Religión y política de masas en los Cuadernos de la cárcel de Antonio Gramsci – José Gabriel Rovelli – FFyH/UNC
En el presente trabajo, me propongo indagar el modo en que Gramsci aborda y enlaza entre sí los conceptos de mito político, voluntad colectiva y religión en sus Cuadernos de la cárcel, atendiendo fundamentalmente a Q8, § 21 así como a la reelaboración con importantes adiciones de dicho parágrafo que tiene lugar en Q13, § 1. A los fines de hacer visibles las conexiones entre estos tres importantes conceptos, intentaré, en primer lugar, avanzar en la determinación de la especificidad que la dimensión imaginaria, en tanto elemento fundamental en la conformación de las subjetividades colectivas, adquiere al interior del entramado conceptual de los escritos carcelarios gramscianos. Dicha dimensión, presente ya en algunos escritos pre-carcelarios del período 1916-1921, vuelve a ser tematizada en los textos que nos interesan, aunque con significativas modificaciones y desplazamientos. Podríamos decir, de manera sucinta, que si en el caso de los textos pre-carcelarios dicha cuestión se presenta, de manera embrionaria aunque lo suficientemente nítida, fundamentalmente al abrigo de la noción soreliana de mito, en los Cuadernos de la cárcel es abordada en el marco de una elaborada reflexión y reposición no reduccionista del concepto de ideología –reposición en la que el concepto de religión adquiere una determinación específica, en sus complejas relaciones con la filosofía y el sentido común–. A su vez, y como ha sido señalado por diversos autores, dicha reposición no reduccionista del concepto de ideología constituye la premisa fundamental para el planteamiento de la noción de hegemonía, aporte fundamental por el que Gramsci es reconocido en el campo de la teoría social (Liguori, 2004; Frosini 2003 y 2010).
En segunda instancia, me propongo analizar de qué manera el novedoso encuadre teórico provisto por los conceptos de ideología y hegemonía –junto a una nueva determinación del concepto de crisis–, permiten a Gramsci replantear los conceptos de mito político y de religión a distancia de sus remanidas declinaciones espontaneístas, de manera tal que sea posible insertarlos en una reflexión más vasta que atiende al necesario trabajo de interpelación y composición hegemónica de los elementos que constituyen la ideología en sus diversos órdenes. En este sentido, podemos resumir dichos desplazamientos fundamentales de la siguiente manera: a) una reposición no reduccionista del concepto de ideología, al que hago referencia con la expresión “la ideología como terreno”; b) un replanteo de la noción de hegemonía, al que aludo con la expresión “la hegemonía como actividad”; c) una reformulación del concepto de crisis tal como había sido concebido al interior del marxismo, mentado a partir de la expresión “del estadialismo a la imaginación común”.
De este modo, el análisis de la dimensión imaginaria en tanto terreno fundamental en que se despliega la lucha por la constitución de las subjetividades colectivas se ve reformulado al desplegarse en el novedoso suelo provisto por una serie de desarrollos fundamentales en los que se embarca Gramsci en sus escritos carcelarios. El primero de ellos se vincula con un replanteamiento de la noción de ideología y busca dar cuenta de su extensión en el campo de las superestructuras a distancia de cualquier noción de reflejo, apariencia o mero efecto que mellaría su eficacia histórica para reducirla a “conciencia invertida del mundo real” (Liguori, 2004). El segundo, estrechamente vinculado con el anterior, se plantea en torno al concepto de hegemonía en tanto práctica articulatoria, ejercicio de poder por parte de una clase que opera sobre un plano de diferencias tendiendo a producir formas contingentes de unificación mediante la combinación siempre singular de subordinación y reconocimiento (Gramsci, 1975, pp. 474-484). Es en el terreno ya desbrozado de la ideología y habiendo asumido la necesidad de una práctica hegemónica para las clases subalternas italianas, que la cuestión del mito político retorna en el Q 13, aunque encauzada esta vez –“secularizada” decíamos más arriba– por las murallas de contención provistas por ambos conceptos. Como si los mismos –la ideología como terreno, la hegemonía como tarea política–, proveyeran una suerte de grilla de inteligibilidad que hace posible reinscribir la problemática de la religión, del mito, de los afectos y la imaginación de las masas en una teoría más amplia respecto al modo en que se constituyen –se “suscitan”, dirá nuestro autor en el mencionado cuaderno– las voluntades colectivas en la historia.
Del mismo modo, es en tal contexto que el concepto de ideología se constituye en tanto premisa fundamental para el desarrollo de la categoría de hegemonía, en la medida en que sólo si el terreno ideológico en toda su extensión –del folklore a la filosofía, pasando por el sentido común y la religión– deja de ser considerado indistintamente como terreno de la falsa conciencia y del engaño, o en tanto mero efecto de las estructuras económicas, resulta posible pensar en la tarea política de la hegemonía. Dicho de otro modo, la hegemonía como operación de traducción de un conjunto de reivindicaciones particulares surgidas en la esfera económica que se dirige hacia formas políticas crecientemente universales, esto es, capaces de atraer e incorporar a un proyecto político a otras clases –el pasaje de la “fase económico-corporativa (…) a la fase de la hegemonía político-intelectual en la sociedad civil”, del que nos habla Gramsci en el Q 4 (1975, p. 461)–, presupone que el campo de fuerzas ideológicas sobre el que se ejerce esta práctica de traducción constituye un terreno político atravesado por relaciones de fuerza entre los grupos sociales, lo que determina la eficacia relativa de los mismos en tanto logren, o no, unificar y volver homogéneas a las masas.
Finalmente, y a partir de estos elementos, me propongo discutir y problematizar la reposición del concepto de mito político en el contexto de la discusión en torno a Sorel y la relectura de Machiavelli, conjuntamente con la asunción de la dimensión religiosa como elemento movilizador de las masas, desplazamientos que se remontan a Q8, § 21, y que son retomados en Q13, § 1 (Frosini, 2013; Kanoussi, 2000). La cuestión que intento explicar es la de la creciente presencia e importancia de Machiavelli en la reflexión gramsciana, así como, más específicamente, la singular lectura del mito en tanto elemento religioso y la introducción de la figura del “moderno Príncipe”, realizada entre enero y febrero de 1932.
Referencias bibliográficas
-Frosini, F. (2003). Gramsci e la filosofia. Saggio sui “Quaderni del carcere”. Roma, Italia: Carocci.
-Frosini, F. (2010). La religione dell’uomo moderno. Politica e verità nei Quaderni del carcere di Antonio Gramsci. Roma, Italia: Carocci.
-Gramsci, A. (1975). Quaderni del carcere. Edicion crítica del Instituto Gramsci. Torino, Italia: Einaudi.
-Kanoussi, Dora (2000): Una introducción a los Cuadernos de la Cárcel. Puebla, México: Universidad Autónoma de Puebla-Gramsci Society.
-Liguori, G. (2004). Ideologia. En F. Frosini y G. Liguori, Le parole di Gramsci: per un lessico dei Quaderni del carcere. Roma, Italia: Carocci.