El objeto del trabajo es analizar el sistema de pensiones chileno, interpretando cómo se justifica, opera y transporta y, junto con ello, cómo se vivencia en los sujetos y, eventualmente, los constituye. Intento avanzar en un esquema de análisis que, partiendo desde las pensiones, pueda derivarse como propuesta conceptual para analizar otras políticas de privatización de derechos sociales, aplicable en Chile u otros casos similares.
“Me llama la atención que los sociólogos olviden que la economía es una ciencia… social, que economistas y sistema económico son dos cosas distintas (…) Y que así, la economía busca resolver, de manera eficiente, problemas reales que afectan a la vida de la gente (…) La inflación afecta a la gente al momento de comprar. No es una construcción de la realidad, es un problema real (…) por eso me llama la atención cuando ustedes dicen que construimos realidad (…) No hay mejor política social que la que cuida los equilibrios fiscales. Yo calculé y decidí que si sigo trabajando así puedo dejar de comprar departamentos y vivir de la rentabilidad de mi fondo en la AFP, austeramente como vivimos en mi familia. (…) Y cada mes yo me olvido de esa plata, porque la gente no esta dispuesta ahorrar si les saca de su líquido”. (Entrevista economista, Jefe de estudios de Fundación, 32 años, 8 años cotizando).
La cita anterior fue parte de la intervención de 56 minutos sin interrupciones que realizó un economista, quien accedió a ser entrevistado bajo la pregunta ¿qué opinas del sistema de pensiones en Chile?
En otra ocasión asistí como oyente a una clase magistral del programa de MBA de la Universidad San Sebastián denominada “El colapso del Estado de Bienestar: la solución chilena”. Uno de los expositores, en representación a la AFP Capital, presentó el “Rango de rentabilidad de activos de los fondos de pensiones” y realizó el siguiente cálculo en voz alta, evocando la operación detrás de las pensiones:
“Ahorrando el 10%, en 1 año una persona junta 1 sueldo, en 10 años son 10 sueldos. Si vas a vivir hasta los 100 años y te jubilas a los 70 años, tienes que financiar 30 años. Es decir, 360 sueldos ¿Cómo lo hacemos?, porque en 100 años de trabajo recién ahorrarías 100 sueldos. ¡Rentabilidad!” (Apuntes y grabación de la Exposición en clase magistral MBA, USS, C Stefens, 2017).
Tal como me ocurrió en estas instancias, la idea de las pensiones como un derecho aparecía más lejana entre la literatura sobre el sistema de AFP. Y, aunque la recuperación de la idea de un derecho aparecía con más fuerza entre quienes se declaran opositores al modelo vigente en Chile, sus discursos son acompañados con críticas generales al mercado, al enriquecimiento de las aseguradoras y al reconocimiento de la magnitud de recursos que inyectan los ahorros para las pensiones a la economía.
“En particular el sistema de pensiones, no fue solo un espacio más para el mercado. La cantidad de recursos, de recursos involucrados, las pensiones de las personas fue un oxígeno fundamental para la capacidad financiera de la economía. La economía depende, en alguna medida, del activo líquido que le suministran los trabajadores chilenos. Una de las bases para el sistema financiero es la AFP, además de los recursos naturales. Es profundamente exitoso en un sentido de mercado. Y podríamos llamarlo así, es una nueva forma de explotación” (Vicente Orellana, Fundación Nodo XXI en video Crisis de las pensiones en Chile – El negocio de las AFP’s 2015, de la Fundación Sol)
Estas aproximaciones “al sistema” me desafiaban a trazar ámbitos y límites en el estudio de las pensiones. A mi juicio, había un punto de intersección: la centralidad que tomaba el mercado de capitales. Con ese impulso empecé a reunir documentos y publicaciones bajo esa búsqueda. Pesquisé bajo el tema “mercados y pensiones para la vejez” un total de 33.320 artículos científicos, y me atreví a comprobar que cuando la búsqueda era bajo el título de “derechos y pensiones para la vejez” la cantidad de publicaciones eres de 49.332. Un 40% de los artículos llamaba a la reflexión en torno a la relación entre mercados financieros y pensiones. Sin embargo, pocos de los artículos de mercados y pensiones eran de cientistas sociales no economistas.
Como señala Ossandón (2012) en Chile desde la dictadura militar se gestiona la provisión de pensiones por un mercado; situándolo como la principal institución y trayendo importantes efectos para las cotidianidades de los chilenos y chilenas.
Las pensiones han sido atendidas por la sociología, sobre todo, en la vocación del estudio de las consecuencias de la adopción de esta forma de administración y asignación de la seguridad social, más que en un análisis del sistema mismo. Particularmente en Chile, los estudios sobre estratificación (Torche y Wolmard 2004; Aedo, 2010; Aguilar y Mora, 2016), economía política del envejecimiento (Díaz Tendero, 2017), relación entre el mercado del trabajo, género y pensiones (Montecinos, 2015; Madero, 2016; Herrera, 2014, 2017) ahondan de manera importante y pormenorizada sobre los efectos que tiene en el bienestar, la desigualdad y calidad de vida el sistema de pensiones. Sin embargo, la construcción del mercado de las AFP, las interacciones entre las entidades vinculadas al sistema, las distancias entre el sujeto accionista promovido por José Piñera y el actual pensionado, son dimensiones que han sido escasamente tratadas por la sociología.
Ossandón señaló que la falta de interés por los mercados respondía, probablemente, al hecho de que forman parte de los puntos ciegos de las divisiones entre las ciencias sociales. “Esto pues, por una parte, los economistas los han asumido como una realidad que se explica por sí misma, interesándose más en el comportamiento de los precios que en el estudio de la formación y diferenciación de mercados específicos, mientras que, por otra, los sociólogos han tendido a entenderlos como algo externo a lo social, oscilando entre una crítica a la mercantilización y un interés exclusivo en los aspectos sociales que “rodean” la actividad económica. Así, demasiado obvios por una parte, externalizados por la otra, los mercados no han recibido una atención analítica acorde a su relevancia” (Ossandón, 2012).
A casi 10 años de ese hallazgo, sostengo que los mercados han cobrado una relevancia incipiente en el estudio de la sociología en Chile. Al trabajo de Ossandón respecto de los mercados de salud (2009, 2012), se suma Farías con el estudio de la improvisación del mercado de la vivienda (2014) y Durán sobre el individuo que produce el mercado de las AFP (2016). Tres esfuerzos significativos para situar la atención sociológica en el análisis de la construcción de mercados para la provisión de objetos de política pública.
Ahora, el sistema de pensiones corresponde, junto con la reforma laboral y educativa, las piedras angulares del proceso de privatización de derechos sociales, denominados “ejes claves del proyecto modernizador” que emprendió Chile en la década de los ochenta con la dictadura cívico - militar. Este proyecto conlleva “nociones” para definir crisis económicas y seleccionar un modelo de desarrollo en forma de neoliberalismo. Visto de esta forma, el sistema de pensiones no sólo opera y se transporta en forma de mercados, sino también proviene de una justificación y cosmovisión que se desarrolla y se alimenta de él.
Sin embargo, es indudable que, si no está en crisis, al menos hoy es cuestionable su sostenibilidad en términos sociales.
Las demandas sociales son una clara invitación a la reflexibilidad sobre el tipo de valores sociales que están siendo viabilizados en este sistema. Por tanto, las interrogantes al estudio del mercado mismo se vuelve necesario agregar la pregunta sobre la justificación, analizando el sistema de pensiones como una operación de la forma que el proyecto moderno ha asumido en un contexto de globalización y privatización de la provisión de los derechos.
Las perspectivas sobre el espíritu del capitalismo nos permitirían situar la justificación y construcción de cosmovisiones del sistema de pensiones. Sin embargo, como señala Undurraga (2014), esta perspectiva puede proporcionar una noción de las ideas que influyen a nivel cultural y su extensión al resto de la sociedad, pero no da cuenta de cómo viajan estas ideas, cómo se traducen y cómo se modifican.
Para ello propongo considerar la teoría de la justificación con las nociones de la sociología de los mercados y agregar a estas aproximaciones la pregunta por las formas en que se impregnan y vivencian los sistemas de pensiones.
¿Cuál es la distancia entre el trabajador promedio, el contribuyente real, el cotizante/ahorrante inversionista, el ciudadano que marcha bajo la consigna de NO+AFP y el retirado promedio?, ¿qué prácticas y estrategias están asociadas a estos procesos?, ¿qué racionalidades comportan las acciones? y ¿cuáles son los sentidos que adquiere el dinero en forma de pensión en este escenario?
Según los trabajos revisados las decisiones del retiro movilizan estrategias de ahorro que se vinculan con el ciclo de vida de las personas y sus familias (Madero, 2016), con prácticas de deberes y derechos al interior de las redes de intimidad (Zelizer, 2011). En específico, se busca observar qué operaciones realizan los sujetos activos frente a la transformación del salario presente en pensiones futuras y los jubilados respecto del salario pasado con pensiones presentes.
Dicha transformación supone una planificación racional en el tiempo del ingreso, la cual se podría analizar desde el tipo de uso y sentido del ahorro para las personas. Es decir, dar cuenta del sentido social del dinero de pensiones, entendiendo por tal la cuantificación monetaria del bienestar esperado durante la inactividad producida por la vejez.