La modernidad como paradigma se caracterizó por anteponer un tipo de razón sobre otras pretendiendo homogeneizar las sociedades. En esa homogeneización generó en sí procesos de exclusión e invisibilización, como también de expropiación y dominación. La colonialidad tomó como formas centrales el dualismo y el juicio moral desde principios jerarquizados regidos en torno a aquello más deseable y las temáticas de salud fueron atravesadas por ella. Algunos entienden que la globalización trae una etapa nueva de la modernidad y el paradigma de derechos viene con ella. Así los derechos humanos ya no son una política sólo de los estados-naciones sino que se articulan desde el mundo global. Sin embargo, la universalización que viene con ellos sigue negando las desigualdades.
El paradigma de derechos atraviesa los procesos cotidianos de la vida, al menos desde lo discursivo y desde las políticas públicas. La salud es concebida como uno de los derechos humanos fundamentales. Sin embargo, en paralelo, esta es un bien de mercado que afecta a las diferentes clases sociales de maneras desiguales pero afectando a todas desde la medicalización de las vidas desde muy temprana edad e impactando en consecuencias graves para las infancias. Los casos más visibilizados en los últimos tiempos corresponden a la patologización de sus sufrimientos con la consecuente respuesta institucionalizadora o bien farmacológica y de múltiples intervenciones terapéuticas. Sin embargo, a nivel de las prácticas cotidianas con niños y niñas se entretejen discursos y prácticas que también aportan a estas lógicas como a que los etiquetamientos sean posibles y que impacten en las subjetividades.
Por otro lado, cuando pensamos la salud en las infancias nos encontramos con el paradigma de derechos atravesando las instituciones que trabajan con niños, niñas y adolescentes (NNA), no solo desde el derecho a la salud sino desde las lógicas adultocéntricas que quedan al descubierto con ellos. En estas instituciones es el paradigma tutelar tensionando con modelos liberales de derechos los que principalmente se entrecruzan. Los derechos sociales, culturales y políticos se presentan con menos frecuencia en los discursos de las instituciones en torno al derecho de NNA a la salud en particular. Esta cualidad hace a uno de los ejes de impacto ya que como consecuencia aparecen responsabilizaciones individualistas y meritocráticas en las maneras de comprender la salud y la vida de las personas. A su vez, muchas de estas colocan a sus madres o cuidadoras como responsables de aspectos que se refieren a los modos de vida, por lo que invisibilizan los procesos de determinación de la salud y que afectan de manera material y simbólica los procesos de salud-enfermedad-atención-cuidados. Por lo tanto, se hacen visibles los modos históricos higienistas y moralistas de trabajar las temáticas de salud en las infancias además de estar sostenido por un modelo adultocéntrico y heteropatriarcal de cuidado.
La escuela reproduce estos discursos y a su vez es uno de los espacios de vida cotidiana de NNA por excelencia. Esta desde su fundación ha tenido como finalidad la construcción de modelos de ciudadanos y ciudadanas. Dentro de esa función las escuelas han sido espacio para la construcción de hábitos saludables, campañas sanitarias así como han abordado contenidos específicos en temas de salud o que se refieren a ella. Sin embargo, en las escuelas pasa mucho más que eso.
En el presente trabajo intentaré revisar los diferentes modos en que se pone en juego la salud en la vida cotidiana escolar de los niños y niñas desde una mirada integral y compleja de salud. Revisaré los modelos educativos haciendo foco en los lineamientos curriculares explícitos como en las prácticas del curriculum oculto e invisible que habita las instituciones educativas, que muchas veces está relacionado con los modos de habitar y relacionarse en las instituciones. Luego, profundizaré en las tensiones entre la convivencia de saberes y vivencias diferentes a las instituidas y que muchas veces habilitan los procesos emancipatorio así como presentan el desafío de la deconstrucción del adultocentrismo. Para estos ejes propondrén los diálogos de saberes y vivires como caminos posibles para ser protagonistas de pedagogías y vínculos emancipatorios para permitir posibilidades otras con las nuevas generaciones. Así también, abordaré las articulaciones predominantes entre salud y educación para finalmente dar apertura a algunas líneas para pensar nuevas maneras que habiliten modelos más participativos y que estén anclados en el acompañamiento interinstitucional así como de las personas que los habitan.
Los modos de lo cotidiano en instituciones públicas albergan políticas públicas desde lo explícito o desde lo oculto. En ellas se produce y se reproducen lógicas y saberes ligados con la salud. Revisarlas permite comprenderlas y problematizarlas para construcciones donde la autodeterminación y el protagonismo de trabajadores y de la población en general sean desafíos posibles.