En el marco de un capitalismo transnacional con proyección global, es fundamental analizar el papel de la dominación ideológico-cultural en tiempos de auge del terreno virtual cibernético. Antonio Gramsci, comparando el Estado en Oriente y Occidente, da cuenta de un fenómeno que no ha dejado de profundizarse hasta nuestros días: la perpetuación en el tiempo del modo de producción capitalista recae cada vez menos en la monopolización de la coacción física y la puesta en ejercicio de tal capacidad, y se apoya cada vez más en la producción de consenso (sea activo, sea pasivo) en torno a la legitimidad de los fundamentos ideológicos y materiales de la dominación sobre el todo social.
En el período posfordista actual, cuando la escala del capital es transnacional, su carácter financiero, y las tecnologías de la información permiten que la plataforma virtual se erija como el principal instrumento para la construcción de consensos y legitimidad. En nuestras sociedades contemporáneas, la plataforma virtual representa una esfera más de la realidad porque conglomera todo aquello que realizamos a través de pantallas (el celular, la computadora, la tablet, la tv, el cine, entre otros). En este sentido, la plataforma virtual es un nuevo marco de realidad donde es posible el desarrollo de la mayor parte de las actividades sociales. Sus reglas, características y posibilidades están diagramadas por el capital financiero global, y la consolidan como el principal instrumento de dominación ideológico-cultural del presente.
Plataforma virtual: el mundo sobre el mundo: Nuestras generaciones ya identifican el lugar que ocupa la virtualidad en la sociedad, en el mundo. El capitalismo financiero trasnacional la encumbra como la principal esfera de mediación de las relaciones económicas, sociales, políticas y culturales. Por eso, la plataforma virtual se erige como el mundo sobre el mundo, estructurada de modo que define reglas de campo para favorecer formas de sociabilidad, expresión y creación específicas, a la vez que desincentiva otras. Debemos entender la plataforma virtual como un elemento constitutivo de nuestras condiciones materiales de existencia fundamental, del mismo modo en que lo planteó Marx.
Nuestra percepción de la realidad, nuestro vínculo con los demás y nuestros objetos de interés, y nuestras posibilidades de acción y objetivos de vida se encuentran cada vez más mediados y moldeados por la dinámica de la plataforma virtual y sus horizontes de posibilidad. A partir de esta noción, cabe preguntarnos: ¿Qué implicancias tiene la virtualidad para los procesos de socialización contemporáneos? En otras palabras, ¿qué nuevas formas toma la socialización en tiempos de la plataforma virtual?
¿Cómo impacta la plataforma virtual en las distintas esferas de la vida? ¿Cuál es el alcance del impacto? Necesitamos construir herramientas para desnaturalizar la incidencia de la plataforma virtual en las lógicas subyacentes a cada ámbito de la vida social.
Atomismo social y eliminación de la negatividad: Una de las tendencias reforzadas por la plataforma virtual es la atomización social. Cada vez es mayor y más frecuente el conjunto de actividades, acciones e interacciones que pueden realizarse sin la necesidad de contacto cara a cara con otro u otra. Entonces, comienza a dejar de ser necesario el desarrollo de una serie de capacidades, como la empatía, la oralidad y la gestualidad.
Cuando el sujeto se vincula con el mundo de la plataforma virtual, fundamentalmente en las redes sociales, se encuentra en realidad con un círculo de espejos: una imagen del mundo diseñada a su propia medida. Los buscadores (inicios) de las redes sociales devuelven una imagen del mundo que nos es amena, armónica. Cada vez nos encontramos con más gente que opina como nosotros y se nos publicitan mercancías que pueden resultarnos de interés.
Esta dinámica social, política y cultural, generalizada en el tiempo, engendra un tipo de subjetividad intolerante e impotente ante lo negativo, ante el conflicto. Sea interno sea externo sea ambos a la vez, conflicto, que posibilita la superación dialéctica y el crecimiento individual y colectivo, es evitado. Subjetividades inocuas, impotentes e intolerantes ante la negatividad constituyen subjetividades fáciles de subordinar y controlar. En palabras de Byung-Chul Han: “La coacción de la transparencia nivela al hombre mismo hasta convertirlo en un elemento funcional de un sistema”.