Los estudios pioneros sobre la juventud en América Latina, en las décadas del 80 y 90, dieron una fuerte disputa contra la esencialización de la identidad juvenil, es decir, sobre su clasificación a partir de un atributo etario. Se señaló el carácter históricamente construido, situacional y relacional de la categoría, enfatizando que era preciso estudiar las juventudes en plural y, al mismo tiempo, distinguir las marcas epocales que las signaban transversalmente como generación. Nuestra interpretación esta tradición desde la teoría posfundacional, nos permite destacar la labor articulatoria del discurso, como organizador de las relaciones sociales y de la voluntad de acción, en la construcción de los sujetos políticos. La juventud es nombrada y se nombra desde múltiples enunciadores, algunos de ellos con una posición privilegiada para delimitar sus sentidos hegemónicos. Por ello, nos proponemos profundizar las indagaciones en torno a qué actores, agendas, escenarios y operaciones coproducen a la juventud en la Argentina contemporánea.
La presente ponencia se concentrará en la interpelación estatal, como lenguaje político organizador o dispensador soberano de significados comunes. Comprendemos al Estado como lugar de producción y reproducción legítima del mundo social y de las identidades socialmente legitimadas. El discurso estatal tiene la capacidad de regular las fronteras de inclusión/exclusión y protección/expulsión de una sociedad, lo que le otorga un rol privilegiado para (des)vincular identidades colectivas e (in)habilitar las posibilidades de agencia sobre el espacio público.
Una de las aproximaciones al establecimiento del vínculo entre los sujetos y el Estado es a través del concepto de ciudadanía, comprendida como la membresía a una comunidad política y al conjunto de instituciones, derechos y prácticas de participación en el espacio público que la configuran. La ciudadanía es un proceso dinámico que incluye la definición de los sujetos-ciudadanos, del contenido de los derechos y de los compromisos que relacionan al sujeto con el Estado. En nuestra historia reciente, encontramos diversas modalidades de invocación de la ciudadanía, más universales o más restringidas y fragmentadas. Por tanto, la lógica que opera como identidad política no es unívoca, puede reducir la heterogeneidad de lo social a partir de la creación de lazos equivalenciales o multiplicar los puntos de emergencia de diferencias. Aquí proponemos hablar de ciudadanización, para aludir al proceso mismo –siempre incompleto–, para designar el movimiento de ampliación y universalización de derechos. Como advertimos que lxs jóvenes no pueden ser circunscritos sociológicamente por su juventud –lo que supondría una sustancialidad a priori–, será adecuado localizarlos en su condición de nuevos ciudadanos, lo que involucra los procesos de (auto)reconocimiento como sujetos tomadores de decisiones en relación al presente común y al futuro de sus naciones. Optamos por reconstruir las trayectorias de ciudadanización de las y los jóvenes, en tanto la trayectoria incluye indicios de las posiciones ocupadas por los sujetos, pero también de sus memorias y proyectos.
Presentaremos aquí avances de nuestro trabajo doctoral sobre las resemantizaciones de los jóvenes en torno al Estado a partir de la interpelación institucional a la juventud a través del Programa de Respaldo a Estudiantes de Argentina (PROG.R.ES.AR). Examinaremos, por un lado, la producción socioestatal de las juventudes en el período 2014-2017, haciendo hincapié en la dimensión participativa y multiactoral de las regulaciones estatales. Este modo pensar las articulaciones jóvenes/Estado matiza las lecturas que apelan a una configuración “desde arriba” o “desde abajo”.
Por otro lado, nos aproximaremos a la relación entre los sujetos y Estado a partir de los modos de inscripción de las demandas de lxs jóvenes. Desde el enfoque que aquí adoptamos, el discurso es el campo de constitución de lo social, por lo que la formulación de una demanda es la unidad de análisis para conocer cómo se construye la unidad de un grupo. La demanda siempre es dirigida y se inscribe de manera relacional. Pero, además, su construcción discursiva como una “falta” la vincula al deseo y puede ser vehículo de efectos dislocatorios en cierto orden social. Esta interpretación excede el registro limitado de la demanda como elaboración de una petición o reclamo, para indagar en su construcción como espacio de lucha por el reconocimiento, dimensiones que exigen pensar la injerencia de la subjetividad.
El significado que lxs jóvenes atribuyen a los “derechos” tiene una doble inscripción: como potestades que los habilitan a tomar decisiones y, más frecuentemente, como demandas. De este modo, la invocación desde una lengua de derechos acoge fuerzas instituidas e instituyentes, momentos fundados del orden simbólico y momentos fundantes creativos. Un derecho siempre es una declaración, no obstante, como se produce desde una gramática universalizante de la lógica igualitaria, tiene efectos performativos. En esta línea es que proponemos entender al PROG.R.ES.AR como construcción de las condiciones de posibilidad para que el derecho a la educación se cumpla.
Expondremos, en la presente ponencia, los resultados de un mapeo sobre los sentidos que construyen lxs jóvenes en torno a su participación en el programa, qué identificaciones y diferenciaciones erigen respecto a la discursividad oficial y qué valoración establecen en torno al rol del Estado en sus trayectorias educativas. Los datos fueron recogidos a través de un cuestionario escrito y autoadministrable, difundido por las redes de jóvenes destinatarios del PROG.R.ES.AR, que se implementó a mediados de marzo de 2018 y fue completado por 307 jóvenes. Primero, exploramos el contexto y el modo en el que los y las jóvenes conocieron y se vincularon con el PROG.R.ES.AR. En este punto, nos interesó también conocer qué sujetos de interpelación particulares identificaban y qué plataformas enunciativas privilegiadas reconocían. Apelamos, a la vez, a reconstruir el impacto de la vinculación con la política pública en sus narrativas biográficas particulares y colectivas, esto es, comprender si se trata de un hecho significativo que ha marcado la experiencia de vida o ha redefinido el itinerario biográfico proyectado. Segundo, ahondamos en el autorreconocimiento de los y las jóvenes respecto a su participación en el programa: qué impacto tuvo inscribirse a nivel emotivo, en la organización de su vida cotidiana y las decisiones que tomaron; cómo evaluaron la utilidad del incentivo y qué potestades concretas, potencialidades previstas o posibilidades emergentes les significó. Por último, les solicitamos a lxs jóvenes realizar un diagnóstico del PROG.R.ES.AR, es decir, que evalúen aspectos conceptuales y técnicos, desde su proposición ideal como política pública para jóvenes, hasta los diversos modos en que fue ejecutada.
En los entrecruces de la interpelación estatal y las demandas de las y los jóvenes, pretendemos reconstruir las trayectorias de ciudadanización, que incluyen las gramáticas de participación existentes y las que están siendo creadas o imaginadas. A nivel de impacto social y político, es nuestra misión detectar las (des)articulaciones entre la interpelación y la demanda para proponer políticas participativas desde el reconocimiento y la ampliación de derechos.