En Argentina, a partir del cambio de gobierno en el año 2015 se han profundizado políticas públicas de carácter neoliberal que han ido precipitando la pauperización de las condiciones materiales de vida de gran parte de la población*. En este trabajo hacemos foco en los procesos de salud-enfermedad-atención que transcurren en un hospital interzonal general público de la Provincia de Buenos Aires, desde tres ejes de análisis: - Discursos y prácticas de usuarios y profesionales de la salud en relación a la concepción de salud y sus implicancias; - Organización y lógicas de inclusión/exclusión en la atención en el marco del sistema de salud público; - Estrategias y líneas de acción para pensar el trabajo cotidiano en este contexto.
En el escenario actual , emergen discursos y prácticas enraizados en el imaginario social que justifican la accesibilidad a bienes y servicios a través de la lógica meritocrática. En este sentido, hace varios meses, circula la propuesta de crear una Cobertura Universal de Salud (CUS) que implicaría la garantía de un conjunto acotado de prestaciones e insumos destinados individualmente a cada ciudadano. A pesar de que no fue presentada de manera oficial, podemos reconocer en la atención cotidiana ciertos lineamientos (instalados) que comparten esta lógica meritocrática e individualizante, de manera que podríamos identificar discursos y prácticas que se plantean en detrimento de una perspectiva universal e integral de la salud como derecho de ciudadanía. A decir de Gonzalo Basile “(...) de eso se trata la ´CUS´: ahondar segmentación y estratificación de nuestro modelos de protección social y sistema de salud”
En estos discursos no se cuestiona la escasez de recursos que se destinan a salud sino que se hace hincapié en quiénes y cómo deberían acceder a los mismos. Se produce así una estigmatización de grupos sociales y comunidades extranjeras por parte de los agentes de salud, (pre) ocupándose más por la administración de los recursos que por una atención oportuna y adecuada. En este sentido, Susana Belmartino plantea que se “ (...) ha puesto el énfasis no en la eficacia sino en la eficiencia; el énfasis no se pone en el resultado de la acción médica sobre el paciente, de la utilización de los recursos, sino que se evalúa el costo de la atención y la necesidad de dedicar recursos cada vez más controlados para resolver las necesidades crecientes por parte de la población”
Asimismo se observan en los discursos de los usuarios del sistema público de salud una aceptación de estos condicionamientos en la accesibilidad y una demanda caracterizada no tanto por la exigibilidad de un derecho sino por un pedido de ayuda en el orden de lo filantrópico e individual.
La relación dialéctica entre estas dos perspectivas - la de los usuarios y la de los profesionales- no sólo genera la aceptación de las condiciones simbólicas y materiales del sistema, sino que reproducen y naturalizan las desigualdades en salud.
Consideramos que lo que subyace a esta lógica institucional de atención es que se promueve un proceso de mercantilización de los servicios de salud, des-dibujándose la noción de derecho; de esta manera, “lo público” supone determinados estándares en relación a los recursos, insumos, medicamentos e infraestructura, por lo que la aspiración a una mejora en la calidad de los mismos implicaría realizar una contraprestación económica.
Como ya hemos planteado, y retomando las ideas de Estela Grassi, “(...) los alcances, sentidos e intereses que la política social realiza se disputan y se expresan en la determinación de quién es y cómo se define quien es nominado como “merecedor” de atención y de acciones (específicas o generales) y en qué radica dicho merecimiento. Históricamente, el punto de referencia es la auto-valía. Es decir, la obligación de trabajar, normalizada como moral y disciplina, supone e impone que “todo el que puede vive de su trabajo”” . El campo de la salud no escapa a dicha lógica. Si realizamos una breve historización de cómo fue estructurándose nuestro sistema de salud, podemos ver que la fragmentación ha sido una de las características más preponderantes. Y al vertebrarse en torno al eje trabajo, se pensó “lo público” principalmente para los sectores desocupados.
Sin embargo, dada la precariedad y/o ausencia de prestaciones en el marco de la seguridad social -que en estos tiempos son más marcadas- se evidencia una mayor demanda de los trabajadores a ser atendidos en el sistema público de salud, entrando en contradicción con las reglas instituidas acerca de quienes “merecen” la atención pública.
Estas lecturas pueden realizarse a partir de las demandas y exigencias desde las instituciones en relación con nuestra “competencia disciplinar” ligada históricamente, por su génesis, al control social. Como plantea Gustavo Parra “(...) la burguesía, -habiendo abandonado su papel revolucionario, establecida como poder dominante, asumiendo un fuerte papel conservador-, frente a las manifestaciones de la cuestión social, recurrió a formas asistenciales precapitalistas, transformándolas y convirtiéndolas en instrumentos tanto de control social como de legitimación de su poder y del sistema. La asistencia fue racionalizada y normatizada, apropiada por la burguesía como una forma de control de las condiciones de vida del proletariado.” Es así que Trabajo Social surgió como la disciplina encargada de vehiculizar ese control social, desarrollando tareas de “seleccionador e intermediario” entre recursos y necesidades. A pesar de las rupturas y reconceptualización sucedidas en la historia de la profesión, aún quedan vestigios en el imaginario social que nos vinculan con prácticas de aquella época y que resurgen con vigor en contextos de políticas públicas conservadoras.
Para nosotras el desafío consiste en pensar estrategias contra-hegemónicas que fortalezcan una perspectiva de derecho de ciudadanía, tanto en la atención disciplinar directa de los usuarios como así también al interior de los equipos de salud en el trabajo cotidiano. Pensamos que, ante la solicitud de nuestras intervenciones, es necesario deconstruir la demanda original, teñida de esta lógica neoliberal, para poder reconstruirla en clave de derecho.
Ya en 2001, Nora Aquín nos planteaba que “el esfuerzo por superar la crisis de pensamiento se corresponde con el desafío de develar los núcleos teóricos impuestos por el discurso neoliberal, que se pueden sintetizar en la macabra idea de que no hay otra cosa posible, y de que cualquier intento que emprendamos puede empeorar la situación. Esta es la responsabilidad intelectual de la hora, éste es el obstáculo principal a remover en las concepciones hegemónicas internalizadas por nosotros. Esto lo que nos permitirá replantear la función intelectual, involucrándola en la construcción política cotidiana”
En este sentido, también es preciso revisar las respuestas históricas o instituidas hacia estas demandas, generando circuitos o canales orgánicos que viabilicen respuestas integrales desde diferentes dispositivos públicos interinstitucionales e intersectoriales; tendiendo de esta manera a garantizar la accesibilidad a una atención oportuna y adecuada a las necesidades de la población.
Comentarios
* Asistimos al recorte de presupuesto destinado a las políticas sociales destinada al sostenimiento de las condiciones de vida de sectores sociales vulnerables, a una regresiva distribución del ingreso de los sectores asalariados y la paulatina restricción del acceso a bienes y servicios de ambos.
Bibliografía
Aquín, Nora. “Un nuevo escenario para el Estado, un nuevo horizonte para el Trabajo Social”. Revista Margen N°23. 2001.
Basile, G. ¿Cobertura o Sistema Universal de Salud?: hacia dónde vamos y quién decide. ALAMES. 2017.
Belmartino, Susana. “Modelo médico hegemónico”. Ponencia en Jornadas de APS. CONAMER. SF.
Grassi, Estela. “La política social, las necesidades sociales y el principio de la igualdad” en “Es posible pensar una nueva política social para América Latina”. FLACSO Ecuador. 2008.
Parra, Gustavo. “ Antimodernidad y Trabajo Social. Reflexiones en torno a la génesis de la profesión”. Pontificia Universidad Católica de San Pablo – Brasil.