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Resumen de ponencia
Sobre el colonialismo y el patriarcado: Marichuy, la candidata mujer e indígena

*Natalia Paulette Orozco García



¿Qué tienen en común el patriarcado y el colonialismo? Ambos sistemas, efectivamente, están regidos y actúan siempre respecto del capitalismo, pero respecto a sus prácticas, ambos ejercen dominación sobre otros, ambos se imponen mediante la violencia -que Raquel Gutiérrez define como “la negación de la autodeterminación, e imposición práctica de voluntades e intereses ajenos”- y se reproducen por medio de la tradición.
La construcción de ambos sistemas tuvo su origen en momentos históricos distintos, están enfocados en la dominación de grupos distintos de la sociedad y sin embargo, las formas que utilizaron para establecerse, enraizarse y cimentarse fueron muy parecidas, tuvieron una misma base.
En 2016, el EZLN y el CNI decidieron, con la participación de 523 comunidades, crear el Concejo Indígena de Gobierno (CIG), nombrar a una vocera mujer y, por primera vez en la historia, intentar ‘’competir’’ en la contienda electoral, lo que nos hace preguntarnos ¿qué implica la postulación de una mujer indígena como vocera de dicho Concejo en un México machista, misógino, discriminador, clasista, racista y capitalista?
La candidatura del CIG, por medio de su vocera Marichuy, es más que una búsqueda del poder, es un intento por interpelar desde abajo, desde la resistencia, la autogestión, y las reivindicaciones populares, por la importante y necesaria visibilización de la interlocución indígena que tiene ya, como dirían los zapatistas, 500 años de ser silenciada.
Que el CNI decidiera proponer a una mujer indígena a la presidencia es esencialmente una provocación, es exhibir que la política de los partidos no es representativa de las luchas populares, sino de un medio de administración de la pobreza. Pero es también un reclamo a la estructura del país que no está hecha para la mujer, porque ‘’ha sido discriminada, humillada, violentada, la más pobre de las pobres por el simple hecho de ser mujer’’, por lo que dentro de todas las luchas que engloba la persona de Marichuy está la emancipación de las mujeres en este sistema patriarcal que fomenta la competencia y la destrucción del otro.
Basada en los principios de ‘’servir y no servirse, construir y no destruir, obedecer y no mandar, proponer y no imponer, convencer y no vencer, bajar y no subir, representar y no suplantar’’ la búsqueda de la candidatura de Marichuy responde entonces a la importancia, primero, de definir qué es la izquierda y segundo, como resistencia contra el capital y las dinámicas del mercado, la expropiación de tierras para la extracción o construcción, la mercantilización extrema de las relaciones sociales, la injusticia, la violencia de género, el despojo, la discriminación y la invisibilidad y como demostración del poder pedagógico en la creación de un poder propio, de recuperación de formas comunitarias, participativas y horizontales, la preservación de las lenguas, etc.
Surge, pues, como una estrategia para la reorganización de los movimientos sociales autónomos para intervenir en la dinámica política y hacer ‘’otra política’’ basada en la horizontalidad y la toma colectiva de decisiones en la que se involucren las nuevas generaciones para desarticular al capitalismo como sistema, para defender a las comunidades y para enfrentar a la crisis neoliberal articulando una organización que viene desde abajo, desde el hartazgo, el dolor y la rabia y que ha servido ‘’como escenario para el desarrollo de estrategias envolventes y de nuevos lenguajes y proyectos indígenas’’ para un ‘’quehacer colectivo’’ (Rivera: 2010).
Así mismo, la persona de Marichuy representa la lucha constante de la mujer por su emancipación, por su autonomía, por su reconocimiento, por su visibilización. Reivindica el espacio de la mujer dentro de la política, la toma de decisiones y desarticula, desde abajo, una estructura netamente patriarcal en los procesos electorales y “democráticos” del país, que responden directamente a las exigencias y necesidades del capital y las dinámicas del mercado.
Se requiere, pues, una práctica alterna de obtención de conocimiento, de prácticas, de acciones y de identidad en un sentido colectivo y de horizontalidad con la intención de estimular el corazón y que pueda dar resultados en recoger todas las luchas para una revolución democrática que derribe las abstracciones de la democracia tradicional.
Nuevos lenguajes, nuevos discursos, como el de Marichuy y el CIG, hacen posibles nuevas formas de vida, unas que humanizan las prácticas, el consumo, a las personas, a la naturaleza y a sus recursos.




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* Orozco García
Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades. Universidad de Guadalajara - CUCSH/UDG. Guadalajara, México