Tras una sucesión de femicidios a lo largo del año 2015 en la Argentina, el crimen de Chiara Páez, se constituyó en el detonante (Rovetto 2015) de un proceso de movilizaciones bajo la consigna Ni Una Menos, que cruzó las fronteras y se instaló en distintos países de América Latina. El interés de este trabajo es analizar el fenómeno desde la óptica de la politización como proceso de configuración de arenas públicas que se da a través de la categorización (Cefai), la recualificación (Lagroye), la generalización (Bolstanki) y/o el despliegue de un problema (Barthe), y que lo coloca en la esfera de lo político (PNUD Chile 2015; Morales y Reynares 2012). Y al mismo tiempo, capturar su dimensión transnacional, es decir los procesos de difusión horizontal y vertical (Tarrow 2005, Roggeband 2010) de la cuestión, poniendo especial atención en aquellas formas de difusión y significación del problema, que se dan a partir de las redes sociales y que constituyen una suerte de prácticas y dinámicas transnacionales de politización de la cuestión.
Desde una propuesta teórico-analítica que combina la sociología de los problemas públicos, las teorías de la acción colectiva transnacional y los estudios recientes sobre tecnopolítica, sostengo que las movilizaciones Ni Una Menos produjeron un proceso de politización transnacional del femicidio en la región latinoamericana. A través de una convergencia y sinergia de dinámicas nacionales y transnacionales de politización, el femicidio o feminicidio re-enmarca y actualiza la lucha contra la violencia de género, generando y revitalizando arenas públicas de disputa en todo América Latina.
Este proceso de politización inició en Argentina, con el tuit de una periodista: “Actrices, políticas, artistas, empresarias, referentes sociales ... mujeres, todas, bah.. no vamos a levantar la voz? NOS ESTAN MATANDO”. A partir de este llamado de atención, un grupo de escritoras, periodistas e intelectuales convocaron a una marcha a través de las redes sociales bajo la consigna “Ni Una Menos”. En pocas horas se viralizó, llegó a los medios de comunicación nacionales e internacionales y abrió un ciclo de movilizaciones en contra del femicidio en distintos países de Latinoamérica. La primera manifestación tuvo lugar en Argentina el 3 de junio de 2015 con una participación de aproximadamente 200 mil personas frente al Congreso de la Nación y movilizaciones en 120 ciudades de todo el país.
“A lo largo del mes de mayo se irían sumando cientos y cientos de personalidades, instituciones y organizaciones a través de la publicación de una selfie promoviendo la movilización y la consigna” (Annunziata et. al. 2016, 50). Colectivos de mujeres pro y contra el aborto por primera vez coinciden en un espacio de lucha, organizaciones de derechos humanos, artistas y figuras reconocidas en el ámbito de la cultura, del deporte, líderes de todo el arco político, incluso personajes televisivos acusados de reproducir la cosificación de la mujer a través de sus programas, publican en sus redes fotos con la consigna #NiUnaMenos. “La movilización implicó demandas que se dirigieron tanto hacia el accionar del Estado en todos sus niveles como hacia la sociedad civil en pos de generar un cambio cultural para erradicar la violencia hacia las mujeres” (Cabral y Acacio 2016, 181).
Los países vecinos adhirieron a la convocatoria el mismo 3 de junio con movilizaciones en 8 ciudades de Chile y 15 departamentos de Uruguay, con la participación de alrededor de 8 mil personas en este último (lo que representa un número muy alto para las movilizaciones en ese país). Las repercusiones en las redes sociales alcanzaron a toda América Latina, EEUU, Europa y África.
A partir de ese momento las movilizaciones bajo la consigna de #NiUnaMenos se replicaron en países de América Latina y Europa. En cada lugar los procesos colectivos siguieron distintas trayectorias, surgieron colectivos y organizaciones de mujeres, grupos y plataformas en redes sociales, se consolidaron redes de organizaciones bajo esa consigna. A través de un relevamiento en redes sociales y medios de comunicación latinoamericanos se identificaron acciones y organizaciones bajo la consigna Ni Una Menos en Chile, Uruguay, Brasil, Paraguay, Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia, Costa Rica, Guatemala, México y República Dominicana. En Europa se observaron fuertes repercusiones en Italia, en donde se conformó un colectivo denominado “Non Una Di Meno”, y España, donde se registran múltiples acciones bajo esa consigna. También se pudieron relevar actividades con la consigna Ni Una Menos en Francia, Austria, Rusia, Bélgica, Corea del Sur, Polonia, Irlanda y Escocia.
El fenómeno de movilizaciones Ni Una Menos, es un proceso aún reciente, se encuentra en un momento embrionario de configuración y cuenta con muy pocos estudios. Sin embargo, se pueden distinguir con claridad, al menos, dos procesos que convergen en su interior: uno de politización del problema del femicidio y otro de difusión transnacional del mismo.
La violencia contra las mujeres y el femicidio o feminicidio, no son problemas nuevos en América Latina ni en el mundo. Desde la década de los 60 la violencia de género comienza a ser problematizada públicamente en Europa y Estados Unidos (Cabral y Acacio 2016). “El concepto de femicidio fue acuñado y difundido por Diana Russell, en 1976, en el marco del Primer Tribunal Contra Crímenes en Contra de las Mujeres” (Cabral y Acacio 2016).
En América Latina las pioneras en esta lucha fueron las organizaciones de mujeres de México en torno a los asesinatos de mujeres en la zona de frontera con EE.UU., especialmente en Ciudad Juárez. En torno a ello Marcela Lagarde (2004) (retomando los aportes de Russel) define el término de “feminicidio” incorporando la responsabilidad del Estado en el mismo. Por su parte en Argentina, la lucha contra la violencia hacia las mujeres tiene eco en las organizaciones de derechos humanos y de mujeres durante el proceso de recuperación democrática en la década de los 80 (Cabral y Acacio 2016).
Sin embargo, es con el fenómeno de movilizaciones Ni Una Menos que el término de femicidio o feminicidio adquiere mayor visibilidad y se propone, a priori, como un nuevo marco (y cita el pie) para el problema de la violencia de género. Detrás de la lucha contra el femicidio, como expresión extrema de la violencia hacia las mujeres, se albergan una batería de reivindicaciones e interpretaciones y conexiones de sentido que varían según los procesos de politización en cada país.
En este sentido, el fenómeno genera muchos interrogantes: ¿por qué y cómo se dio un proceso de politización o repolitización de este problema? ¿Implica una recategorización (Cefai 2011) de la violencia de género en torno al femicidio? ¿Cómo se define y que implica la lucha contra el femicidio? ¿Qué disputas de sentido se dan en la arena pública? ¿Cómo es que los públicos (Cefai 2011) se presentan tan amplios y heterogéneos? ¿Qué reivindicaciones recoge la consigna Ni Una Menos? ¿Cuáles son las repercusiones transnacionales de la lucha bajo la consigna Ni Una Menos? ¿Estamos frente a un fenómeno de difusión transnacional de la acción colectiva en los términos de Tarrow (2005), de activación de las redes de activistas ya existentes en torno a este problema (Khagram, Riker y Sikkink 2002), o podemos hablar quizás de un proceso de politización transnacional?
En estas líneas se intenta dar cuenta de estos interrogantes a partir de la reconstrucción del proceso de politización del femicidio y de difusión transnacional de la lucha, circunscribiendo la investigación a la región latinoamericana en tanto es principalmente allí dónde se registran acciones y colectivos de lucha bajo la consigna Ni Una Menos. Al mismo tiempo, la propuesta delimita el estudio de la trayectoria de politización en Argentina, como país en el cuál surge la consigna; el análisis de las dinámicas y formas de difusión transnacional del fenómeno en América Latina; y el estudio del proceso de politización del problema en Ecuador como uno de los países que entra en interacción con estas dinámicas transnacionales de politización del femicidio.
La investigación de este fenómeno de movilizaciones abordada desde la noción de politización y de acción colectiva transnacional puede constituir un aporte tanto para la teoría acerca de los procesos de politización y de transnacionalización de problemas públicos, como también una contribución para los escasos estudios acerca de la violencia de género y especialmente del femicidio desde la perspectiva de la sociología política en América Latina. En términos más concretos esta investigación permitiría conocer y dimensionar la importancia y magnitud de estos procesos socio-políticos que se dan en torno a la cuestión de género en la sociedad latinoamericana.