Cali es una ciudad violenta en la que convergen estructuras criminales con un alto impacto sobre su tasa de homicidio. Si bien, uno de los móviles que reporta el mayor número de homicidios es el enfrentamiento entre pandillas localizadas principalmente en el oriente y en las laderas de Cali, los homicidios relacionados con la delincuencia, venganzas y con ataques salariales se encuentra distribuidos casi homogéneamente por todas las comunas. Para explicar la violencia homicida en Cali, Salazar (2015) parte del supuesto de que en la ciudad existe un sistema de guerra y violencia, que emerge como herencia del sistema privado de seguridad del narcotráfico de la década de 1980 y 1990. En este contexto, la formación de empresas criminales especializadas en la producción, distribución y comercialización de cocaína a escala global, desembocó en la institucionalización de una estructura criminal, que permanece en el tiempo y posibilita la oferta de servicios violentos, usada como mecanismo de ajuste de cuentas no sólo para los individuos vinculados a actividades ilegales, sino también entre los ciudadanos del común.
Este trabajo pretende contribuir a la comprensión del fenómeno de la violencia homicida en Cali desde una perspectiva sistémica. Las amplias y complejas interacciones sociales que convergen en el sistema de guerra y violencia de la ciudad de Cali no son explicadas en este trabajo. Este es un intento por aproximarnos a una de las múltiples interacciones letales que convergen en el sistema de guerra y violencia de la ciudad de Cali. Se centra específicamente en el vínculo laboral entre un integrante de una oficina de cobro y un joven pandillero que está dispuesto a cometer un homicidio a cambio de una remuneración económica. Para ello, se modelan las relaciones laborales y las interacciones sociales que subyacen tras las muertes violentas relacionadas con el móvil venganzas que clasifican los homicidios asociados con ataques sicariales.
Durante las últimas décadas, en Cali el homicidio adquirió un valor de cambio en el mercado. Desde entonces, este tipo de transacciones criminales permanecen en el tiempo, porque se mantiene cierta disponibilidad a pagar para matar. En consecuencia, al igual que en Medellín en la década de los 90, el homicidio adquirió las propiedades de una mercancía (De los Ríos y Ruiz, 1990) que se transa en un mercado en el que se ofertan y demandan servicios violentos con fines de protección, coacción o venganza. En este contexto, el poder social de impartir justicia o garantizar la seguridad, es administrado por terceros como parte del crimen sistémico que introdujo cierta incertidumbre sobre la administración de la justicia y sobre la vida de los ciudadanos inmersos tanto en actividades legales como ilegales.
Ahora bien, la prestación de servicios violentos, exige el despliegue de una acción racional, preparada y planificada de cierto tipo de empresas criminales especializadas en la prestación de este tipo de servicios. Castillo (2015) explora la relación entre oficinas de cobro y pandillas en la idea de explicar la violencia homicida en Cali, entendiendo las oficinas de cobro como empresas criminales que actúan como intermediarios entre quienes demandan la prestación de servicios violentos y quienes lo ejecutan, siendo estos jóvenes delincuentes pertenecientes a alguna pandilla.
En efecto, la contratación de un joven por parte de las oficinas de cobro, requiere la formación de capital humano con ciertas habilidades específicas para matar. En ese sentido, las oficinas de cobro se especializan en generar incentivos para alentar ese tipo de habilidades, en un contexto en el que las pandillas operan como una estructura social que posibilita la difusión de ese tipo de conocimientos que se propagan por las redes de la pandilla y que se transmite de manera intergeneracional.
El vínculo laboral entre las oficinas de cobro y los jóvenes pandilleros, se deriva de las conexiones sociales que establecen los jóvenes de las zonas marginales. Es así como las redes de contratación de servicios violentos emergen como consecuencia de los vínculos fuertes que establecen jóvenes pandilleros con el crimen organizado. Las altas tasas de desempleo juvenil en las zonas marginales de la ciudad y la incapacidad del sistema educativo de incentivar la permanencia en la educación básica y garantizar el acceso la educación superior , tiene como consecuencia la formación de vínculos débiles con otro tipo de estructuras sociales determinantes para la incursión de los jóvenes en el mercado laboral o en la educación superior, lo que imposibilita la ruptura del sistema de violencia.
En Cali los jóvenes sicarios se forman en las pandillas de las zonas marginales, pues existen las condiciones y el ambiente propicio que permite la conformación de una institucionalidad alterna e ilegal que posibilita la empleabilidad y adiestramiento de los jóvenes en actividades ilegales y criminales. De acuerdo con Salazar (2015) lo que dinamiza el sistema de violencia en Cali, es la demanda por servicios violentos, y es esto lo que hace indispensable la formación y contratación de jóvenes pandilleros para la prestación de servicios criminales. Para Richani (2003), los sistemas de violencia se caracterizan por la prolongación de la violencia en el tiempo, pero esto ocurre sí los actores antagónicos logran adaptarse al conflicto mediante una economía política positiva. En ese sentido, las estructuras criminales que ofertan servicios violentos en Cali, mantienen una economía política positiva para lo cual establecen con los jóvenes pandilleros.
Este trabajo tiene la siguiente estructura: en primer lugar, partimos del análisis de las estadísticas que describen el problema de la violencia en Cali. En segundo lugar, se presenta la revisión de literatura que contiene una breve introducción a la teoría económica del crimen y a los modelos de principal-agente utilizados para estudiar las estructuras criminales. En tercer lugar, se presenta el modelo que describe las interacciones estratégicas entre oficinas de cobro y jóvenes pandilleros en un contexto de incertidumbre y de información asimétrica. En cuarto lugar, se presenta el modelo con redes en la idea incorporar las estructuras sociales que se activan para la concreción de un homicidio. Finalmente se presentan las conclusiones y las recomendaciones de política pública.