Consideración preliminar:
Esta investigación se encuentra en su fase final de desarrollo. Siendo estudiante de Sociología de la Universidad de Antioquia (Colombia), esta investigación es producto de mi participación como practicante de la Escuela Nacional Sindical. A su vez, es el trabajo de grado con el cual aspiro al título de socióloga.
Atendiendo a la variedad de temáticas que incluirá este año CLACSO en su Conferencia, esta investigación no quiere dejar perder de vista a los movimientos sociales como forjadores de lucha por la igualdad, la justicia social y la democracia, tal como lo enuncia el lema de trabajo de este año.
Resumen:
La Central Unitaria de Trabajadores, subdirectiva Antioquia fue constituida oficialmente en 1998. Antes de serlo, pasó por varios procesos unitarios dentro del sindicalismo antioqueño, que implicaron diversos esfuerzos a resaltar.
Compartir el poder y consensuar los idearios tan plurales como diversos, ha sido uno de los grandes pasos que este sindicato ha tenido que dar para poder consolidarse como una de las seccionales más representativas de la Central obrera con más afiliaciones de Colombia. Sin embargo, el movimiento sindical colombiano, y especialmente el antioqueño, se vieron aturdidos por una oleada de violencia antisindical que dentro de los años ochenta y noventa, menguaron la capacidad sindical de las organizaciones. Las dirigencias y los liderazgos sindicales fueron atacados simbólica y letalmente, hasta el punto de convertir a Antioquia en el territorio más victimizado del país, concentrando, según la Escuela Nacional Sindical, alrededor del 31% de la violencia contra sindicalistas en toda Colombia. No en vano, Colombia ha sido considerada en varias oportunidades el país más peligroso para ejercer la actividad sindical, especialmente en las dos décadas pasadas (Periódico El Colombiano, El nuestro El país más peligroso para los sindicalistas según la Escuela Nacional Sindical, 1994; Periódico El Colombiano, Colombia, el país más peligroso para ejercer el sindicalismo, 2001).
De manera que si bien es una ardua tarea llegar a acuerdos dentro de posiciones políticas radicales y rígidas, las voluntades sindicales encontraron que compartían dos puntos en común: i) su lucha por los derechos de los trabajadores, y en muchos casos, por el bienestar social en general; y ii) que justo por ello los estaban asesinando. Según los relatos que han narrado en esta investigación estos procesos sindicales, varias federaciones antioqueñas llegaron a la conclusión de que si se unían podrían obtener más fuerzas, tanto para realizar sus reclamos y exigencias, así como para protegerse de manera colectiva de la arremetida de la violencia contra ellos y ellas. En definitiva, encontraron que la unidad era una forma de resistencia.
Por cierto, la presunta responsabilidad de la violencia antisindical, no ha dejado de ser diagnosticada por quienes la han padecido. El movimiento sindical ha sido atacado multilateralmente. En especial, bajo el precepto de considerarles subversivos, se ha procedido a eliminarles de todas las formas violentas posibles. Los testimonios develan, que aunque en distintas medidas, Estado, paramilitarismo y guerrilla, han sido precursores de la violencia contra el movimiento sindical.
Por ello, será pertinente transitar sobre lo que significó la concreción de estos proyectos políticos y sindicales para el país. Sus agendas para el momento de su surgimiento apuntaban a fijar la mirada en no solo la defensa de los derechos laborales de los trabajadores, sino en afianzar la consolidación del diálogo y la democracia, en un momento además en donde las cifras de violencia contra las dirigencias sociales, políticas y sindicales, como ya se dijo, estaban en un auge prominente.
Esta investigación ha querido repasar dentro de la CUT Antioquia y de los procesos organizativos que le precedieron, los ecos de exclusión, convicciones y letalidades que desembocaron en su constitución a finales de los noventa. Exaltar estos procesos sindicales, se hace necesario en sociedades, como la colombiana, en donde se ha relegado y olvidado a las organizaciones sindicales como constructoras de democracia. Se hace necesario incentivar el recuerdo de las luchas políticas que han tenido como consigna la exigencia del mejoramiento continuo del bienestar de los pueblos. Se quiere responder además a la deuda político-social que la memoria histórica pretende saldar, por lo menos en la medida de tratar de dignificar los procesos que han sido opacados, reprimidos, marginados y hasta excluidos, en este caso, del sindicalismo antiqueño. Se procura insistir tácita y explícitamente en que recuperar y reconstruir la memoria no solo de las víctimas sino de la participación de quienes en la actualidad siguen dando testimonio de lo vivido, en definitiva es un producto que nunca ha de encontrar una terminación irrevocable, sino que por el contrario, es la incentivación a no dejar perder en el recuerdo efímero, y en el obligado o inevitable olvido, las huellas que hoy forjan una identidad nacional y regional.
Esta investigación quiere llevar a otros espacios geográficos la experiencia del caso sindical antioqueño, enfocada en la CUT Antioquia como representación de lo que ha significado ser una organización perseguida, con amenazas de aniquilación, pero aún subsistente.
Hoy la CUT Antioquia sigue trabajando en medio de un contexto aún espinoso en materia de violencia contra liderazgos sociales, políticos y sindicales. Sumado a ello, la aversión a lo sindical, que ha sido uno de los grandes impactos dejados por la crudeza de la violencia antisindical, ha influido en la baja tasa de sindicalización en el país. Enfrentar las crisis laborales en pro del bienestar de los trabajadores sigue siendo su tarea.
Finalmente, más que identificar un problema, esta investigación se une a la detección de una solicitud política que, como academia comprometida con el aporte social, pretende ser partícipe y no solo espectadora de la exaltación de procesos sindicales que con sus conquistas y fallas han dedicado su razón de ser a la defensa de lo que, aunque pareciera desgastado de tanto mencionarlo, es el pilar que sustenta la convivencia humana: los derechos humanos.