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Resumen de ponencia
De Progresismos y necropolíticas 1912: Derivas del pensamiento de José Ingenieros en Cuba

*Alicia Rubio



Si la historia de Cuba cuenta con fechas señeras para celebrar hay otras que han marcado su devenir pero que lejos de ser recordadas, han sido escamoteadas en un movimiento vergonzante por parte de quienes fueron responsables en la construcción del imaginario nacional. En 1912 se produjo el levantamiento del Partido de los Independientes de Color para reclamar por la falta de igualdad de oportunidades entre negros y blancos pese a las promesas hechas por la naciente república, la cual bajo la presidencia del general Gómez, sanciona la llamada Enmienda Morúa que declara inconstitucional cualquier asociación política basada en la raza. Esto deja fuera de la ley al PIC y desata un levantamiento que es ferozmente reprimido por el gobierno con un saldo de 3000 y 5000 muertos entre los alzados. No faltan quienes escriben el relato de “la guerrita del 12” y hacen apología de la matanza llevada cabo por el ejército basándose en un burdo darwinismo social. Un ejemplo es el libro publicado en 1912 titulado Guerra de Razas. Negros contra blancos en Cuba cuyos autores son Rafael Conte y José M. Campany, quienes afirman que “desde los tiempos más remotos, toda la historia de la humanidad se ha reducido á una perpetua é implacable lucha de razas. Cuba no ha podido sustraerse á la ley general (…) tratándose como se trata de caucásicos y etiópicos, la mezcla es imposible, puesto que ni aun por medio del cruzamiento continuado y científico, puede lograrse la desaparición total de una de las dos razas en provecho de la otra.” Poco tiempo después, en el mismo año de 1912 aparece en La Habana el libro La extinción del negro escrito por el cubano Gustavo Mustelier en el que pretende dar un marco ideológico a la masacre basándose en el pensamiento de José Ingenieros: “Resumiendo el asunto, desde un punto de vista sociológico, el mismo eminente tratadista argentino agrega: “Los hombres de razas inferiores no deberían ser política y jurídicamente nuestros iguales (…) y no deberían considerarse ‘personas’ en el concepto jurídico”. Mustelier sintetiza su posición afirmando que “Lamentar la desaparición de las razas inadaptables a la civilización blanca, equivale a lamentar el progreso biológico y contradecir los datos de la ciencia.” ¿Cuál es entonces el espacio que media entre esta idea y las de sometimiento y represión de la población de color? Pero yendo más allá en la cuestión nos preguntamos por qué es tan poco conocida la llamada “Guerrita del 12”? Ciertos silencios parecen querer invisibilizar una cuestión que no sólo debe preocupar a Cuba sino a toda la sociedad del siglo XXI. Ya ha pasado un siglo del levantamiento encabezado por Evaristo Estenoz y Pedro Ibonet y pese a la proliferación de estudios que abordan el tema, la ignorancia es lo que prevalece. ¿Cómo pretendemos acercar soluciones a los problemas étnicos en la actualidad si el pasado parece haber sido clausurado al libre ejercicio de la memoria?
El horror puede provocar que una parte de la sociedad vuelva la cara para no ver lo que intimida. Pero no se puede bajo ningún concepto negar la posibilidad de conocer, porque no se trata solo de información. También es una advertencia lanzada al futuro: Esto es lo que sucedió, no lo olviden. Es la invocación del tremendum horrendum lo que no debe ser olvidado. Es la demostración de que existe un anverso de los relatos épicos. También existe la memoria de las víctimas.
Toda imagen es un modo de ver, de construir la realidad. La mirada del pintor o del fotógrafo cristaliza para el futuro un momento y una parte, infinitesimal, del espacio que lo circunda. Solamente queda para la posteridad lo que él quiere que sobreviva. Puede afirmarse que el discurso de las imágenes también pretende evadir la condena de lo efímero. A esta voluntad de posteridad responden quienes pretenden revivir esos momentos a través de la imagen. Podríamos postular, entonces, que las imágenes constituyen también una relación dialéctica entre el pasado y el presente, como lo son la historia y la memoria. Podríamos hipotetizar que las imágenes a las que refiere el historiador refuerzan la verosimilitud de su relato. Siguiendo con este planteo cuestionaríamos la propia autoridad de las imágenes, frutos también de la percepción humana. La tremenda foto tomada al cadáver de Evaristo Estenoz sobre la mesa donde se realizaba su autopsia no permite ni silencios ni ignorancias.




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* Rubio
Biblioteca Nacional Mariano Moreno BNMM. Buenos Aires, Argentina