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Resumen de ponencia
Resistencia a efectos del neoliberalismo y pluralidad de formas de vida

*Juliana Berrío Escudero



La presente ponencia surge como resultado de investigación del estudio titulado “Condición precaria y politización de la vida en la gubernamentalidad neoliberal” llevada a cabo por el Grupo de Investigación Psicología, Sociedad y Subjetividades de la facultad de Ciencias Sociales y Humanas (Universidad de Antioquia, Medellín, Colombia). El objetivo es reconocer las condiciones de posibilidad para la constitución de subjetividades resistentes a la forma de gobierno del presente caracterizada por el neoliberalismo. Se desarrolla una breve caracterización de la racionalidad de gobierno neoliberal y algunas de sus implicaciones para la configuración de la subjetividad en el presente; luego se realiza un acercamiento a la forma como ha sido conceptualizada la noción de resistencia y a algunas propuesta de subjetividad resistente. Para terminar, se proponen una serie de condiciones de posibilidad para el despliegue de subjetividades resistentes que le hagan frente a los imperativos de poder emergentes de la razón neoliberal.

La noción de gobierno desarrollada por Michel Foucault se refiere a la manera como cierto conjunto de acciones tanto individuales como institucionales, buscan configurar el campo de acción de aquellos a los cuales se dirigen. En otras palabras, Foucault presenta la idea de gobierno como un intento de conducir al otro que se da en todas las relaciones. Así, el neoliberalismo más allá de ser un conjunto de políticas económicas, configura formas de ser para individuos posibles en la contemporaneidad: es una forma de subjetivación en la que las esferas de la vida son sometidas al imperativo de la economización y el capital humano hasta ordenar el ser empresario de sí mismo como forma de subjetividad ideal dentro de su racionalidad.

El neoliberalismo es, inicialmente, un programa económico y político fundamentado en el libre mercado y el supuesto de que este tiene reglas reguladoras internas. El Estado reduce su intervención directa sobre este, el mercado, y establece un marco de garantía para las transacciones. Así, se fija la competencia como base de la libertad de los individuos para desenvolverse en la esfera económica, llevando la lógica del mercado y la competencia a ámbitos que le eran ajenos. Consecuentemente, tanto el Estado como el individuo funcionarán como empresa.
Como racionalidad que busca conducir la vida de los ciudadanos, el neoliberalismo despliega una serie de estrategias para lograr la configuración del empresario de sí mismo como subjetividad, es decir, la manera en que las personas se relacionan consigo mismas, sus prácticas y principios. Las herramientas usadas para este fin tienen múltiples efectos tanto para el sujeto en tanto individuo como para la vida en sociedad.

Para empezar, el Estado reduce el gasto público y no se interesa por minorar la desigualdad, sino que favorece su incursión como mecanismo de competencia. La precarización normalizada como instrumento de la racionalidad neoliberal hace de la inseguridad un pilar de gobierno. La seguridad que provee el Estado se limita a asegurar condiciones que eviten la pérdida de la paz o el orden social percibido, por lo que la precarización en la vida de las personas tiende a la expansión mientras el aseguramiento se reduce hasta el mínimo posible. Se propone aquí la noción de “tensión precarización-protección”, que se refiere a la relación agonística establecida en el neoliberalismo entre la producción de condiciones de vida cada vez más precarias y la exigencia que se hace a los individuos de que se hagan cargo de sus propios sistemas de protección ante tales inseguridades.

Por otra parte, hay una tendencia al aislamiento fundamentada en la competencia como centro de las relaciones sociales. La mercantilización de las relaciones sociales supedita el vínculo al capital humano propio: el otro se percibe como cliente, proveedor o coach. Esto introduce una especial variabilidad y superficialidad en los lazos, toda vez que se rigen por los vaivenes del mercado y sus reglas. La noción de “nosotros” es cada vez más capitalizada y menos política, hay una ruptura en la vida compartida reflejada en la aceptación del aumento de la desigualdad, la concentración de la pobreza, las condiciones que permiten que la vulnerabilidad afecte más a unos que a otros y la desprotección jurídica de ciertos grupos poblacionales, entre otros.

El aislamiento y desinterés en un “nosotros político” también se relaciona con la manera en que al adoptar la forma de empresa, las personas se autoexigen en todas las dimensiones de su vida hasta la explotación y terminan apropiándose de la responsabilidad por sus fracasos, con lo que la agresividad y frustración se dirigen a los propios individuos impidiendo que se haga un reclamo al medio o al sistema de gobierno.

Por tanto, no solo hay una división en las relaciones interpersonales, sino que también se evidencian afectaciones a la vida psíquica y existencial del individuo. La disgregación de este tiempo puede concebirse como un movimiento hacia el predominio de la nada; un camino que lleva la vida rumbo al sinsentido. Esto deviene en nuevas formas de patología producidas por el neoliberalismo, donde el valor del ser se identifica con el rendimiento y se demanda el sostenimiento de la positividad, la creatividad y la disposición a la acción.

Otra estrategia de la racionalidad neoliberal es el gobierno a través de la incertidumbre y el miedo a los otros, a las condiciones del ambiente y a la contingencia. Se ha generalizado la sensación de inseguridad que conduce al sujeto a la autoprovisión de recursos que le representen mayor impresión de seguridad a través del autogobierno. A pesar de que esta regulación individual se ha asociado comúnmente con la posibilidad de confrontación y el rechazo a las formas de gobierno que se presenten en el momento, también puede llegar a ser usado como un instrumento de gobierno, caso tal del neoliberalismo.

Estas técnicas actúan silenciosamente, desde la idea de posibilidad y no desde el ruido que genera la prohibición. El control aquí es inteligente, se instala en la voluntad de los individuos exhortándolos a la participación y acción, haciéndolos principales gestores del autocontrol conveniente al sistema neoliberal. Esto se ve facilitado por la psicopolítica, que inteligente, se ha establecido como forma de producción inmaterial, no de cuerpos, sino de subjetividades dirigidas a la optimización permanente.

Para abordar la subjetividad resistente, se parte de la posibilidad de acción del sujeto gobernado como condición de existencia para las relaciones de poder; es decir, la resistencia es inmanente a todas las relaciones de poder y el sujeto activo es el eje sobre el cual puede haber reversibilidad y transformación. La resistencia parte de una posición crítica y reflexiva donde haya una negativa a ser gobernado de cierta forma, por cierto grupo y bajo ciertos principios. Sería entonces necesaria una conexión con la vida que abarca al otro, al ambiente y a las múltiples articulaciones de sí mismo que se intentan mantener cohesionadas.

Para este trabajo es importante ubicar la resistencia como oposición reactiva a las técnicas o a los efectos de una forma de poder, no a instituciones o grupos que gobiernan. Aunque los autores hacen uso del concepto, se evidencia una limitación para definir la resistencia. Parece que tuviera un sentido práctico en sí mismo ya que se encuentran múltiples acepciones, donde la mayoría son formas descriptivas de acción y no conceptos cargados de significado.

Algunas de las posibilidades de resistencia conceptualizadas que se revisaron en esta investigación son: la desubjetivación propuesta por Foucault como un desprendimiento de sí, que es la forma de pensar mantenida, para abrir paso a ser algo nuevo y hacer frente a técnicas de gobierno que promueven la generalización de ciertas formas de ser sujetos. Por otro lado, Josep María Esquirol presenta la resistencia íntima como no ceder ante la disgregación promovida en la época contemporánea; aquí, la idea de resistencia se construye a partir del recogimiento y la aproximación a lo nuclear como acción comprometida con el objetivo de hacer oposición al debilitamiento de las relaciones y al desprendimiento de sí.

La memoria histórica también tiene cabida como posibilidad de resistencia, esto debido a que es necesaria para conocer el surgimiento de la forma de poder a la que se enfrenta. Cuando hay olvido, pasan a ser incomunicables los contenidos del pasado y la disgregación alcanza nuevos espacios.

Byung-Chul Han soporta una de sus ideas más importantes en la figura de un idiota moderno, que desprendido de la comunicación omnipresente y recogido en el silencio, se anima de encontrar algo que merezca ser dicho; esto con el fin de disminuir la emisión de opiniones vacías que abarrotan la mente y perjudican el pensamiento.

Para finalizar, se propone pensar la pluralidad de formas de vida como fundamento de la resistencia a los efectos de las técnicas neoliberales de gobierno. Como se expuso anteriormente, la resistencia es reactiva ante una forma de exterioridad que busca normalizar un cierto tipo de sujeto eliminando la diferencia. En otras palabras, ella requiere de algo externo a qué oponerse, siempre está en relación con una contraparte que puede darse en forma de discurso, gobierno o ruta única que conduce a la homogeneización. No puede ser sin la otredad.
Resistir es, entonces, una lucha contra el reinado de lo-mismo, es adentrarse en el mundo de los posibles, de las otras formas de ser, vivir, pensar y relacionarse. Por esto, la invitación final es pensar el reconocimiento y la defensa de la pluralidad de formas de vida como condición de posibilidad para la resistencia.


















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* Berrío Escudero
Centro de Investigaciones Sociales y Humanas. Facultad de Ciencias Sociales y Humanas. Universidad de Antioquia - CISH/FCSH. Medellín, Colombia