El 8 de marzo de 2018, un grupo de académicas y funcionarias de la Universidad de La Frontera (UFRO), acoge el llamado del movimiento internacional de mujeres, a sumarse al Paro Internacional de Mujeres. Este fue un primer hito en la organización de las mujeres en la UFRO, que dio paso a una manifestación conmemorativa del 8 de marzo que visibilizó por primera vez al interior de la Universidad, las brechas de género existentes entre hombres y mujeres en el ámbito laboral, académico y relacional.
Paralelamente, un grupo de estudiantes de pregrado, denunció un hecho de abuso sexual ocurrido entre estudiantes de una carrera de la Universidad. La forma en que la institución y el aparato legislativo abordó este caso, tuvo como resultado que el agresor siguiera estudiando junto a la denunciante, quien a su vez debía seguir viéndolo todos los días en clases. Esto, detonó el rechazo y exigencia por parte de las estudiantes, de crear y poner en práctica un Protocolo que verdaderamente se hiciera cargo y resolviera de forma coherente y justa, las situaciones de acoso, maltrato, discriminación y abuso de poder ejercidas por varones de cualquier estamento, al interior de la comunidad universitaria.
En este marco, teniendo como referencia lo sucedido durante los últimos tres años, y lo se venía desarrollando tanto a nivel internacional como nacional, respecto a la emergencia de la lucha de las mujeres contra la violencia, los femicidios, el acoso y la desigualdad en cada uno de sus territorios. En Estados Unidos, se evidenció frente a la asunción de Trump y el movimiento Me Too, en Argentina y varios países de América Latina por el Ni Una Menos; la Huelga de Mujeres en España el 8 de marzo; la lucha en las calles por el aborto legal, seguro y gratuito, entre otros.
Es así, que en mayo de este año en Chile, tras varias denuncias de casos de acoso y abuso de poder en distintas universidades pertenecientes a distintas regiones a lo largo del territorio nacional, estudiantes chilenas comienzan las primeras tomas de espacios de sus casas de estudio. En nuestra Universidad, el 8 de mayo se convoca a la primera Asamblea de Mujeres, con una figura de participación triestamental y abierta. El resultado de esa primera asamblea separatista, fue la primera acción consensuada entre mujeres de los distintos estamentos y edades que componen la comunidad UFRO. Esto se materializa en la decisión de la toma de los espacios por parte de las estudiantes, con el propósito de tener un espacio físico seguro y abierto para cualquier mujer que integrara la comunidad universitaria, que permitiera la elaboración de un petitorio, documento a levantar por las mujeres UFRO, el cual pudiese incorporar las diversas demandas en torno a la necesidad que evidencian las mujeres y sus distintos roles. Uno de los productos elaborados conjuntamente, fue el sancionar un Protocolo contra el acoso y maltrato laboral, demandas en relación a los derechos reproductivos y no reproductivos, maternidad y paternidad de estudiantes; el reconocimiento de la diversidad sexual; precariedad de las mujeres con figura de contrato a honorarios frente al pre y post natal, educación no sexista en las mallas curriculares y las asignaturas dictadas, entre otros. Esta toma de espacios, da como resultado un proceso de negociación con el Gobierno Universitario, con el fin de llegar a diversos acuerdos, según cada uno de los puntos declarados en el petitorio. Luego, tras intensas jornadas de trabajo con representatividad y vocerías de estudiantes, funcionarias y académicas, se tienen como resultado varios acuerdos y la entrega al rector del Protocolo contra el Acoso Sexual, el Maltrato Laboral y la Discriminación Arbitraria. Durante dos meses ininterrumpidos, las mujeres movilizadas en Chile y en la UFRO, nos organizamos en asambleas de figura bi y triestamentales en forma autoconvocada. Además de conformarse la Asamblea del Gulumapu con mujeres del movimiento mapuche, dirigentas sindicales y feministas de la región y territorio de la Araucanía.
Este proceso que aún está en desarrollo, nos abre diversas reflexiones a la luz de los procesos históricos protagonizados a lo largo de la historia por las mujeres el movimiento feminista en la educación superior. Nos preguntamos ¿Qué continuidades y rupturas se dan en los métodos y propuestas del movimiento feminista?; ¿Estamos ante una cuarta ola feminista?; ¿Cómo se articula con otros movimientos sociales?; ¿Cómo se cruzan los temas de clase y etnia en estas movilizaciones?
Nuestra ponencia pretende abordar estas preguntas a la luz de una reflexión política de un proceso aún en curso. Proceso que nos permite comprender que no es trabajo del hombre darnos nuestra libertad de ejercer y movilizarnos al interior de los procesos laborales, académicos y relacionales universitarios, sino que debemos organizarnos para discutir, desarrollar y proyectar políticas universitarias efectivas y acertadas, que permitan satisfacer la representatividad de las principales dimensiones sociales y académicas en las que se expresa las desigualdades de género.
Hasta el momento, el trabajo que hemos podido desarrollar como bi estamento compuesto por funcionarias de distintos tipos de contrato, así como de académicas, tiene que ver con la generación de estrategias que nos permitan proyectar y aportar en la generación de políticas y prácticas con una perspectiva de igualdad de género al interior de una institución de educación superior de carácter público y estatal, y en su comunidad. Nuestro quehacer como asamblea de mujeres trabajadoras, es fortalecer ciertas acciones, educar a la comunidad universitaria UFRO, para que se logre avanzar hacia una perspectiva de equidad de género en los tratos y relaciones, así como en las figuras y situaciones contractuales laborales, desde la comprensión y entendimiento de que para llevar a cabo lo anterior, se requieren cambios profundos en la institución, en lo que ha cultura, política y prácticas de se refiere.
Y por tanto, nuestro trabajo que se configura y articula en diversas comisiones que abordan distintos elementos y aristas sociopolíticas, comprende que para vencer resistencias y visiones ideológicas más conservadoras, propias de una institución tradicional, es posible y sostenible en el tiempo desde un trabajo colectivo y vinculante, con formas de relaciones más horizontales y bastante más distintas a configuraciones de movimientos sociales mixtos; teniendo como propósito aportar a la modificación en el tiempo, de los compromisos y voluntades políticas de los directivos de este espacio, con el fin de adoptar un proyecto educativo y social que se enmarque desde una política de acción afirmativa y con una perspectiva de igualdad de género, derechos humanos e intercultural.