El tema de la participación ciudadana es hoy en día muy estudiado, la sociedad entendida ya no sólo como partidos políticos, sino como el conjunto de organizaciones, que demandan, que están en la lucha por incidir en las decisiones públicas. Cabe mencionar que siempre ha existido la manera de incidir en decisiones públicas por medio de partidos políticos, por medio de sindicatos, pero ahora hay nuevas formas de organización civil, cuyo objetivo es tener incidencia en la toma de decisiones. Dos grandes organizaciones: partidos políticos y sindicatos entre 1970 y 1980 empiezan entrar en crisis de representatividad, esto abre paso a que aparezcan nuevas formas de organización, con objetivos de menor alcance, con una naturaleza que no se ve de manera inmediata ligada a la lucha de clases.
En la disciplina de las políticas públicas se encuentra presente la participación ciudadana, como un elemento importante de análisis y en la construcción de las mismas. Las organizaciones de la sociedad civil se convierten en mecanismos para incidir o para tener impacto en decisiones de gobierno, esta relación Estado-sociedad civil no está avocada a la transformación del Estado, está orientada a transformar en asuntos de interés público, es más una relación gobierno-sociedad civil, esta relación tiene que ver con la gestión pública, fundamentalmente con la ejecución de política pública. Se puede observar la presencia de la democracia participativa, es una relación que cobra importancia, aunque se observa limitada.
Por otro lado el sector no lucrativo es en todo el mundo una fuerza económica importante más de lo que se cree ( un sector de 1,1 billones de dólares); existen diferencias en el tamaño general como en la composición de dicho sector entre los distintos países; que la filantropía tiene un papel menos significativo en su financiación que las cuotas o que el sector público; y que en años recientes el sector ha crecido considerablemente en la mayoría de los países sobre los que se dispone de datos.
El sector no lucrativo mexicano se manifiesta como un contribuyente relativamente modesto, en las décadas de los 1980 y 1990 el sector no lucrativo comenzó a proliferar no sólo para llenar estos vacíos existentes en relación a la prestación de servicios, sino también para exigir un lugar en la mesa sobre la que se deciden los programas y las políticas sociales. Aunque los resultados de México están por debajo de la media mundial se observa una tasa positiva de crecimiento de este sector.
Por su lado Bresser y Cunill (1998) para distinguir características de la sociedad civil consideran una reconceptualización de lo público, que ya no se concibe únicamente como propio del Estado, hay una ampliación de lo público, hay un más allá, lo que da lugar al tercer sector, es un concepto no muy desarrollado. Implica también control social, un ejercicio puntual de rendición de cuentas, de cómo se realiza el control social.
Un aspecto relevante del análisis institucional lo observa Zicarddi (2004) donde expone que los diseños que existen no son adecuados, falta creatividad en el diseño de los mecanismos de participación ciudadana y hace una diferenciación entre los instrumentos. El deseo por la participación ciudadana, se da de manera dispersa y limitada. Y enfatiza que las organizaciones de la sociedad civil no sienten que tienen que ser sujetos de rendición de cuentas, esto plantea que se tiene una sociedad débil en ciertos puntos.
En lo que se refiere a la eficiencia del tercer sector y como menciona Thompson (2001:52) estas organizaciones de la sociedad civil tienen capacidad para hacer política de una manera diferente y en México son “las portadoras de una nueva cultura política frente a la capacidad del sistema político de dar respuesta a las demandas sociales”, de igual manera resalta el papel que juegan en el alivio de los problemas sociales que el mercado trae consigo y también resalta su carácter de lo no distributivo del lucro y que colocan en el centro de la escena social a la gente, características esenciales y que distinguen este sector, finalmente el mismo autor refiere que el reto está en fortalecer y desarrollar estas instituciones.
La evaluación para estas instituciones que como determinan Herrera, León & et al. (2006:67) “es necesario introducir mecanismos para evaluar con objetividad e independencia estas organizaciones, lo que sin duda exige desarrollar modelos que nos permitan valorarlas para facilitar la toma de decisiones y elaborar propuestas de cara a ofrecerles una asistencia técnica y formativa ajustada a sus necesidades”.
En lo que corresponde a la evaluación en el campo de los programas sociales, Iglesias en su prólogo al trabajo de Cohen y Franco (1992:11) destaca la importancia de la evaluación en el sector social y expone que “las decisiones en esta área suelen ser tomadas con las mejores intenciones de atender las necesidades de una determinada población, pero suelen carecer del correspondiente análisis técnico de las alternativas para seleccionar la más eficaz para el logro de los objetivos buscados y más eficiente en la utilización de los recursos que se destinarán”, de igual manera enfatiza la necesidad urgente de que en este campo se procure la instauración de técnicas de evaluación de políticas, programas y proyectos.
Díaz, Marcuello & Marcuello (2012) en su investigación realizada para Europa y Estados Unidos, consideran que la relevancia que las empresas sociales han tenido hace que se enfrenten a la necesidad de presentar sus resultados mostrando cuál es su impacto social y económico. En el estudio de estos autores se propone debatir si los métodos de evaluación son utilizables de manera genérica en distinto tipos de organizaciones, ya que las organizaciones de la sociedad civil que emerge ahora tiene características distintas como exponen Cohen y Arato.
Se identifican avances en los modelos de evaluación para las organizaciones sociales en México, sin embargo aún hay deficiencias principalmente que las evaluaciones tomen en cuenta las características específicas de las organizaciones de la sociedad civil que se ocupan de lo público no estatal para que su impacto en el fortalecimiento de los agentes de la democracia sea realmente medible.