisaje local en el tiempo de la cosecha, con predominio de hacinamiento y carencias varias. El trabajador migrante sigue siendo el asalariado agrícola peor pago y carente de protección social y representación gremial, generalmente persiste la forma de pago por producción”. La autora hace referencia en un inicio a las condiciones laborales que posee el trabajador estacionario, pero es posible identificar las mismas pésimas condiciones de trabajo cuando este se asienta en un territorio y consecutivamente se realiza la reunificación familiar en el país en donde se encuentra trabajando el jefe o jefa del hogar, en este caso en alguna ciudad o
localidad que hace parte del cordón hortícola argentino.
Gran parte de estos/as trabajadores/as de la agricultura familiar son migrantes, ya sean internos o migrantes
limítrofes, estos últimos son migrantes principalmente provenientes de Bolivia. Esta migración se viene
produciendo desde los años 70 aproximadamente, la mayoría de ellos/as se dedicaron a la agricultura, esto con
un conocimiento previo en su país de origen. La migración de esta población hacia la Argentina y el hecho de
que se asentaran y dedicaran a trabajar la tierra han generado muchísimos cambios, en primer lugar, a nivel
económico-productivo y en segundo lugar cambios a nivel social y cultural. Estos cambios producidos en el
país gracias a la migración han sido analizados por Roberto Benencia, quien desarrolla e incorpora conceptos
que permiten comprender este fenómeno de la migración inscripto en el sistema de producción capitalista -en
su etapa neoliberal- el autor a su vez retoma análisis de otros autores para lograr captar mucho mejor este
fenómeno. El concepto que logra generar una comprensión mucho más amplia de estos cambios ocurridos
desde que los/as bolivianos/as migraron para trabajar la tierra tiene que ver con la Transnacionalidad. En este
sentido, Benencia (2005) menciona “la migración transnacional está vinculada estrechamente a las cambiantes
condiciones del capitalismo global, y que, por esta razón, debe ser analizada en el contexto de las relaciones
globales entre capital y trabajo. Es evidente que, por lo general, los movimientos migratorios masivos de estos
últimos años tienen un carácter básicamente laboral y que la mano de obra migrante es un factor que
contribuye a la expansión del capitalismo a escala internacional. Por lo tanto, la dirección más frecuente de los
flujos migratorios se orienta desde los países con menor desarrollo hacia los de mayor desarrollo económico”.
Esta categoría genera una comprensión mucho más amplia del proceso de la migración ya que no se quedan
definiciones clásicas donde perciben al migrante como un sujeto sin capacidad de acción, como un sujeto
determinado estructuralmente en el cual el capitalismo ya ha definido toda su vida y este no tiene poder de
incidir en un cambio. Este concepto permite vislumbrar las formas en que estos/as migrantes desarrollan
redes, generan diferentes vínculos y sobre todo como se han insertado en el mercado laboral no solamente
como peones, sino como patrones también -sin olvidar que todos estos procesos suceden en determinado
sistema de producción- ligado a determinado sistema político, pero no pensando que esto define la capacidad
de los sujetos. El autor vuelve sobre esto mencionando a otras autoras que lo trabajan, “Tal como afirma
Cortés (2002: 56), con referencia a Pries (1997) estamos de acuerdo en que los determinantes de la migración
internacional, cualquiera que sea el contexto geográfico, ya no se pueden analizar desde el punto de vista del
ajuste a espacios económicos jerarquizados, en el cual el migrante es simple objeto de atracción o repulsión.
La dimensión estructural y estable de los procesos migratorios, en varias regiones del mundo, proviene de la
capacidad de los actores-migrantes de desarrollar y adaptar sus propias lógicas de movilidad espaciales. Esa
adaptación se basa en sus necesidades de subsistencia, sus deseos de movilidad social, sus proyectos de vida,
por lo cual los migrantes tienen sus espacios de origen como referente territorial e identitario…”. (Benencia,
2005; 10)




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* Dávila Pico
Facultad de Trabajo Social. Facultad de Trabajo Social. UNIVERSIDAD NACIONAL DE LA PLATA - FTS-UNLP. LA PLATA, Argentina