Esta ponencia aborda desde el momento político que atraviesa Colombia, el acuerdo de paz firmado entre FARC-EP y estado colombiano, la relación entre el acceso y garantía a los derechos de las víctimas en el marco de la justicia transicional y el reconocimiento de la ciudadanía a sectores subalternos ligados a la tierra: desplazados, colonos y guerrilleros, mediada por dinámicas de inclusión/exclusión y presenta la experiencia del Centro de Pensamiento Paz y Buen Vivir, escenario orgánico a la Juventud Rebelde Colombia, como apuesta ético-política desde los sectores juveniles en la construcción de una paz estable, duradera, completa y con justicia social.
El conflicto en Colombia es una guerra interna compleja y prolongada (Vargas Velásquez, 2003), de más de 50 años de confrontaciones militares, con más de ocho millones de víctimas en el Registro Único de Víctimas y con graves violaciones de Derechos Humanos que se desaparecen en la impunidad. Por ello, el Acuerdo Final permitió pensar un horizonte donde es posible la consolidación de la proyección societal con la inclusión del “otro”, por décadas excluido de la participación política, social, económica y cultural (Vargas Velásquez, 2010), modificando la estrecha relación entre política y armas y las relaciones excluyentes y dogmáticas que justifican la eliminación de la diversidad, tan presentes en el bloque de poder contrainsurgente (Estrada Álvarez, 2015); en el marco de la justicia transicional se decidirá que “la nación se reinvente, incluyendo a estos otros o excluyéndolos definitivamente” (Pardo Pinzón, 2007).
La importancia de la justicia transicional remite, principalmente, de una definición de ella y de dos fuerzas que contiene para la construcción de una paz estable y duradera: La definición de la justicia transicional no se encuentra restringida a una condición normativo-jurídica atada a un desarrollo teleológico, lineal, ideal o pasivo; está en disputa, es polivalente (Gómez Sánchez, 2013, pág. 140). Por otra parte, contiene dos fuerzas: la primera son las condiciones delimitadas por los Sistemas Internacionales de Derechos Humanos en mecanismos convencionales y extraconvencionales, algunas condiciones que garantizarían los derechos de las victimas en el marco de la negociación de actores armados. La segunda fuerza tiene un carácter prospectivo, de construcción cotidiana y excepcional, y ligado a los escenarios de los derechos de las víctimas recogidos en el Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición -SIVJRNR- del Acuerdo Final, conteniendo dos elementos: el primero desde las garantías a la verdad y a la justicia, ligado a la producción de mecanismos y herramientas que repliquen en la transformación y democratización del campo simbólico, dirigido a la fundamentación mítico-simbólica de un relato nacional de reconciliación, desde “Una historia venida a Historia. Visto en sus consecuencias vital-existenciales, Historia, sentida y vivida” (Puello-Socarrás, 2006). El segundo, desde la reparación y garantías de no repetición, siguiendo a Carrero (2015), una perspectiva integral de la superación de los conflictos actuales centrada en resarcir a las víctimas en sus múltiples dimensiones (Fundación PEPASO, 2015). Reconociendo de esta manera el carácter político de la definición de víctima.
Este carácter relacional ha permitido la alteración de lo acordado en los nuevos escenarios y actores de la política donde se tramita la paz: la implementación legislativa en el Congreso de la República y las modificaciones organizacionales burocráticas. La situación adversa a la implementación del Acuerdo final con el freno a proyectos de ley o la modificación de procedimientos y funciones en el pasado congreso no tiene mayor expectativa tras los resultados electorales en 2018, la correlación de fuerzas esta inclinada a favor, como lo caracterizaría Hernández Riveros (2018), de la “postura Gatopardista Ultramontana” en detrimento de la “postura pacificadora o pro-paz”.
El Acuerdo Final fue pensado de forma integral, sus 6 puntos no pueden ser leídos individualmente al estar garantizados los derechos de las victimas y las bases para la construcción de una paz estable y duradera desde los múltiples momentos. Si bien recibió reparos considerables de variados sectores nacionales e internacionales, por ahora, las fuerzas que mayor incidencia han tenido sobre este han restringido la garantía de los derechos de las víctimas, brindando garantías jurídicas a terceros, a agentes del estado no militares y apuestan otorgarles fueros especiales a fuerzas militares estatales. Mientras, consideraciones como la limitada participación de las víctimas del conflicto y la no discusión de la doctrina militar y modelo económico no tuvieron la fuerza suficiente para modificarlo.
A partir de esto surge la siguiente pregunta: ¿estamos ante un escenario de transición que modifique la institucionalidad de la guerra o es la incorporación de territorios excluidos (frontera agrícola y explotable) sin la inclusión de sujetos sociales, culturales y políticos históricamente excluidos? La recomposición de lo visible y lo enunciable, a partir del fin de un conflicto de más de 50 años, tiene la posibilidad de materializar en las transformaciones que las organizaciones político-militares que negociaron, finalizando con las relaciones agónicas de negación de la alteridad, que construye una “imagen satanizada primero y negada-odiada después para finalmente ser destruida” (Barrero Cuellar, 2011). Es una necesidad para tramitar las heridas abiertas en la guerra y lograr la reconciliación nacional.
Si la construcción de la paz estuviese limitada a las acciones y escenarios estatales habría muy poca gratitud por la paz en Colombia; el panorama para la implementación legislativa del Acuerdo Final es poco alentador, sin embargo, la construcción de la paz estable, duradera y, agregándole, justicia social y completa, en referencia a la negociación con el Ejército de liberación nacional, ha brotado de múltiples fuerzas vivas y subalternas que se han organizado alrededor de la solución política negociada del conflicto armado interno, la transformación de las causas y consecuencias de la guerra y con el reconocimiento de la alteridad.
Juventud Rebelde -JR- es una de estas expresiones, nace como una plataforma nacional autoorganizada conformada por organizaciones juveniles que desde sus diferentes banderas, estéticas y repertorios le apuestan a la construcción de la paz en sus territorios y en Colombia. De su accionar organizativo, político y académico genera al Centro de Pensamiento Paz y Buen Vivir, una herramienta que desde la multiplicidad de experiencias, territorios y saberes pretende aportar, desde la educación popular y la cualificación de la disputa académica, a la construcción de una paz; reconociendo en el Acuerdo Final un poder constituyente que posibilite una Nueva Colombia.
En medio de la militancia política, con una apuesta por la reconciliación entre sociedad y academia, campo y ciudad, y objeto investigador y sujeto investigado y las limitaciones presentadas en los 5 mecanismos que componen el SIVJRNR (la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición; la Unidad especial para la búsqueda de personas dadas por desaparecidas en el contexto y en razón del conflicto armado; la Jurisdicción Especial para la Paz; las Medidas de reparación integral para la construcción de la paz y las Garantías de No Repetición), la educación popular y la construcción de la memoria histórica surgen como herramientas y horizontes epistémicos que posibilitan una transformación social, individual y colectiva, que permita la transición de un ambiente de guerra y muerte a una posibilidad, aun en nacimiento, que emerge desde las fuerzas vivas; con un horizonte de visibilidad que nos permite trabajar en la transformación las disposiciones estatales frente a la implementación del Acuerdo Final y la transición, mientras construimos nuevas relaciones desde escenarios excluidos.
Bibliografía
Barrero Cuellar, E. (2011). Estética de lo atroz. Bogotá: Ediciones Cátedra Libre.
Estrada Álvarez, J. (2015). Acumulación capitalista, dominación de clase y rebelión armada. Elementos para una interpretación histórica del conflicto social y armado. Bogotá.
Fundación PEPASO. (2015). ESCENARIOS DE LAS VÍCTIMAS DEL CONFLICTO SOCIAL Y ARMADO COLOMBIANO EN BOGOTÁ- ABRIL 2015; Elementos para la construcción de un Estado del Arte hacia una caracterización que posibilite Ambientes de Convivencia e Inclusión Social en diez (10) territorios. Bogotá: Fundación PEPASO.
Gómez Sánchez, G. I. (2013). Justicia transicional “desde abajo”: Un marco teórico constructivista crítico para el análisis de la experiencia colombiana. Revista Co-herencia Vol. 10, No 19 Julio - Diciembre 2013, 137-166.
Hernández Riveros , L. H. (14 de 05 de 2018). Posacuerdos: cien días, cuatro posturas. Obtenido de Observatorio de Análisis de Coyuntura: El Nuevo Topo: http://elnuevotopoun.blogspot.com.co/2018/05/posacuerdos-cien-dias-cuatro-posturas.html
Pardo Pinzón, R. (2007). Los incluidos y los excluidos, la génesis de la colonización en Colombia (1830-1970). Bogotá: Pontificia Universidad javeriana.
Puello-Socarrás, J. F. (2006). Mito, Filosofía y Ciencia. Desde la politología. Bogotá: Universidad Nacional de Colombia.
Vargas Velásquez, A. (2003). construcción de formas de resistencia política: el caso del Frente Social y Político. En J. Estrada, Sujetos políticos y alternativas en el actual capitalismo, Seminario Marx Vive (págs. 163-179). Bogotá: Facultad de Derecho, Ciencias Políticas y Sociales-Universidad Nacional.
Vargas Velásquez, A. (2010). Las fuerzas armadas en el conflicto colombiano. Antecedentes y perspectivas. Medellín: La carreta política.