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Resumen de ponencia
JORGE KOO CHOI Y JULIO LORES COLÁN: UN DEPORTE DOS CAMINOS. DESCENDIENTES DE CHINOS EN LA SELECCIÓN NACIONAL DE FÚTBOL PERUANO

*Jaime Pulgar Vidal



Entre 1927 y 1930, dos jugadores descendientes de chinos jugaron por la selección peruana de fútbol. Sus antepasados habían llegado al país con un contrato de trabajo en haciendas de la costa. Fueron chinos culíes que migraron de su lugar de origen por factores de pobreza y arribaron a Perú atraídos por un trabajo remunerado como campesinos.
Después de cumplir con un contrato que los obligaba a duras jornadas en el campo, estos chinos culíes se instalaron, uno en la capital peruana, Lima; mientras que el otró migró a la zona andina de Huaral, un pequeño pueblo a cien kilómetros al norte de la capital. El hijo del primero y el nieto del segundo se dedicaron a jugar con un balón de fútbol. Aunque el juego parecía el mismo, lo que jugaban Jorge Koo Choi Sarmiento y Julio Lores Colán se diferenciaba por los valores que cada uno de ellos le asignó a esta práctica deportiva.
Así, una primera pregunta que nos hacemos es si ¿es posible que este juego, creación de la burguesía inglesa, pudiese ser practicado y entendido por individuos premodernos? Más aún, ¿Hay forma de resignificar este deporte y practicarlo con valores totalmente distintos y, hasta opuestos, al del individuo burgués? Viendo lo hecho por Koo Choi la respuesta es afirmativa. Al analizar la práctica deportiva de Koo Choi y Lores y algunas de sus actividades en la vida cotidiana surge otra pregunta ¿por qué ambos individuos, de un mismo origen étnico, que estudiaron en el mismo colegio, entendieron el balompié de formas opuestas? Lores jugaba lo que los ingleses conocían como fútbol mientras que Koo Choi practica “fulbo”.
Cuando hablamos de fútbol, nos estamos refiriendo a aquel deporte que se juega en una cancha con medidas reglamentarias y en donde hay una autoridad que es respetada por los jugadores. En cambio, cuando pateamos un balón en un espacio indefinido, en un juego sin reglas fijas y sin autoridad, no deberíamos hablar de fútbol sino de juego de pelota, fulbito o fulbo, la forma en que este deporte fue resignificado por individuos premodernos en la ciudad de Lima y alrededores.
Sin una cancha reglamentaria, sin un balón adecuado, con desconocimiento del reglamento, los futbolistas callejeros practicaban un deporte parecido al fútbol pero que no era fútbol. Por dificultad al momento de pronunciar aquel anglicismo, llamaron a su práctica “fulbol” o simplemente “fulbo”, resignificando el fútbol. El “fulbo” era un pretexto más para encontrarse en un ambiente ameno que terminaría con una jarana, es decir baile, comida y alcohol. El “fulbo” era asumido, entonces, como un elemento que divertía a sus practicantes y que los reunía en sus momentos de ocio en los que reproducían sus prácticas sociales de solidaridad. Nada tenía que ver el “fulbo” con la disciplina. Este era sólo diversión. Cuando hablamos de “fulbo” peruano no hablamos de un estilo de juego. Hablamos de la significación que le dan los fulbolistas a su práctica: pretenden divertirse. Los jugadores de “fulbo” provenían de sectores populares, afroperuanos, mestizos, descendientes de chinos y aún algunos percibidos como blancos, pero pobres.
Los integrantes de esas selecciones “nacionales” de entre 1911 hasta, aproximadamente 1924 practicaron el juego inglés del fútbol y los integrantes de las selecciones desde 1927 fueron, en su mayoría, jugadores de “fulbo”.
Koo Choi Nació en Lima el 2 de noviembre de 1900 en la calle Puno. Era vástago de un adinerado panadero chino del Lechugal y de doña Gregoria Sarmiento, dama ancashina. Su padre murió cuando apenas tenía dos años. Koochoi realizó sus estudios en el colegio Guadalupe. Vivía en La Victoria, Un barrio de obreros. Era un hombre muy criollo, alegre, jaranero. Es probable que la muerte del padre chino haya hecho que Koochoi recibiese una educación distinta a la rígida que recibían en Perú los hijos de chinos y, por ello, haya aprendido el comportamiento de su madre, del vecindario de La Victoria y de sus amigos fulbolistas. Aunque tenía la pastelería de su padre, Koochoi la vendió y trabajó como chofer, otra actividad propia de muchos jugadores de “fulbo” de los años 30. Al mismo tiempo finalizó su carrera como fulbolista en Alianza Lima, un equipo callejero.
Entre tanto en Huaral, merced a los negocios de su padre, Pezet Lores, Hermenegildo se dedicó al comercio, obtuvo prestigio y fue nombrado alcalde de la pequeña localidad. Él fue quien llevó los dos primeros balones de fútbol oficiales que hubo en Huaral. Hermenegildo Lores incentivó en sus tres hijos, Néstor, Teófilo y Julio, la práctica del fútbol. Al comienzo jugaban en la desolada Plaza de Armas de Huaral y después se delimitaron campos de fútbol en las haciendas. Así, en 1912 nació el club Sport Huaral, donde jugaron Néstor y Julio. Años después Julio integró el equipo de fútbol de su colegio, el Guadalupe, y después integró el equipo del Association, que jugaba en la primera división del fútbol de Lima y Callao.
En mayo de 1929, Julio fue contratado por el Necaxa de México, que le pertenecía a la empresa de Luz y Fuerza, uno de cuyos ingenieros fue el inglés William Fraser, fundador del equipo de fútbol. De acuerdo al propio Julio, él ganaba 150 dólares, algo así como 2 mil dólares de hoy, trabajando como auxiliar del jefe de tráfico. Como jugador de fútbol ganaba muy poco porque el balompié mexicano aún era amateur. Una forma de hacer trampa era contratar a buenos jugadores, colocarlos en la planilla de una empresa en la que nunca trabajaban y solo se dedicaban a practicar el balompié. Mientras en Perú los futbolistas ganaban 2.50 soles por viáticos; Lores obtenía mucho más y por eso se quedó a radicar en tierras mexicanas.
Mientras Koo Choi aprendió a jugar “fulbo”, aquel deporte que se practica por diversión; Lores jugaba fútbol. Era nieto e hijo de disciplinados chinos con actitud burguesa, dedicados al negocio de la ganadería y el comercio. En Perú aún no había fútbol profesional ni tampoco amateurismo encubierto. Este fue el factor de expulsión que lo obligó a migrar a México en donde le ofrecieron un contrato, propio del amateurismo encubierto o marrón, el que fue el factor de atracción.




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* Pulgar Vidal
Pontificia Universidad Católica del Perú PUCP. Lima, Perú