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Resumen de ponencia
Desigualdad y Poder en la compra de servicio domestico de los hogares de mayores ingresos de Santo Domingo

*Carlos De Peña Evertsz



PROPUESTA CONCEPTUAL
Tomando como punto de partida los diversos abordajes, miradas y propuestas epistemológicas sobre la desigualdad como fenómeno social y sobre la antropología del poder en los espacios íntimos de convivencia social, pretendemos presentar y explicar en esta ponencia los resultados empíricos de cincuenta y seis entrevistas estructuradas y semiestructuradas realizadas a mujeres en ejercicio de roles de empleadas domésticas y amas de casa dominicanas.
Estos resultados nos permiten formular hipótesis relacionadas con el papel socio histórico que han jugado los factores constantes (explícitos e implícitos) de índole económico, político y cultural que producen y reproducen los patrones de desigualdad que sirven de estímulo a la configuración de la dinámica existente en las relaciones de poder que se concretan y expresan en la compra y venta de servicio doméstico por parte de los hogares de mejores ingresos de la ciudad de Santo Domingo en República Dominicana
PREMISAS FUNDAMENTALES
Se conoce como Trabajo Doméstico Remunerado (TDR) aquel que realiza “un ser humano asalariado en un hogar privado, sin importar el método y periodo de pago, y que puede ser contratado por uno o varios empleadores que no reciben beneficios pecuniarios por este trabajo”. Al ser realizado en la intimidad familiar de una unidad doméstica, se produce y reproduce en la mayoría de los casos con altos grados de informalidad contractual, precariedad laboral y ambiguos marcos de convivencia entre los asalariados y los habitantes del hogar donde los primeros cumplen sus tareas.
En la Republica Dominicana el TDR es realizado por mujeres pobres, de bajo nivel educativo y emigrantes de las zonas rurales a las grandes urbes, esas mujeres pobres, migrantes y de escasa educación, realizan el trabajo doméstico remunerado (TDR) en hogares de la ciudad de Santo Domingo desde los cuales se conforma un sistema de estratificación social determinado por la asimetría de las redes de acumulación patrimonial, cuya característica principal es reforzar la condición desigual de clase de una minoría privilegiada.
Esta clase privilegiada necesita legitimar su distinción social y su consecuente autoridad frente a otras clases a través de atributos asociados a estilos de vida (el tener empleada doméstica es uno de ellos), acumulación de objetos catalizadores de prestigio social y capacidad de representar con eficacia roles estereotipados e importados de la esfera cultural de las sociedades de capitalismo avanzado.
Este sistema de estratificación social se refuerza y se recrea desde la familia, institución que sirve como centro de generación y distribución de recursos de subsistencia y a la vez como mecanismo social a través del cual se crean y se fomentan los hábitos, sobre todo aquellas sumisiones afectivas básicas que sirven de fuente de poder a los seres humanos que la componen.
Bajo este orden social estratificado, es evidente que la mujer migrante de las zonas rurales poco desarrolladas hacia un Santo Domingo moderno, tiene escasa oportunidades de bienestar y movilidad laboral, y por ende se espera que su condición de precariedad económica y clase le permita poner pocos reparos al ejercer como empleada doméstica.
Mientras en la otra cara de la moneda, la mujer de clases privilegiadas tiende a sentir la necesidad de reforzar su condición de clase a través de los ritos institucionales que construyen las relaciones de poder dentro de la intimidad del espacio doméstico, lo hace en su rol de responsable de las tareas reproductivas ,y lo suele manifestar a través del poder simbólico, el cual se presenta a través de las maneras y usos del habla, los estilos expresivos, la vestimenta, la privacidad de los espacios residenciales o el uso de regalos o licencias como instrumentales para lograr la sumisión afectiva de los habitantes subordinados de la casa (hijos o ascendientes) y sobre todo de la empleada doméstica bajo su mando.
A pesar de la dominación/sumisión que se pudiera suponer desde las condicionantes que producen y reproducen los patrones de desigualdad inherente a la estructura social dominicana, las relaciones de poder que se generan a partir de las condicionantes mencionadas para ambas mujeres, son fuente de tensión permanente, esas tensiones se dan en la forma en que como se distribuye la carga de trabajo, en la eficiencia (o no) con la cual las tareas relacionadas a ese trabajo se ejecutan, en el cumplimiento de horarios, en las recompensas ganadas o manipuladas, en la concepción de higiene y limpieza, en el tratamiento del cuerpo femenino, en la lucha por imponer saberes y tradiciones, en las practicas asociadas a los quehaceres domésticos por una u otra mujer. Y sobre todo se da en lo que antropólogos especialistas en el tema suelen llamar “ambigüedad afectiva”, esa reciprocidad inconsistente de aprecio, temor y rencor con el que suele darse la relación entre empleadas domésticas y sus empleadoras.

PREGUNTAS CLAVES
¿Cómo se sustentan y se desarrollan las relaciones de poder entre roles femeninos contrapuestos en la intimidad domestica a partir de los patrones de desigualdad socioeconómicos y culturales expresados en el trabajo doméstico remunerado?
¿Cómo se manifiestan estas relaciones de poder en el ejercicio (durante y ante) y el resultado de este tipo de ocupación cuando están condicionadas por determinado tipo de desigualdad? ¿Qué rol juegan la desigualdad simbólica de clase en la producción y reproducción de las relaciones de poder entre empleadoras y empleadas?







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* De Peña Evertsz
Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, República Dominicana - FLACSO. Santo Domingo, República Dominicana