La victoria de Donald Trump en Estados Unidos (EUA) abre una nueva fase de profundización de la crisis mundial en auge y proceso en este siglo XXI. Esa victoria expresa la emergencia de un nacionalismo industrialista proteccionista, que es a la vez la derrota del globalismo financiero de Obama/Clinton y también del continentalismo neoconservador republicano, el cual luego tendrá su lugar en la administración Trump.
Se trabaja aquí qué expresa Trump observado por los intereses que componen los principales espacios ministeriales de decisión en el gabinete, así como algunas de sus principales políticas exteriores. En primer lugar, se aborda qué se pone en juego con la ofensiva contra los mega-acuerdos comerciales globales, en relación a las nuevas políticas proteccionistas: la salida del globalista Tratado TransPacífico (TTP) y la renegociación del continentalista Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN o NAFTA). Luego, la salida del Acuerdo de París contra el cambio climático, en relación al proyecto reindustrializador trumpista. También se abordarán algunas cumbres relevantes en que se pone de manifiesto los cambios en el diseño geopolítico estadounidense que se manifiesta con el gobierno de Trump: G7, OTAN, cumbres con líderes de los nuevos polos de poder emergentes, el conflicto con Norcorea, entre otros.
Esto que observamos y tratamos nos aparece como crisis resultante que se plasma concretamente en el triunfo de Trump, en tanto que manifestación del estado profundo financiero continentalista republicano y en la movilización del Pueblo trabajador norteamericano, como manifestación del hartazgo de la postración en que lo sumergió el globalismo financiero unipolar. Esta postración/exclusión/guerra social tomó forma de desocupación, drogadicción y auge de pandillas, fragmentación por luchas internas de género, de credo, de raza, de etnias, etc., incluso de exclusión política a partir de que las plataformas de comunicación en redes sociales lograran vaciar y desplazar a los partidos políticos de su función y espacio de participación política. Toma forma también de derogación y “caída” de las leyes y pacto “de paz” social de 1933, con su declaración de reinicio de la guerra social de clase desde el capital financiero global, para que se potencien aún más sólo los negocios de las transnacionales de la inversión financiera. Para que “caigan” las Torres Gemelas y los Lehman Brothers de los Centros Financieros mundiales en Nueva York por atentados de falsa bandera, que encubren la batalla entre imperios financieros, en la cual confrontaron el unipolarismo continental norteamericano contra el unipolarismo financiero global.
Este proceso tiene en Trump su manifestación, en tanto nacionalismo industrialista proteccionista, en la necesidad y decisión de confrontar en Siria con la OTAN-Globalista, proponiendo un cambio en el objetivo a derrotar: del gobierno Sirio a los actores del terrorismo islámico –ISIS/EI-. Esta decisión resulta una clara manifestación de la confrontación entre el complejo industrial-militar científico-tecnológico norteamericano (Pentágono) contra el complejo industrial-militar global en que se transformó la OTAN-Globalista. La cual se conforma a partir de disputar a cada continentalismo de país central el control de los complejos industriales-militares científico-tecnológicos en cada país-nación. Esto representa otro plano en donde confrontan el continentalismo y el globalismo. Con esta política Trump intenta debilitar al Globalismo y potenciar las capacidades industriales norteamericanas.
En su negativa al Acuerdo de París, se observa las barreras que le representaban esos acuerdos que frenaban el desarrollo industrial y la re-industrialización de EUA. Pero esta decisión, que luego ratificaría oficialmente, fue sólo un paso más hacia adelante en su nacionalismo industrialista. Un paso más que siguió a los ya dados, cuando decidió que EUA no sería más el motor de los Tratados globalistas del Transatlántico con la UE, ni del Transpacífico con Japón y el Asia Pacifico. Y también con la renegociación del Tratado de América del Norte (TLCAN-NAFTA) para redefinir la relación de fuerzas con las empresas transnacionales radicadas en México y Canadá, planteándoles que vuelvan a radicarse en EUA.