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Resumen de ponencia
Escraches a genocidas en La Plata: orígenes, estrategias y variaciones desde HIJOS La Plata a la Mesa de Escrache Popular (1995-2011)

*Magdalena Inés Pérez Balbi



El presente trabajo constituye un avance de una investigación más amplia sobre activismo artístico en La Plata, desde la década del 90 a la actualidad. Abordamos los escraches a genocidas y centros clandestinos de detención entendiéndolos como una herramienta política directamente imbricada con prácticas creativas de intervención en el espacio público. En una primera parte, introducimos al concepto del escrache y nuestro abordaje sobre éste. Luego, reconstruimos el origen y las transformaciones de las prácticas expresivas de los escraches motorizados, inicialmente, por HIJOS La Plata , y luego por la Mesa de Escrache Popular (MEP). Rastreamos los antecedentes en otras intervenciones estéticas de la organización, para, finalmente, desarrollar la consolidación de un lenguaje y sus variaciones con la apertura de la MEP.

El escrache, desarrollado por las distintas regionales de H.I.J.O.S., no es un fin en sí mismo sino una herramienta política para alcanzar la condena social. Apropiado en diversos contextos en nuestro país y fuera de él, su objetivo ha sido visibilizar, señalar culpables y cómplices de distintos hechos. Es una herramienta contra la impunidad y el silencio, cuando la Justicia y el poder político deciden mirar hacia otro lado.
El escrache es hoy una palabra común, con un sentido claro, aunque muchas veces banalizado y malinterpretado (no de manera ingenua) como una acción fascista. Pero en algún momento, a mediados de los ’90, cuando las Leyes de Impunidad estaban vigentes y los indultos devolvían la libertad a culpables de delitos de lesa humanidad, H.I.J.O.S. fue
construyendo, a fuerza de tenacidad, imaginación política y organización, un nuevo sentido para esa palabra del lunfardo: el escrache se transformó en la herramienta para que “el país sea su cárcel”, que la condena social reemplazara a la (inexistente) condena jurídica.
La bibliografía académica sobre el escrache revisa aquellos realizados por H.I.J.O.S. Capital y la Mesa de Escrache Popular, dejando de lado otras regionales (Benegas Loyo, 2013; Colectivo Situaciones, 2002; Longoni, 2007; Schindel, 2008). Suele versar sobre la forma de organización, el contacto entre agrupaciones, la movilización y el momento del escrache propiamente dicho (Cueto Rúa, 2008; da Silva Catela, 2014; Dalmaroni & Merbilhaá, 1999; Vezzetti, 1998). El abordaje del despliegue expresivo de esta herramienta se reduce al detalle de las intervenciones gráfico-visuales o performáticas, en la que esta regional ha tenido amplio despliegue, de la mano de colectivos como el Grupo de Arte Callejero (GAC) o Etcétera…. (Espeche, 2005; Holmes, 2009; Instituto Goethe Buenos Aires, 2006; Longoni, 2009; Taylor, 2002, 2006; Ursi & Verzero, 2011), pero dejan de lado otras manifestaciones expresivas. La repetición y la recurrencia a estas intervenciones, consideradas obras legítimas de activismo artístico han generado una lectura sinonímica entre las intervenciones de estos colectivos y el escrache en sí.
El despliegue expresivo de los escraches no puede leerse como una acción aislada ni como una ocurrencia de una sola agrupación, sino como engranaje de las políticas visuales del movimiento de DDHH en Argentina. Los íconos y recursos que las forman, y que incluso identifican estas luchas, son fruto de una construcción paulatina y tienen su origen, muchas veces, en simples respuestas prácticas a un problema específico: las rondas de los jueves de las Madres de Plaza de Mayo fueron la estrategia para evitar la prohibición a la reunión, y los pañuelos (pañales de tela) la seña para reconocerse entre la gente. Aunque hoy puedan entenderse como una práctica performática de la memoria y del duelo (Schindel, 2008; Taylor, 2002, 2006), no se originaron con una voluntad estética de manifestación pública. De la misma manera, el uso de fotografías va adecuando sus formatos según el momento del movimiento, pasando de ser pequeñas fotos que se portan sobre el cuerpo, a ampliaciones en la manifestación (como pancartas) hasta llegar a los recordatorios del periódico Página/12 (Longoni, 2010). La persistencia y transformación de esos actos y objetos termina integrándolos al repertorio del que también se nutre el escrache, sea para continuarlo o para funcionar como contrapunto.
Podríamos decir que, tanto las siluetas como las fotos, se encuentran todavía en una instancia de la representación de los desaparecidos, relacionadas a una necesidad y visibilidad de los hechos, a darles un rostro, una densidad numérica, una presencia en el espacio público y, por ende, en el discurso sobre lo público. El escrache se integra, entonces, en esta trama de pañuelos, rondas, marchas, siluetas y otras marcas en la calle. Pero parte de una diferencia radical: ya no es una estrategia de representación sino de señalamiento. No pone el foco en las víctimas sino en los victimarios y sus cómplices. Las herramientas visuales y artísticas giran en torno a dos aspectos fundamentales: el primero es redirigir la atención hacia la logística del terrorismo de estado, sea por sus operadores (represores y cómplices) como por la huella en los espacios hoy cotidianos (Aquí viven genocidas, Alerta vecino…, Acá están estos son los asesinos de ayer y hoy, o la señalización de ex CDD) y el reclamo de justicia (sea Juicio y castigo, Cárcel común y efectiva o la condena social). Y el segundo es mantener el carácter festivo y carnavalesco (la murga, el color del despliegue visual, la producción de muñecos y marionetas).

Los escraches a genocidas (y, en menor medida, a centros clandestinos de detención) en La Plata, fueron impulsados desde HIJOS La Plata,desde 1995. A partir de 2003, el escrache deja de tener a HIJOS LP como único enunciador y generador al conformarse la Mesa de Escrache Popular: un espacio de trabajo local en red con organizaciones sociales diversas (centros culturales, centros de estudiantes, murgas, asambleas, etc.), privilegiando el trabajo barrial y articulado entre organizaciones, en lugar de la masividad de la movilización-escrache.
En primer lugar, es necesario conocer las características de las organizaciones a fin de comprender las particularidades de su conformación, identidad y modos de hacer. Y, en el caso de HIJOS LP, también de la particular articulación entre arte y política, en la que las prácticas de activismo artístico suceden sin definirse como producciones artísticas ni desde tradiciones de este campo. HIJOS LP también se va configurando en redes, las de la militancia política y también la de afectos, y esa perspectiva aporta a la incorporación de la murga a los escraches. La estrecha relación entre los escraches a represores y CCD, la segunda desaparición de J.J. López y las movilizaciones por aniversarios del Golpe Militar y la Noche de los Lápices hablan de un entramado de luchas y reclamos propio de esta ciudad y su historia reciente. Pero también aparece otra trama, producto de la articulación entre HIJOS LP y la MEP con colectivos y productores culturales. Sin caer en una distinción entre organizaciones políticas y organizaciones artísticas como modos de producción opuestos (o al menos, diferenciados ontológicamente) ni rastrear autorías o rasgos estilísticos, las prácticas artísticas locales van delineando modos de hacer e, incluso, estéticas particulares.
La distancia entre HIJOS LP y la Red Nacional, y su caracterización como regional radicalizada, nos permiten comprender el posicionamiento político evidenciado en algunas de sus recursos visuales (la justicia como tortuga, la caracterización del gobierno kirchnerista como cómplice del silencio en el caso de López, etc.) y dan cuenta de una postura crítica respecto de las políticas de DDHH de los gobiernos del Frente Para la Victoria, que se continua en la MEP.
De esta manera, los recursos comunes (la señalización vial, la pintura roja estallando sobre el domicilio escrachado) se articulan con estrategias artísticas locales, como la quema de muñecos de fin de año. No es nuestra intención señalar originalidades respecto de copias, ni autorías que diseccionen las prácticas, sino dar cuenta de modos de hacer que se van configurando, sin perder de vista que se encuentran completamente imbricadas en una trama de militancia y coyuntura política local.




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* Pérez Balbi
Facultad de Bellas Artes- Universidad Nacional de La Plata FBA/UNLP. La Plata, Argentina