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Resumen de ponencia
Políticas Públicas sobre Postconflicto y Turismo en Colombia: Una mirada crítica para repensar su implementación.

*Nohora Elisabeth Alfonso Bernal



El posconflicto en Colombia, es un hecho que ha generado diversos discernimientos y situaciones que merecen ser abordadas debido a los intereses que allí se juegan. Las resistencias dada por los medios de comunicación, parte de la clase dirigente y un sector de la población no ha permitido que este conflicto, en el que la población implicada siempre había soñado, se precise y se fortalezca. En este contexto, el turismo, desde la política nacional, se ha planteado como un instrumento para contribuir a la paz y al desarrollo de los territorios en conflicto.

El conflicto como concepto, se asume como multidimensional y multitemporal (Rettberg, 2003), podríamos afirmar que es un concepto, aún en construcción. Se puede mirar desde dos perspectivas: Una, el conflicto, ligado estrechamente con la finalidad de lograr la PAZ, lo cual urge de manera fundamental adoptar medidas para superar las causas estructurales del conflicto, como lo son la pobreza, la inequidad y la exclusión, entre otras. Y, dos, el conflicto visto con el único atributo, de reducir el número de homicidios relacionados con el conflicto por debajo de un umbral determinado, que le otorga o le niega el estatus de conflicto activo.

En esa perspectiva, en el proceso de firma de los acuerdos en la Habana, Cuba (2017), el conflicto colombiano ha venido asumiendo dos posiciones antagónicas: Una, es ver a la insurgencia como un actor descompuesto, donde los ejercicios de memoria histórica quieren orientarse y retratar a la insurgencia como un actor descompuesto por la codicia. También, querer evidenciar que la ideología insurgente es una mera fachada de organizaciones terroristas para legitimar la acumulación de riqueza privada desde el narcotráfico y demás economías criminales. Dos, el de comprender que el conflicto fue entre iguales, donde la construcción de memoria histórica es un ejercicio político y vital para los procesos y por lo tanto asigna responsabilidades, y define naturaleza de víctimas y victimarios que conduce a procesos de legitimización de unos actores y deslegitima y cuestiona a otros.

La discusión y apropiación de los discursos y prácticas también se evidencia en cómo se asume el fenómeno turístico. Por una parte, existe una gran orientación hacia una visión racionalista – pragmática del turismo, que lo considera como un fenómeno de masas, es excluyente y su puesta en marcha es netamente económica, incluso se ha venido denominando como Turismo Negro, donde ha posicionado numerosos destinos con pasados de violencia y guerra, convirtiéndose en parte importante de su economía, generalmente, sin pensar en los impactos negativos sobre las comunidades que han sido fuertemente marcadas por el dolor y el sufrimiento (Lennon&Foley, 1990).

Por otra parte, desde una visión del desarrollo humano, donde se promueven iniciativas y experiencias de participación comunitaria, cohesión y promoción de la su identidad, la conservación del patrimonio natural y cultural, así como la formación y apropiación de los actores involucrados en la actividad turística. En este sentido, también se ha denominado como el Turismo Fénix, que tiene una estrecha relación con la construcción de memoria en territorios con pasados de guerras o represiones. Constituye un fenómeno revolucionario que pretende ver más allá de ver al turismo como una actividad económica o una tipología más, lo ve como un apoyo al proceso de catarsis que las comunidades en destinos en posconflicto deben vivir para sanar, enterrar y patrimonializar el pasado (CAUSEVIC, 2008).

Las disertaciones y experiencias que se están asumiendo, también son múltiples y equivocas en algunos casos. Por lo tanto, se pretende hacer una reflexión sobre las diferentes concepciones del posconflicto y del turismo, las políticas públicas y orientaciones que se vienen generando y retomar algunas experiencias que si bien, cumplen con el favorecimiento económico de algunos grupos involucrados no necesariamente se está pensando en las comunidades y en su necesidad de armonizar sus territorios para poder asumir esta actividad, que en ocasiones quiere invisibilizar la memoria como un espacio de pluralidades. La pretensión es de imponer un relato único y acomodado del pasado y olvidar a las comunidades que fueron afectadas por la guerra y de las cuales se desprende una vida rica en posibilidades de compartir las situaciones que allí se desarrollaron. Es por esto, que se retomaran las tensiones sobre los discursos, las políticas públicas que se han venido plantando e implementando y las experiencias significativas en Colombia.





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* Alfonso Bernal
UNIVERSIDAD PEDAGÓGICA Y TECNOLÓGICA DE COLOMBIA UPTC. Tunja, Colombia