El presente trabajo establece, en primera instancia, un rastreo de los conceptos de seguridad y democracia, bajo la pretensión de formular una serie de relaciones teóricas que permitan problematizar la definición, implicancias y alcances de los términos. En segundo lugar, desarrolla una propuesta de vinculación dentro de la teoría política contemporánea posfundacionalista, a partir de los análisis de Laclau referidos a la democracia, y los estudios biopolíticos circunscriptos a las investigaciones de seguridad.
Dentro de este registro, el estudio no cuestiona la construcción arbitraria del rastreo conceptual, sino que por el contrario, apuesta a la delimitación de un criterio que logre condensar un valor analítico de interés. En la primera parte se distinguen entonces dos cuestiones. Por un lado, se fija el nexo categorial democracia-seguridad, en el trayecto que va de la filosofía política moderna a la formulación emergente de campos temáticos específicos en la actualidad. Se visibilizan algunos principios básicos de autores clásicos modernos (en especial Hobbes y Rousseau) en torno a los modos de concebir la constitución del orden político y social, a partir de las formas de entender las relaciones entre los individuos y la comunidad. En este aspecto, se destaca la fuerte conexión existente entre la consideración de ciertos peligros y preocupaciones de la seguridad respecto al individuo (la guerra de todos contra todos y la garantía de los derechos individuales), y el impacto que esto tiene en la fundamentación de un determinado orden social.
Por el otro lado, se señala la creciente división de temas en distintos campos de investigación, teniendo en cuenta el desarrollo disciplinar de una diversidad teórica que tiene en la seguridad diferentes áreas como criminología, control del delito, victimización, etc; mientras que respecto a la democracia se puede notar un interés por los mecanismos electorales, la competitividad de los grupos gobernantes, la legitimidad y la crisis de representación, entre otros tantos elementos. Aparecen así, un conjunto de abordajes que se diversifican en problemáticas específicas, bajo los cuales se instalan nuevas formas de pensar las preocupaciones en torno a la democracia y la seguridad.
Sobre este panorama, la investigación propone establecer, de manera inicial, una aproximación conceptual desde la teoría política posfundacionalista, a partir de considerar que la democracia y la seguridad comparten un aspecto central referido a la constitución del otro como alteridad. Esto supone tener en cuenta que la configuración del otro se torna un punto sensible en los modos de conformación de los procesos democráticos y securitarios, en tanto permite pensar los modos en que los sujetos dan sentido a lo que consideran seguro en democracia.
De esta manera, el análisis se aleja de las perspectivas que caracterizan a la democracia como un régimen que tiene sus procedimientos específicos, y se inscribe en el planteo de Laclau, quien a su vez retoma a Lefort, bajo la consideración de que se trata de una forma de poder instituyente de lo social que mantiene una lógica de vacío de poder, en la medida que no hay ningún fundamento último o trascendente que designe quien debe ocupar el lugar de gobierno.
Desde este enfoque, el orden democrático posee una tensión inherente a la producción del vacío de poder, referida a la generación de condiciones de igualdad sin jerarquías ni distinciones; y al respeto de las diferencias basado en contemplar las decisiones y elecciones particulares de los sujetos. Se trata de un problema que se inscribe en la consideración del otro como un igual y como un diferente, donde la unidad sólo es dada a través de la diversidad. De acuerdo a lo mencionado, se hacen evidentes dos riegos de ruptura del orden democrático. Sobre la consideración totalizante de igualdad pesa la configuración de una universalización inmediata que privilegia el desarrollo unilateral de algunas particularidades por sobre otras, razón por la cual la igualdad no puede abarcar todas las diferencias. En el otro vértice, si se hace hincapié en las diferencias, se enfrenta el peligro de no establecer intereses comunes a todas las particularidades que forman parte de la democracia.
Dentro de esta tensión democrática, la problemática de seguridad ocupa un lugar privilegiado, en la medida que expone las dificultades de configurar al otro como un igual y como un diferente a través de distintos factores como la fundamentación de las penas y los castigos, lo que se considera peligroso y riesgoso, entre otros. En este aspecto, se rescata la centralidad del concepto de vida establecido por los estudios biopolíticos, en tanto se considera que la seguridad de la vida (junto con su reverso “miedo a la muerte”) es una categoría fundamental para comprender los antagonismos democráticos, ya que condensa las significaciones de mayor relevancia respecto de las formas en que los sujetos se conciben a sí mismos y a los otros.
En este punto, si bien la biopolítica presenta una proliferación de trabajos creciente, que tiene sus máximos grupos referenciales en la vertiente italiana de grandes modelos teórico filosóficos (Agamben, Negri, Esposito) y en la corriente anglosajona de desarrollos concretos de ejercicios de poder (Studies in governmentality), el abordaje de las formas en las que se piensa y constituye la vida, y consecuentemente los modelos de seguridad, puede mostrar un potencial analítico si se tiene en cuenta la tensión democrática mencionada.